
Un informe alertó sobre la pérdida de derechos, el debilitamiento sindical y una transferencia millonaria de recursos del trabajo al capital, en el marco de una reforma que reconfiguró el mundo laboral argentino.
Por Florencia Belén Mogno.
Durante los últimos meses, el debate sobre el mundo del trabajo volvió a ocupar un lugar central en la agenda pública, atravesado por reformas que redefinieron el vínculo entre el Estado, los empleadores y los trabajadores.
En un contexto de ajuste fiscal, caída del poder adquisitivo y aumento de la informalidad, las modificaciones en la legislación laboral se presentaron como una herramienta para “modernizar” el empleo, aunque sus consecuencias despertaron fuertes cuestionamientos desde distintos sectores sociales, sindicales y académicos.
En ese contexto general se inscribió el informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), al que accedió Diario NCO, donde se analizó en profundidad el impacto de la reforma laboral reciente y sus implicancias económicas, sociales y fiscales.
El documento estructuró su abordaje en distintos ejes, entre ellos la pérdida de derechos laborales, el debilitamiento del sistema sindical, la transferencia de recursos del trabajo al capital y los cambios impositivos asociados al nuevo esquema normativo.
Análisis profundo del mercado laboral
Según el reporte, uno de los aspectos más relevantes de la reforma fue la reducción de las contribuciones patronales destinadas al financiamiento de las obras sociales sindicales. Esta medida generó un ahorro patronal estimado en 679 millones de dólares anuales, mientras que el costo fiscal total de la reducción de contribuciones ascendió a 2.070 millones de dólares por año.
De este modo, el relevamiento elaborado por CEPA señaló que el Estado resignó recursos significativos en favor de los empleadores, sin garantizar una mejora sustancial en la calidad del empleo.
El documento también advirtió sobre la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL), financiado con el tres por ciento de la masa salarial bruta. Este fondo se diseñó para cubrir despidos y fue compensable con contribuciones patronales, lo que redujo los recursos destinados a jubilaciones, PAMI y asignaciones familiares. En términos concretos, el informe señaló que esta medida implicó una reasignación de fondos desde el sistema de seguridad social hacia un esquema que facilitó la desvinculación laboral.
Ampliación de las estadísticas
Otro de los puntos destacados fue la implementación del Régimen de Incentivo a la Formalización Laboral. Para las nuevas contrataciones, los empleadores pasaron a pagar solo el ocho por ciento de contribuciones patronales, porcentaje que incluyó el aporte al FAL.
En sintonía, el estudio indicó que esta reducción profundizó la lógica de competencia salarial a la baja y consolidó un modelo de empleo con menor protección social para los trabajadores incorporados bajo este régimen.
Por otra parte, el informe también analizó el programa de “Promoción del Empleo Registrado”, que en la práctica funcionó como un nuevo blanqueo laboral. Este esquema contempló amplias amnistías fiscales, previsionales y penales, que incluyeron la extinción de la acción penal tributaria y la condonación de infracciones, multas y sanciones.
Según el documento, estas medidas beneficiaron principalmente a los empleadores incumplidores, sin reparar el daño previo sufrido por los trabajadores afectados por la informalidad.
Abordaje socioeconómico nacional
En el plano impositivo, el estudio señaló que la reducción de la alícuota del Impuesto a las Ganancias para Sociedades tuvo un costo fiscal estimado en 2.279 millones de dólares anuales.
De ese total, 2.099 millones beneficiaron a 15.474 empresas grandes, lo que evidenció una fuerte concentración del beneficio. Para las provincias, esta decisión implicó una merma promedio del 2,7 por ciento en los recursos coparticipables, afectando sus finanzas y su capacidad de intervención social.
Asimismo, el informe remarcó la eliminación de impuestos internos aplicados a bienes suntuarios utilizados por los sectores de mayores ingresos, como embarcaciones, aeronaves y objetos de lujo. Esta medida representó un costo fiscal adicional de 334 millones de dólares anuales, profundizando el sesgo regresivo del esquema tributario y reduciendo aún más la progresividad del sistema.
A lo largo de su desarrollo, el documento sostuvo que el conjunto de estas políticas configuró una transferencia millonaria de recursos desde el trabajo hacia el capital, acompañada por un debilitamiento estructural de la negociación colectiva y del derecho a huelga. Según el análisis, lejos de generar empleo de calidad, la reforma consolidó un modelo de precarización laboral con mayor desigualdad y menor protección social.
Finalmente, el informe propuso una serie de alternativas orientadas a fortalecer el empleo registrado, mejorar la distribución del ingreso y recuperar el rol del Estado como garante de derechos. Desde esta perspectiva, el documento planteó la necesidad de repensar el mundo del trabajo desde una lógica inclusiva, que priorizara el desarrollo productivo con justicia social y no la reducción de costos a expensas de los trabajadores.
Fuente fotografías: Centro de Economía Política Argentina.
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