
El espacio funciona en un predio atravesado por la historia reciente argentina, donde operó el ex Centro Clandestino de Detención “Mansión Seré”. Hermann von Schmeling, trabajador de Derechos Humanos, repasó su significado y vigencia.
Por Florencia Belén Mogno
En el oeste del conurbano bonaerense, el partido de Morón alberga uno de los sitios más emblemáticos en la construcción de la memoria colectiva. Se trata de la Casa de la Memoria y la Vida, un espacio que articula políticas públicas, actividades educativas y acciones vinculadas a la promoción de los derechos humanos.
Ubicado dentro del predio conocido como Quinta Seré, en la localidad de Castelar, el lugar concentra una fuerte carga simbólica. Allí funcionó uno de los centros clandestinos de detención durante la última dictadura, lo que convierte al sitio en un punto clave para comprender la historia reciente y sus consecuencias en la sociedad.
En la actualidad, el espacio no solo conserva ese pasado, sino que lo resignifica a través de propuestas que buscan interpelar a las nuevas generaciones. A pocos metros de la Casa de la Memoria y la Vida, se encuentran los restos de lo que fue la Mansión Seré, también conocida como “Atila”, donde operó el aparato represivo.
En ese marco, Hermann von Schmeling, integrante del Colectivo de Organismos de Derechos Humanos de la Zona Oeste, trabajador de la Dirección de Derechos Humanos de Morón y familiar de personas desaparecidas, dialogó con Diario NCO sobre la historia y el presente del lugar.
En ese aspecto, expresó: “Tuvo mucho sentido que en este edificio que había sido construido años antes, en una gestión anterior, por un intendente llamado Juan Carlos Rousselot, empiece a funcionar la Dirección de Derechos humanos”.
Un predio atravesado por el terrorismo de Estado
La historia de Quinta Seré se remonta a mediados del siglo XX, cuando el terreno pasó a manos estatales. Sin embargo, su etapa más oscura comenzó poco después del inicio de la última dictadura, cuando fue cedido a la Fuerza Aérea y transformado en un centro clandestino de detención.
Allí se llevaron adelante secuestros, torturas y desapariciones en el marco del terrorismo de Estado desplegado en la región. Sobre ese período, von Schmeling remarcó que en ese lugar “se vulneraron los derechos de muchísimas personas”.
El funcionamiento del centro fue breve, pero su impacto perduró en la memoria social. En relación a esto, el entrevistado explicó: “Duró muy poco tiempo y sin embargo es uno de los más conocidos, porque en el año ‘78 hubo una fuga”, en referencia al escape protagonizado por cuatro detenidos.
Tras ese hecho, las fuerzas represivas desmantelaron el lugar. “Con los prisioneros que todavía quedaban, trasladarlos; algunos liberarlos; los otros ponerlos a disposición del poder ejecutivo nacional, legalizarlos como presos políticos; a otros llevarlos a otros centros y vaciar el lugar”, precisó von Schmeling.
Luego de ese proceso, la estructura fue incendiada y demolida, en un intento por borrar las huellas de lo ocurrido. Años más tarde, esos restos serían fundamentales para reconstruir lo sucedido en el marco de los juicios.
Del silencio al espacio público
Por otra parte y ya con el regreso de la democracia, comenzaron a gestarse distintas iniciativas para recuperar el predio. Sin embargo, durante algunos años el lugar tuvo un uso alejado de su historia, ya que se instaló allí un polideportivo municipal.
En ese contexto, se tomó la decisión de eliminar lo que quedaba de la estructura original. “Uno de los acuerdos para la instalación del polideportivo fue derribar las ruinas de la casona”, explicó von Schmeling.
El referente de Derechos Humanos local detalló cómo se llevó adelante ese proceso: “Se tira abajo, y literalmente se sepulta, se entierra; y arriba de los cimientos y de los restos de lo que fue la Mansión Seré, se instalan dos arcos de fútbol”.
Memoria, resignificación y presente
A partir del año 2000, el predio comenzó a atravesar un proceso de transformación orientado a recuperar su valor histórico. Fue entonces cuando se creó la Casa de la Memoria y la Vida como sede de la Dirección de Derechos Humanos del municipio.
En cuanto a ese cambio, von Schmeling explicó: “Como se vulneraron los derechos de muchísimas personas, se funda en homenaje a la lucha por los derechos humanos”.El sentido de esa resignificación también estuvo ligado a las luchas políticas de la época.
Así, el entrevistado expresó que “los militantes políticos, las personas involucradas políticamente en esa época, luchaban por la equidad; por la igualdad; por lo que ellos llamaban la justicia social. Es decir, por los derechos de todos y todas”.
El edificio que hoy ocupa la institución había sido construido con otros fines en la década del noventa. Al respecto, von Schmeling remarcó que la obra se realizó “con dinero de las arcas públicas” para hacer “reuniones personales”.
Ese cambio de sentido quedó marcado con una fecha precisa. “Por eso decimos que el edificio, el primero de julio del año 2000 es resignificado”, afirmó, y agregó que desde entonces funciona como “la Casa de la Memoria y la Vida, que es el nombre simbólico de la Dirección de Derechos Humanos del distrito”.
El valor de la memoria activa
El trabajo de recuperación histórica continuó con investigaciones que permitieron ubicar los restos del antiguo centro clandestino. Las excavaciones iniciadas en 2002 posibilitaron visibilizar los cimientos y reconstruir materialmente lo ocurrido.
Además, estos avances aportaron pruebas en los juicios por delitos de lesa humanidad, fortaleciendo los testimonios de sobrevivientes y familiares. En este sentido, el entrevistado señaló que el trabajo realizado “sumó a la condena de los genocidas”.
La apertura del Espacio Mansión Seré profundizó esta tarea, con visitas guiadas y actividades educativas. Para von Schmeling, su importancia radica en que “el ‘Nunca Más’ es una consigna estéril en tanto no se siembre en las nuevas generaciones la historia reciente”.
En esa línea, compartió una de las consignas que atraviesan el trabajo del espacio: “El futuro habita en la Memoria”, y agregó: “Tiene que ser el viento que impulsa nuestro navegar cotidiano; para enriquecernos como ciudadanos, desde lo individual aportando a la causa colectiva”.
Finalmente, remarcó la vigencia de los procesos de memoria, verdad y justicia en la actualidad y resumió con una definición que sintetiza el compromiso sostenido en el tiempo: “Hasta el último momento que podamos ubicar, procesar, juzgar y condenar a los genocidas, lo vamos a hacer porque no damos ningún paso atrás en la lucha por la Memoria, Verdad y Justicia; y porque la lucha justamente no se termina”.
Fuente fotografías: redes sociales.
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