Otras 23 personas murieron este domingo en Siria, un día después de que el Consejo de Seguridad de la ONU fracasó en su intento de aprobar una resolución impulsada por países árabes y occidentales para frenar la represión ordenada por el presidente Bashar Al Assad, debido al veto de Rusia y China.
Los Comités de Coordinación Locales precisaron en su página web que los fallecidos, entre los que se encuentras dos niños y una mujer, son tres de Damasco, otros tres de Idlib y 16 de la central Homs, bastión de la oposición, donde ayer ocurrió la mayor masacre desde que comenzó la revuelta en Siria hace 11 meses, al morir al menos 300 personas.
El veto de Moscú y Beijing a una resolución contra Damasco que condenaba la violencia, exigía el fin de la represión y apoyaba un plan de la Liga Arabe para facilitar una transición política sin demandar la renuncia de Al Assad, generó reacciones entres los país que votaron a favor: Estados Unidos, Reino Unido y Francia, los diez miembros no permanentes del Consejo.
“Están evitando (…) que la intervención del Consejo de Seguridad traiga una solución pacífica a esta tragedia. Esos dos países tienen una horrible responsabilidad a los ojos del mundo y del pueblo sirio”, dijo el ministro de Exteriores francés, Alain Juppé.
Francia redoblará sus esfuerzos, añadió el canciller galo, y prometió “nuevas iniciativas en apoyo de los sirios en su justa lucha por la libertad y la democracia”, informó la agencia DPA.
Siria, un país con fuertes lazos con Irán y clave en la estabilidad de Medio Oriente, logró esquivar una intervención internacional gracias a su alianza con Moscú, que provee de armas a Damasco, y que tiene en el país árabe su única base naval fuera de Rusia.
El primer fracaso del Consejo de Seguridad respecto de Siria fue en octubre último también por la oposición de Rusia y China, que tiene, según analistas, una razón que va más allá de sus intereses militares o comerciales: fijar una posición respecto de hasta dónde puede inmiscuirse el Consejo de Seguridad en el destino de un país.
Por ello, este no es el primer desacuerdo entre los países occidentales con Rusia y China: ya se enfrentaron el año pasado por la ofensiva sobre Libia, cuyo gobierno liderado por Muammar Kaddafi, fue el tercero en caer en 2011, después del de Túnez y del de Egipto.
El veto de Beijing y Moscú a una resolución de condena a la violencia en Siria causó indignación en la Conferencia de Seguridad de Múnich, donde el primer ministro de Túnez llamó hoy a cerrar todas las embajadas sirias en el mundo árabe y expulsar a sus titulares.
“Tenemos que expulsar a los embajadores sirios de los países árabes”, demandó Hamadi Jebali, cuyo gobierno anunció el sábado la salida de los diplomáticos sirios del país árabe.
“El pueblo sirio no espera más declaraciones y condenas.
Están esperando hechos”, urgió el gobernante tunecino.
Jebali rechazó los argumentos de Rusia de respetar la soberanía de Siria: “Cuando un régimen mata a su pueblo, ¿podemos hablar de soberanía como argumento? ¿Puede la soberanía ser una razón para que el régimen haga lo que quiera?” El ministro de Cooperación Internacional de Qatar, Jalid Mohamed al Attiyah, calificó el bloqueo de un nuevo borrador de resolución contra Siria de “licencia para matar”.
“Eso era justamente lo que temíamos, que los rusos y los chinos se opusiesen a cualquier señal crítica hacia Al Assad, lo que se interpreta como una licencia para matar”.
Por su parte, la periodista y Nobel de la Paz yemení Tawakkul Karman fue también tajante con Rusia y China: “Los dos países apoyan el régimen criminal de Bashar al Assad”.
Desde que comenzó la revuelta siria hace 11 meses, la represión de las fuerzas de Al Assad mataron a unas 6.000 personas, según Naciones Unidas, “En Siria, la población quiere dejar atrás un régimen que gobernó durante décadas y construir una democracia, señaló Karman, que pertenece al movimiento democrático en Yemen que luchó para derrocar al presidente Ali Abdullah Saleh, que renunció al poder a cambio de inmunidad.
El ministro de Exteriores de Egipto, Mohammed Amr, llamó al “fin de la sangría”, mientras que su par turco, Ahmet Davutoglu, lamentó el bloqueo: “Vamos a pagar por ello”.
Davutoglu aseguró protección a todos los sirios que se refugien en su país huyendo de la violencia. “Aún cuando todos los sirios se pasen a Turquía, les daremos la bienvenida en nuestras casas”.
El director de la organización de derechos humanos Human Rights Watch, Kenneth Roth, calificó de “vergonzoso” el veto de Rusia y China y sostuvo que el Consejo de Seguridad ha perdido con ello su propia relevancia.
En tanto, activistas árabes iniciaron hoy una campaña a favor del boicot económico contra Rusia y China, en reacción al veto.
Los Hermanos Musulmanes jordanos y jóvenes “revolucionarios” de la ciudad libia de Bengasi, entre otros, llamaron al boicot de productos chinos y rusos.
Para dar a conocer la campaña, algunos activistas fundaron un grupo en la red social Facebook, bajo el nombre “Boicot a Rusia y China hasta que respeten los derechos humanos en todos los Estados”.