
La pequeña ciudad de Villers-Cotterets, al norte de París, es un feudo del Frente Nacional (FN) de Marine Le Pen donde la candidata a presidente casi duplicó en votos a Emmnuel Macron en la primera vuelta y donde el desempleo y el temor a la inmigración potencian su propuesta de cierre de fronteras y repliegue nacionalista.
Situada 75 kilómetros al noroeste de París y dominada por su majestuoso castillo ubicado en la ladera de una sierra que enmarca la ciudad, Villers-Cotterets vive un presente anclado en el pasado.
Ciudad natal de Alejandro Dumas -autor de Los Tres Mosqueteros y El Conde de Montecristo, entre otros-, fue allí donde se firmó el decreto que convirtió al francés en la lengua oficial de Francia en 1539, y también es escenario central de las batallas de las dos Guerras Mundiales.
Este pequeño espacio que en la Edad Media era conocido por los pillajes a quienes se aventuraban en el bosque lindante, fue un centro de mendicidad tras la Revolución Francesa, donde se apilaban al aire libre los indigentes e incurables.
A principios del siglo XIX mutó a una ciudad geriátrico donde los mayores de toda Francia pasaban sus últimos días, y es hoy uno de los contados bastiones del FN en el norte de Francia.
El 23 de abril en la primera vuelta, Le Pen consiguió aquí el 34,3% de los votos, seguida por el izquierdista Jean-Luc Mélenchon (19,9%), mientras que Macron, su rival en el balotaje del domingo, finalizó tercero (18,3%) con un 16% menos de los sufragios que la ultraderechista.
No obstante, a dos días del balotaje, los encuestadores coinciden en que Le Pen obtendrá entre un 41 y 39% el domingo y perdería claramente contra el liberal independiente Macron, que sumaría cerca de un 60%.
Villers-Cotterets es vista como un laboratorio de las políticas que implementaría a nivel nacional el FN, formación que solo cuenta con dos diputados, tres eurodiputados y cinco alcaldes en todo el país, en caso de victoria de Le Pen.
Franck Briffaut, alcalde de Villiers-Cotterets. Foto: @e_ferrand
Franck Briffaut, alcalde de Villiers-Cotterets. Foto: @e_ferrand
En 2014, el frentista y ex militar Franck Briffaut se convirtió en alcalde de Villiers-Cotterets, ciudad de 10.892 habitantes y en donde el 40% de los habitantes son jóvenes y uno cada tres menores de 25 años se encuentra desempleado.
Desde su llegada al poder, Briffaut suprimió la conmemoración de la abolición de la esclavitud y las subvenciones a los sindicatos, anuló las presentaciones de grupos de rock y de teatro críticos con la ultraderecha, retiró libros de la biblioteca municipal que analizaban el crecimiento de la extrema derecha en Francia y aumentó las tarifas en las escuelas y comedores públicos para los desocupados.
Asimismo, Briffaut retiró la bandera de la Unión Europea (UE) de la Alcaldía de Villers-Cotterets poco después de asumir porque “por culpa de los ultraliberales oligarcas de Bruselas Francia esta destruida”, aseguró.
“La UE evita que el gobierno francés lleve a cabo una estrategia económica con las reformas necesarias en el camino”, le dijo en ese entonces al diario Le Monde.
El vicealcalde de Briffaut hasta hace dos meses, Jean-Francois Jalkh, tuvo que renunciar porque se refirió a la utilización del gas Zyklon B en los campos de la exterminio nazi como “técnicamente imposible”.
Declaraciones en línea con las del fundador del FN, Jean-Marie Le Pen, quien fue condenado en una veintena de ocasiones por su revisionismo antisemitista y negacionista del Holocausto.
“¿Por qué tienen tanto interés los periodistas de venir todos los días hasta aquí a preguntarnos que nuestro alcalde es del FN?”, repreguntó Genevieve, jubilada de 72 años, en declaraciones a Télam en la plaza principal de la ciudad.
“En todo caso, el alcalde actual es muchísimo mejor que su predecesor, que era un socialista corrupto que nunca estaba en la Alcaldía”, añadió.
A su lado, su marido Pierre encogió los hombros y se fue silbando sin emitir opinión.
Muchos de los habitantes de Villers-Cotterets no quisieron admitir que votarán por el FN, pero ninguno manifestó nada en contra de la formación de extrema derecha y la mayoría se quejó de que por culpa del gobierno nacional cada vez “hay más y más refugiados” en su bucólica ciudad.
“Algunos dicen que van a votar por Macron y después hacen lo contrario”, explicó, desconfiado, Gregory, vendedor de 28 años.
“Los viejos, hasta los que antes eran socialistas, ahora votan a la extrema derecha por temor a la inmigración, algo que acá casi ni se ve pero que igual les da temor”, agregó Gregory, vendedor en un negocio de ropa de moda en la principal calle peatonal de Villers-Cotterers.
“No realizar la tradicional conmemoración de la abolición de la esclavitud fue una de sus primeras medidas y resultó por demás simbólica”, dijo a Télam el historiador Claude Ribbe, presidente de la asociación los amigos de Alejandro Dumas.
“Esa conmemoración es una manera de recordar a los franceses que el racismo tiene una historia ligada a la esclavitud y que deberíamos seguir luchando juntos para no olvidar”, agregó.
Maria Anna, italiana dueña de una pizzería en el centro de la ciudad, confió que en los últimos años el racismo se convirtió en “moneda corriente”.
En 2012, el principal generador de empleo en la ciudad, la automotriz alemana Volkwagen, decidió trasladar su fabrica al departamento de Val-d´Oise, dejando a numerosos obreros en la calle.
Desde ese entonces, lo único que crece en esta región agrícola es el desempleo.
“Tengo 26 años y nunca tuve un trabajo en blanco más allá de un contrato temporal veraniego. Mis amigos están peor que yo, no tenemos estudios terciarios. Para sobrevivir te queda hacer changas y para lograr un sueldo fijo y digno ser policía o bombero. Nada de eso es para mi”, explicó Christian, en una pausa de un “picado” de fútbol en el campo municipal.
Christian, nieto de tunecinos emigrados en Francia a finales de 1940, como muchos otros jóvenes de su edad, se queja de que su ciudad “no hace nada por los jóvenes, lo único es mantener estas canchas de fútbol. No están expulsando de nuestra ciudad y encima nos estigmatizan porque no somos blancos como los que se creen verdaderamente dueños de este lugar”.
En las empinadas calles de Villers-Cotterets tampoco hay muchos que hablen bien de la UE.
“En 2005 Francia votó contra de la Constitución de la UE, pero se llevó a cabo de todos modos, de ahí en más todo está roto”, afirmó Liliane, de joviales 52 años en su puesto de flores frente al cementerio local.
“En principio no voy a votar por ninguno de los dos, ni Macron ni Le Pen. Si voy a votar lo haré en blanco y si no me quedaré en mi casa disfrutando de mi único día libre semanal”, argumentó.