
Un relevamiento nacional advirtió que el ámbito laboral concentró los mayores niveles de discriminación percibida, por encima del entorno familiar, educativo y mediático, con escasos avances en políticas de inclusión durante el último año.
Por Florencia Belén Mogno
La persistencia de prácticas discriminatorias hacia personas LGBTIQ+ aún se evidencia como una problemática estructural en distintos espacios de la vida cotidiana. A pesar de los avances normativos y de una mayor visibilidad pública de las diversidades, las barreras simbólicas y materiales todavía operan en ámbitos clave como el trabajo, la familia, la educación y los medios de comunicación.
En el plano laboral, las desigualdades se manifiestan con especial intensidad. El trabajo, además de constituir una fuente de ingresos, ocupa un lugar central en los procesos de integración social y reconocimiento identitario. Sin embargo, la ausencia de políticas activas de inclusión, la reproducción de estereotipos y la falta de entornos seguros profundizan situaciones de discriminación directa e indirecta.
En ese sentido y de acuerdo con el material al que pudo acceder Diario NCO, la consultora Bridge The Gap elaboró un informe en el que advirtió que el 91 por ciento de las personas encuestadas consideró que el entorno laboral fue el ámbito con mayores niveles de discriminación hacia la comunidad LGBTIQ+. La investigación incluyó a 305 participantes de todo el país.
Un diagnóstico nacional sobre discriminación
En sintonía con lo planteado, el relevamiento indicó que casi la mitad de las personas consultadas sostuvo que en su espacio de trabajo no se implementaron medidas concretas de inclusión durante el último año.
En ese aspecto, en el caso de personas trans y no binarias, el informe señaló que un 40 por ciento manifestó haberse sentido excluida de reuniones laborales o sociales dentro de su ámbito de trabajo.
Asimismo, el documento advirtió que un 32 por ciento de las personas LGBTIQ+ refirió no haber podido acceder a una oportunidad laboral debido a su orientación sexual y/o identidad de género. Esta situación evidenció que las desigualdades no sólo se expresaron en la convivencia cotidiana, sino también en las posibilidades de ingreso al mercado laboral formal.
Otros ámbitos atravesados por la exclusión
En comparación con otros espacios sociales, el laboral encabezó el ranking de percepción de discriminación. El segundo lugar correspondió al entorno familiar, con un 85,6 por ciento, seguido por el ámbito educativo, donde la percepción alcanzó el 83 por ciento. Los medios de comunicación también fueron señalados, con un 80 por ciento de respuestas que identificaron prácticas discriminatorias.
El informe también analizó las formas en las que se manifestó la discriminación. Un 42,8 por ciento de las personas consultadas consideró que la pandemia incrementó los niveles de discriminación hacia la comunidad LGBTIQ+. Entre las prácticas más frecuentes se destacaron la invisibilización, mencionada por el 71 por ciento, y la agresión psicológica, señalada por el 65,6 por ciento.
A estas expresiones se sumaron la agresión verbal, con un 60 por ciento, y la agresión física, que alcanzó al 41 por ciento de las respuestas. Estos datos permitieron dimensionar el impacto integral de la discriminación, tanto en el plano simbólico como en el físico y emocional.
Identidad, silencio y condiciones laborales
Otro de los ejes relevados estuvo vinculado a la presunción sobre identidades y orientaciones sexuales. Ocho de cada diez personas de la comunidad afirmó haber atravesado situaciones en las que se dio por sentada su identidad de género y/o su orientación sexual dentro del ámbito laboral.
Al mismo tiempo, casi una de cada cuatro personas LGBTIQ+ indicó que nunca expresó abiertamente su identidad de género u orientación sexual en su espacio de trabajo. En contraste, sólo un 35 por ciento señaló que todas las personas de su entorno laboral conocían esa información.
De acuerdo con el documento, este tipo de situaciones, aun cuando no respondieron a una intencionalidad explícita, generaron efectos negativos en la experiencia cotidiana. El 76 por ciento de las personas encuestadas manifestó haberse sentido invisibilizada o poco habilitada para hablar de su vida personal dentro del ámbito laboral.
Avances limitados y efectos en la motivación
En relación con la evolución de estas problemáticas, apenas un 36 por ciento de las personas consideró que existieron avances en materia de inclusión en su espacio de trabajo durante el último año. Este dato reflejó la lentitud de los cambios estructurales en las organizaciones.
Sin embargo, dentro de ese grupo que percibió mejoras, casi siete de cada diez personas afirmó sentirse más motivada en su ámbito laboral. La información dio cuenta del impacto positivo que tuvieron las políticas inclusivas en el clima de trabajo y en el compromiso de quienes integraron los equipos.
En ese sentido, el informe concluyó que la promoción de entornos laborales diversos e inclusivos no sólo constituyó una demanda en términos de derechos, sino también una herramienta clave para fortalecer la participación, el bienestar y la productividad en los espacios de trabajo.
Fuente fotografías: redes sociales.
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