Conflicto en la fábrica de productos de limpieza.
La entrada de Timuka esta empapelada de carteles y una bandera que explican su situación de lucha. La fábrica, ubicada en Zapiola 3741, es un punto de conflicto laboral desde noviembre, mes en que los trabajadores dejaron de percibir su salario.
Nicolás Spalek
nspalek@hotmail.com
“El último pago fue allá por el 20 de noviembre” puntualiza Hector Vega, delegado de los trabajadores. Después de ese día, Timuka entró en cesación de pagos. Vega agrega que la esta situación comenzó mucho antes: “desde mayo o junio la empresa empieza en un vaciamiento, en el sentido de que no compra insumos y comienza a vender cosas como camiones, aduciendo que tenían deudas con proveedores”.
Mientras que los dueños de la fábrica de productos de limpieza -Mario Abel Pombo y su hijo Juan Manuel- aseguraban estar negociando con inversores, alrededor de 90 trabajadores estaban sin haber percibido su sueldo. Cuando llegaron las fiestas, aún no había respuesta. “Las fiestas fueron los momentos más tristes. Más allá que la tristeza era todos los días, lo que sufrimos fue angustia, con la familia sobre todo” recuerda el delegado”.
Con los ojos vidriados Vega confiesa ante NCO que su peor día fue hacia finales de 2011: “el 30 fue el más triste, nosotros salimos a vender las cosas en desuso para poder llevarnos unos pasas a las casas. Como éramos tantos, nos llevamos unos $30 cada uno. Esos son los momentos más duros. No se si todas las personas están preparadas para sobrevivir a esto”.
Si la situación de una fábrica en huelga pacífica -“no está tomada” aclaran los obreros- donde la producción era nula con sueldos adeudados desde hace un mes y medio no era lo suficientemente grave, el comienzo de 2012 no fue para mejor. Los primeros días de enero un corte de luz bajó más la moral de los trabajadores. Una gestión ante el Municipio logró la reconexión luego de 48 horas sin luz.
“En ese momento se nos prendió la lamparita” dice Vega. “La esposa de un empleado nos prestó dinero, vendimos portones que estaban en desuso y con ese dinero inicial comenzamos a producir”. Desde ese momento, con una cartera de clientes previa al conflicto laboral, los alrededor de 60 empleados empezaron a “producir para sobrevivir” y llevarse entre $300 y $500 por semana cada uno, de manera autogestionada. Vega, que lleva 7 años trabajando en Timuka y 5 como delegado, asegura que si en ese momento no hubiesen cambiado su accionar, “hoy somos 20”.
El delegado reconoce el apoyo que recibió desde la Municipalidad. Además de la gestión por la falta de electricidad, les han otorgado a los obreros bolsones de comida. Las críticas recaen duramente en el Sindicato de Petroquímicos. “Ellos nos me dijeron que esto va a ser largo. Les pedí que acompañen la lucha de los trabajadores y nos entregaron $400 a cada uno antes de la fiesta y mercadería” recuerda.
Pero “no volvieron a entregar porque el sindicato tenía el compromiso de la construcción de un hotel en Mar del Plata. Hasta el día de hoy, después de 40 días no se arrimó nadie”. “Nos abandonaron. Ni me llamaron por teléfono. Esto es lo más triste de la organización gremial” dice Vega.
Además de las deudas salariales, Timuka tiene deudas que están alrededor de los 18 millones de pesos. “No nos cierra porque se fue acumulando la deuda. Por ahí negociaron mal con clientes grandes” suponen los delegados.
Aunque también sospecha que la situación actual tiene como objetivo “sacarse un grupo de gente de encima y si es posible a toda”. Vega considera esto como una posibilidad debido a un cambio de conciencia de los empleados y sus derechos. Con reuniones fuera las instalaciones concientizaron “despacito” a los trabajadores sobre sus derechos. “Al venir nosotros, cambios la tesitura de trabajo” aclara. “Creo que las cosas vienen por ahí, a lo mejor estoy equivocado”.
Si bien el ambiente que se vive en la fábrica ha mejorado -“trabajando, todo esta más tranquilo” dicen- el reclamo para con los Pombo no cambio en nada. “El daño moral al trabajador y a la familia es irreparable. Ellos son los responsables de esto y lo tienen que solucionar” declara de manera tajante Vega.
Los trabajadores consideran que de a poco, están aprendiendo a conducir la fábrica. Empero, su meta es que alguien venga, se haga cargo de las obras sociales y aportes provisionales. “Estamos dispuestos a seguir en la fábrica, por un lado o por el otro” sentencian.




