Edición N° 9151
GBA

En el Conurbano, siete de cada diez hogares redujeron el consumo de alimentos básicos por falta de ingresos

Consumo de alimentos básicos y falta de ingresos.
Consumo de alimentos básicos y falta de ingresos.

Un relevamiento realizado en barrios bonaerenses reveló que el 77 por ciento de las familias dejó de consumir productos esenciales como carne, lácteos, frutas y verduras.

Por Florencia Belén Mogno

La evolución de los precios suele ocupar un lugar central en el análisis de la situación económica. Sin embargo, más allá de los indicadores generales, existen múltiples variables que permiten observar cómo impactan las transformaciones económicas en la vida cotidiana de la población. Entre ellas, el acceso a los alimentos constituye uno de los aspectos más sensibles para medir el bienestar de los hogares.

En los últimos meses, distintos informes mostraron una desaceleración de la inflación en comparación con los niveles registrados durante períodos anteriores. No obstante, la reducción en la velocidad de los aumentos no necesariamente implicó una mejora inmediata en las condiciones de vida de las familias, especialmente en los sectores de menores ingresos.

En este contexto, el deterioro acumulado del poder adquisitivo, la persistencia de salarios rezagados y el crecimiento del endeudamiento doméstico continúan condicionando las decisiones de consumo. Como consecuencia, numerosos hogares se ven obligados a reorganizar sus gastos y priorizar determinadas necesidades por encima de otras.

Según un relevamiento realizado por el Instituto de Investigación Social, Económica y Política Ciudadana (ISEPCI), al que accedió Diario NCO, el 77 por ciento de los hogares consultados en el Conurbano bonaerense afirmó haber dejado de consumir alimentos básicos como carnes, lácteos, frutas, verduras, cereales y legumbres debido a la falta de recursos económicos.

La alimentación como variable de ajuste

Los datos reflejaron que la desaceleración inflacionaria observada durante mayo no logró traducirse en una recuperación del consumo. De acuerdo con el informe, los productos incluidos en el Índice Barrial de Precios registraron un aumento promedio del 1,52 por ciento durante ese mes, una cifra inferior a la observada en períodos anteriores.

Sin embargo, el estudio señaló que el problema principal no se encuentra únicamente en la evolución de los precios actuales, sino en la pérdida acumulada de ingresos que enfrentan las familias. En ese sentido, el 86 por ciento de los hogares encuestados manifestó atravesar situaciones permanentes de estrés económico para llegar a fin de mes.

La necesidad de afrontar gastos corrientes mediante tarjetas de crédito, préstamos personales, compras financiadas o mecanismos informales de endeudamiento también apareció como una de las principales preocupaciones relevadas. Esta situación provoca que una parte significativa de los ingresos ya se encuentre comprometida antes de ser percibida.

Como consecuencia, muchas familias terminan reduciendo los recursos destinados a la alimentación para poder afrontar otras obligaciones económicas, entre ellas servicios básicos, alquileres o cuotas de financiamiento.

Los productos que más se encarecieron

El informe también analizó la evolución de distintos alimentos durante los primeros meses del año. Entre los productos de almacén, la leche acumuló un aumento del 25 por ciento, mientras que el azúcar registró una suba del 16,67 por ciento. Por su parte, el pan y las lentejas mostraron incrementos del 15,38 por ciento.

En el caso de las carnes, el aumento promedio alcanzó el 22 por ciento. Sin embargo, algunos de los cortes tradicionalmente considerados más accesibles registraron incrementos aún mayores. El espinazo acumuló una suba del 32,7 por ciento, mientras que la paleta se incrementó cerca del 30 por ciento. A su vez, el hígado y la carnaza presentaron aumentos cercanos al 25 por ciento.

La situación adquiere mayor relevancia si se considera que estos productos suelen formar parte de las estrategias de consumo de los sectores populares cuando otros cortes resultan inaccesibles. El encarecimiento de estas alternativas redujo aún más las posibilidades de sostener una dieta equilibrada.

Ingresos insuficientes y nuevas formas de vulnerabilidad

Uno de los aspectos destacados por el relevamiento fue que las dificultades alimentarias ya no afectan exclusivamente a personas desempleadas o con trabajos informales. Según el informe, la problemática alcanza también a trabajadores registrados, jubilados y familias que mantienen ingresos regulares pero que no logran compensar el incremento sostenido del costo de vida.

Durante mayo, una familia tipo necesitó 630.419 pesos para cubrir únicamente la Canasta Básica Alimentaria. En tanto, para afrontar la Canasta Básica Total, que incluye otros gastos esenciales como transporte, educación y servicios, se requirieron 1.418.443 pesos.

Estas cifras evidenciaron las dificultades que enfrentan numerosos hogares para satisfacer sus necesidades básicas y explicaron, en parte, la reducción del consumo de alimentos esenciales detectada por el estudio.

El avance de la inseguridad alimentaria

Entre los datos más preocupantes del informe apareció el referido a la cantidad de comidas diarias. El 66 por ciento de los hogares consultados afirmó haber eliminado al menos una comida por razones económicas.

La situación refleja un escenario que excede la discusión sobre la calidad nutricional de los alimentos consumidos. En muchos casos, las restricciones ya no implican solamente reemplazar determinados productos por otros más económicos, sino directamente reducir la cantidad de comidas realizadas durante el día.

De acuerdo con el documento al que accedió Diario NCO, la desaceleración inflacionaria constituye un elemento importante para estabilizar la economía, pero no alcanza por sí sola para revertir las consecuencias sociales acumuladas durante los últimos años.

Mientras los ingresos continúen perdiendo capacidad de compra y las deudas absorban una parte creciente de los recursos familiares, la recuperación económica seguirá teniendo un impacto limitado en amplios sectores de la población. En ese contexto, el acceso a una alimentación suficiente y saludable continúa siendo uno de los principales desafíos sociales que enfrentan los hogares del Conurbano bonaerense.

Fuente fotografías: redes sociales.

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