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Ciencia argentina en la Antártida: una expedición clave para comprender la biodiversidad costera

Antártida.  Ciencia argentina. Biodiversidad costera.
Antártida. Ciencia argentina. Biodiversidad costera.

Especialistas del CONICET participaron de una expedición internacional que recorrió la totalidad de las costas antárticas y permitió avanzar en el estudio de las relaciones biológicas entre el continente blanco y las regiones subantárticas.

La Antártida constituyó, una vez más, un escenario central para la investigación científica internacional orientada a comprender el funcionamiento de los ecosistemas más extremos del planeta.

En ese marco, especialistas del CONICET formaron parte de una expedición sin precedentes que permitió recorrer de manera integral las costas del continente antártico, con el objetivo de analizar la biodiversidad marina y las conexiones biológicas con regiones subantárticas del hemisferio sur.

Al respecto y de acuerdo con la información a la que accedió Diario NCO, el estudio se desarrolló en el marco de la Expedición Internacional de Circunnavegación Costera Antártica, una iniciativa científica de gran escala que reunió a investigadores de distintos países y disciplinas.

A lo largo de más de dos meses de navegación, la campaña posibilitó la recolección sistemática de muestras y datos en zonas remotas, muchas de ellas de difícil acceso, lo que amplió de manera significativa el conocimiento disponible sobre la vida marina antártica.

Asimismo, la participación argentina se inscribió dentro de una tradición sostenida de investigación en el territorio antártico, donde el país mantiene una presencia científica activa desde hace décadas.

En esta oportunidad, el aporte del CONICET se centró en el análisis genético de comunidades de animales marinos, con especial énfasis en los vínculos ecológicos entre la Antártida y áreas subantárticas como el canal Beagle y el Área Marina Protegida Yaganes, en el Atlántico Sur.

Investigación genética y biodiversidad en ambientes extremos

Los científicos Sebastián Poljak y Lu Chiberry, integrantes del Laboratorio de Ecología Molecular del Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC, CONICET), participaron de la expedición con el propósito de profundizar el conocimiento sobre la estructura de las comunidades de metazoos antárticos. Su trabajo se orientó a comprender cómo se distribuyen las especies y de qué manera se relacionan con ecosistemas subantárticos cercanos.

Por otra, las líneas de investigación del laboratorio se enfocaron en la biología evolutiva, la sistemática molecular y la genética de la conservación, tanto en especies nativas como exóticas de la fauna silvestre.
El estudio de la diversidad biológica y de los vínculos entre especies permitió aportar información clave para evaluar el estado de conservación de estos ecosistemas y anticipar posibles impactos ambientales.

Según los especialistas, el análisis de la fauna antártica ofreció una ventana privilegiada para abordar preguntas biogeográficas de largo alcance. El conocimiento sobre la riqueza de especies y la conectividad de la biota entre distintas regiones del sur del planeta resultó fundamental para comprender los procesos ecológicos que modelaron estos ambientes a lo largo del tiempo.

ADN ambiental como herramienta científica

Una de las metodologías centrales utilizadas durante la expedición fue el análisis de ADN ambiental (ADNa), una técnica no invasiva que permitió detectar la presencia de especies a partir del material genético que dejaron en el ambiente. Este enfoque posibilitó identificar organismos a partir de restos microscópicos, como células, tejidos o gametas presentes en el agua y los sedimentos.

El metabarcoding de ADN ambiental se basó en la secuenciación masiva de fragmentos genéticos contenidos en muestras ambientales. Esta técnica se consolidó como una herramienta complementaria a los métodos tradicionales de muestreo, ya que permitió revelar especies difíciles de detectar, como aquellas de baja abundancia o comportamiento críptico.

Este enfoque facilitó la evaluación de la composición de las comunidades biológicas, su distribución espacial y los procesos ecológicos que las estructuraron. En ese sentido, Poljak destacó que el estudio de la vida marina en regiones extremas como la Antártida contribuyó a reforzar la conciencia sobre el valor intrínseco de la biodiversidad y su papel en el equilibrio del planeta.

Una expedición internacional sin precedentes

Por otro lado, cabe señalar que la Expedición Internacional de Circunnavegación Costera Antártica fue organizada por la Universidad Federal de Río Grande do Sul, de Brasil, bajo la coordinación del investigador Jefferson Cardia Simoes.

El proyecto contó con el financiamiento de la Fundación Albedo para la Criosfera, de Francia, y reunió a más de 50 investigadores pertenecientes a 24 instituciones académicas de distintos países.

La circunnavegación se realizó a bordo de un rompehielos oceanográfico y tuvo una duración total de 70 días, con partida y regreso desde la ciudad brasileña de Río Grande. A lo largo del recorrido, el buque funcionó como plataforma para estudios glaciológicos, oceanográficos, meteorológicos, biológicos y paleoclimáticos, además de brindar apoyo logístico a investigaciones aéreas de geofísica.

Estas tareas se desarrollaron en articulación con proyectos internacionales coordinados por el Comité Científico de Investigación Antártica, con apoyo logístico adicional de la base argentina Belgrano II. La magnitud de la campaña permitió integrar múltiples escalas de análisis y consolidar redes de cooperación científica internacional.

El aporte del CONICET en el trabajo de campo y laboratorio

Durante la travesía, los investigadores del CONICET realizaron muestreos en 32 puntos a lo largo de la ruta prevista. En total, recolectaron 180 muestras de agua mediante una roseta oceanográfica y 32 muestras de sedimentos del fondo marino obtenidas con un corer de gran porte, a distintas profundidades.

Cada muestra de agua fue procesada a bordo mediante sistemas de filtrado que permitieron retener el material genético particulado, el cual fue conservado a bajas temperaturas hasta su posterior análisis. Una vez finalizada la expedición, el ADN ambiental fue extraído en el Laboratorio de Ecología Molecular del CADIC para su estudio detallado.

Meses más tarde, parte del equipo viajó a España para completar las etapas de análisis genético en colaboración con investigadores de la Universidad de Barcelona. Este proceso fortaleció la formación académica del equipo y posicionó al grupo de trabajo en un nivel avanzado dentro de la investigación sobre biodiversidad y conservación ambiental.

Fuente fotografías: Conicet.

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