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Complejo vitivinícola argentino: análisis de la caída del mercado interno

Vitivinícola. Análisis de la caída del mercado interno.
Vitivinícola. Análisis de la caída del mercado interno.

El sector enfrenta una contracción marcada en el consumo interno y las exportaciones, mientras las importaciones y la concentración productiva plantean nuevos desafíos para su sostenibilidad.

Por Florencia Belén Mogno

La vitivinicultura argentina, tradicionalmente considerada un motor económico y cultural de provincias como Mendoza y San Juan, atraviesa un período de fuerte ajuste. La combinación de recesión, pérdida de poder adquisitivo y encarecimiento del financiamiento impactó de manera directa en el consumo interno, y provocó un retroceso sostenido que amenaza la estabilidad de los pequeños y medianos productores.

A su vez, los cambios en los hábitos de consumo, con una mayor preferencia por variedades específicas y la competencia creciente de otras bebidas, muestran que las estrategias históricas del sector deben ser revisadas para adaptarse a un mercado cada vez más exigente.

En ese sentido y según datos a los que accedió Diario NCO, publicados en un informe elaborado por el Centro de Economía Política Argentina (CEPA, en agosto de 2025 el volumen total de vino despachado al mercado interno cayó 17,1 por ciento interanual, mientras que el consumo per cápita retrocedió 18,3 por respecto de agosto de 2024.

Análisis del contexto

Paralelamente a la situación local, la inserción internacional del vino argentino enfrenta obstáculos significativos desde las barreras logísticas, los costos productivos elevados y la valorización relativa del precio local en dólares afectaron la competitividad externa, provocando caídas en las exportaciones y limitando la capacidad del país para mantener su presencia en mercados estratégicos.

En ese aspecto, este contexto evidencia la necesidad de políticas que contemplen tanto la promoción de la exportación como el equilibrio de la competitividad frente a los productores de la región.

El sector también muestra un fuerte proceso de concentración productiva y comercial. La disminución de hectáreas cultivadas y de viñedos, junto con la concentración del fraccionamiento y la elaboración del vino en un número reducido de bodegas, evidencia un retroceso de los productores más pequeños y una creciente homogeneización territorial y social.

Esta dinámica genera desafíos para la diversidad productiva y para la sostenibilidad del entramado laboral vinculado a la vitivinicultura, especialmente en un país históricamente exportador.

Desempeño reciente y tendencias del mercado

Según el informe facilitado a este medio, si bien el acumulado enero–agosto mostró una baja menor (-3,5%), esta se explica por una base de comparación baja tras la recesión de comienzos de 2024. La caída refleja el impacto del ajuste fiscal, la megadevaluación y la pérdida del poder adquisitivo, que redujeron la capacidad de consumo de los hogares.

Asimismo, entre enero y agosto de 2025, las exportaciones de vinos y mostos disminuyeron 8,4% interanual, con caídas más pronunciadas en el vino color (-9,8%) y en el vino a granel (-11,9%).

Este desempeño negativo estuvo asociado al atraso cambiario, los elevados costos logísticos y productivos y el encarecimiento relativo de los precios locales en dólares, lo que limita la inserción internacional del sector. En paralelo, las importaciones de vino crecieron un 415% interanual en 2024, alcanzando 45.971 hectolitros, con predominio del vino a granel proveniente de Chile, reflejando la pérdida de competitividad del producto nacional.

El análisis histórico indica que entre 2015 y 2024 Mendoza perdió 16.864 hectáreas de vid (-10,6%) y 1.576 viñedos, principalmente de pequeña escala. Hoy, el 7,4% de los establecimientos más grandes concentra casi la mitad de la superficie cultivada, evidenciando una fuerte concentración productiva.

La elaboración y fraccionamiento de vino se concentra en pocas bodegas, mientras los productores más pequeños enfrentan crecientes dificultades para sostener su actividad, lo que reduce la diversidad territorial y social del complejo vitivinícola y profundiza las asimetrías dentro de la cadena de valor.

Desafíos para la recuperación del sector

Por otra parte, los expertos consultados en informes recientes sostienen que la recuperación del sector requiere mejorar los ingresos reales, garantizar financiamiento accesible y sostener un tipo de cambio competitivo.

Además, políticas activas que aseguren precios de referencia y rentabilidad mínima resultan claves para preservar el entramado productivo y el empleo asociado a la vitivinicultura. La recomposición de la demanda y la rentabilidad del sector se presentan así como desafíos estratégicos para sostener una industria que combina tradición, cultura y relevancia económica.

Fuente fotografías: CEPA

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