
Ana María Ariza, responsable del comedor Mil Flores en González Catán, describió el esfuerzo diario para alimentar a cientos de vecinos ante el aumento de precios, las tarifas impagables y la falta de políticas que acompañen a los sectores más vulnerables.
Por Verónica Llonto
En González Catán, el comedor Mil Flores sostiene una tarea solidaria que se multiplica a pesar de las dificultades económicas. Su referente, Ana María Ariza, relató a Diario NCO el esfuerzo cotidiano que realizan junto a un grupo de voluntarios y la red de Barrios de Pie, para garantizar alimento a familias, jubilados y trabajadores que no logran cubrir sus necesidades básicas.
Ariza explicó que “actualmente administramos cuatro comedores y dos merenderos, con la colaboración de José Oscar y vecinos del barrio. La ayuda que recibimos del municipio, a través de Barrios de Pie, es muy valiosa. No es todo lo que quisiéramos ofrecer, pero al menos nos permite brindar comidas dignas con pollo, carne y fruta. Las compañeras se ocupan de buscar donaciones y sumar pan, facturas o rosquitas elaboradas por ellas mismas. Con poco, hacen milagros y llegan a más gente”.
La referente destacó: “Mil Flores inauguró hace un tiempo un espacio exclusivo para adultos mayores, aunque hoy en todos los comedores creció la presencia de personas de la tercera edad y de familias enteras. La ayuda, aunque es mucha, no alcanza. Los alimentos aumentaron muchísimo y las tarifas de los servicios, en algunos casos, subieron un 200 por ciento en dos meses. Son cifras inalcanzables para los jubilados, que además deben pagar sus medicamentos”.
El comedor entrega viandas dos veces por semana y el contacto directo con la comunidad le permite a Ariza conocer realidades diversas. “Hay familias en las que los adultos trabajan, pero igual necesitan la vianda porque el sueldo no alcanza. También jubilados que siguen trabajando para cubrir sus gastos. Incluso los recicladores vieron caer el precio de venta de los materiales y deben pasar más tiempo en la calle. Por eso también se acercan a buscar comida”, detalló la entrevistada.
Reclamo frente a los recortes y las acusaciones oficiales
Sobre las denuncias de supuestas irregularidades en las organizaciones sociales, Ariza expresó: “Lo de las auditorías que nunca existieron fue una excusa para maltratar al pueblo y recortar presupuesto. Quisieron descalificar el trabajo de las compañeras y compañeros que ponen el hombro en el barrio”.
“La mercadería que el gobierno dejó vencer en depósitos en lugar de destinarla a los comedores, fue negligencia y se traduce en hambre real para miles de familias que dependen de la asistencia diaria. Hablan de cosas que desconocen, porque no están en la piel de la gente que necesita”, concluyó la referente.
Con un equipo que hace milagros y la solidaridad de vecinos que se acercan con donaciones, Mil Flores continúa su labor, convencidos de que la organización comunitaria es clave para enfrentar la crisis que golpea a los sectores más vulnerables de La Matanza.
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