Número de edición : 9036

Cultura

La educación sentimental de los adolescentes de los noventa

Leticia Pogoriles
“Los años felices”, la primera novela de Sebastián Robles, es un relato iniciático de corte autobiográfico que tiene como telón de fondo los años 90 y su paradigma cultural, y muestra en paralelo el derrumbe del país con las vivencias de un grupo de adolescentes de clase media de Villa Ballester.

Eric, la potente, ingenua y carismática voz narradora, junto a sus tres amigos (Diego, Rodrigo y Hernán) se embarcan en conflictos adolescentes en esta especie de “bildungsroman” (novela de aprendizaje) escrita en capítulos cortos y centrada en elementos contundentes de la cultura de la época: la música grunge, la noche en Cemento, los primeros shoppings y la rivalidad radial de Rock and Pop versus FM Hit.

Todo este combo se unirá en forma tan humorística como trágica al crecimiento -y la educación sentimental, define su autor- que implican la torpeza de los primeros encuentros sexuales, la noche en los boliches, esas vacaciones con amigos en playas estridentes, las peleas inútiles con los padres y las tardes en el barrio, “horas perdidas entre charla y escabio”.

El libro “Los años felices”, editado por el sello Pánico el pánico, es hijo natural del blog que creó Robles en 2008: decadadelnoventa.blogspot.com, donde durante un año y medio subió religiosamente un post por día.

Sin pensar que estas pequeñas historias atravesarían el camino inverso a la tendencia actual donde el e-book se impone, aunque sin la interacción del lector, esta vez su blog se convirtió en una novela en papel.

“Si bien hay casos muy conocidos como los relatos de Hernán Casciari o `Ciega a Citas` de Carolina Aguirre, a la mayoría ni se le cruzaba por la cabeza que un blog podía ser utilizado como medio para relatar una ficción. Simplemente lo leían buscando sentirse identificados”, dice Robles, que rompió con el tono de diario íntimo verosímil y llegó a tener 500 visitas por día.

“¿Cómo narrar una época sin olvidar que la odié profundamente pero también la amé en secreto?” se preguntó este guionista de 33 años, oriundo de Ballester y fanático de la ciencia ficción, sobre los años que marcaron sus consumos, sus gustos, sus amores y las lealtades.

“Por un lado, estaba el discurso -con el que coincido- de que los 90 fueron una década infame. Por otro, me parecía que ese discurso era insuficiente y tenía que agregarle algo más. Al principio, los post eran muy cínicos y amargos, pero luego me fui encariñando con los personajes, empecé a rescatar cosas de la época que tenía bloqueadas, y sobretodo, deje de ver lo apolítico de los protagonistas”, cuenta en diálogo con Télam.

Esa noción de liviandad fue lo que el autor intentó resignificar: “A esa superficialidad traté de encontrarle lo perdurable, de transformar todo eso que me parecía una estupidez en algo digno de recordar y de contar, en definitiva, de reconciliarme con eso”.

El tono autobiográfico de la novela se sustenta en que su propia adolescencia fue “aburrida”. “Muchas de las cosas que viví fueron a través del cine como la película `Cuenta conmigo` y la saga `Volver al futuro`, los libros de Stephen King y las series de televisión más que de la propia experiencia. El libro es la adolescencia que me hubiera gustado vivir, no la real”, ilustra pensativo.

Incluso “Los años felices” le impuso un ejercicio de vuelta al pasado. Robles, vía youtube, viajó para rememorar programas como “Montaña rusa”, que legó actores como Nancy Duplaá y Gastón Pauls y “Quereme”, un tristemente célebre envío creado por Cris Morena, para componer muchos de los “conflictos estúpidos” de la época.

“Creo que es necesario un período de negación de todo eso para después encontrártelo de nuevo, pero en su verdadera dimensión. Sino fuera así es que tenés una relación muy ingenua con el pasado”, enfatiza.

“Fue divertido fingir una autobiografía con situaciones de la propia vida pero más exacerbadas. Para mí, fue un chiste tomar ese material y escribirlo. Fundamentalmente, me reí mucho”, aclara.

“Acordate, no todo fue tan malo”, le dice Diego al protagonista unos años después como una sutil manera del autor de exorcizar esa década, “trágica para el país y más trágica para alguien en plena adolescencia”.

“Recién a raíz del libro estoy empezando a digerir el impacto de esos años en mi vida. Los 90 fueron de corte, marcaron un antes y después. En ese momento estaba la sensación de que el futuro era oscuro e incierto, el único horizonte posible era la desocupación y, a nivel literario, no tenía referentes claros”, relata Robles.

Justamente esa “orfandad es la que te obliga a definirte, yo soy el que durante los noventa consumió estos libros, estas películas, estas series y eso es lo que me constituye como escritor”.

“Es esa felicidad que te da ser huérfano y saber que podes valerte por tus propios medios”, remata.

Signo de toda una generación que hoy sobrevuela los treinta y pico, Robles vendió sus libros más rápido de lo que pensaba, de hecho en librerías porteñas como Eterna Cadencia estuvo al tope de ventas en el verano.

“Es bastante posible que la novela tenga un dejo amargo, pero yo tenía la sensación de que mi adolescencia había sido una época muy amarga, los 90 lo fueron. Escribir este libro fue sacarme esa amargura y probablemente mucha gente se sintió identificada”, concluye.

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