Número de edición : 9002

La Matanza

Cuando el arte es una función de vida

Cuando el arte es una función de vida.

Gerardo Sánchez es un escultor que intenta llegar a la conciencia de la gente, transmitirle el potencial que cada uno posee y, desde ahí, trabajar en pos de sus sueños.

El artista matancero oriundo de Villa Madero fue quien preparó el busto a Osvaldo Bayer  en el homenaje al “Hijo del Pueblo”. En diálogo con Diario NCO, contó su trayectoria en las artes plásticas.

De familia humilde y trabajadora Gerardo se crió y creció en Villa Madero. Su papá, de oficio tapicero, y su mamá fueron los pilares más importantes. “Ellos, con su ejemplo de vida, fueron los primeros que me inspiraron en la lucha día a día”, expresó Sánchez.

Diario NCO: ¿Cuándo comenzó a interesarte el arte?

Gerardo Sánchez: “Empecé de chico con todo este tema del arte. Siempre me gustó dibujar y como mi viejo era tapicero iba a su taller y agarraba maderas para clavar o cortar. Desde chico mamé todo tipo de trabajo manual y de oficio por mi padre.

Después, en la adolescencia empecé a tocar la guitarra, y como los caminos me llevaron a crear nuevos horizontes estudié música, violín, charango por hobby. En general, siempre estuve relacionado con las artes.

Estudié para maestro mayor de obras, pero en quinto año me di cuenta de que la escuela técnica no era lo mío, pero como el bachillerato no me gustaba y el comercial tampoco, pensé que la técnica me serviría en el futuro”.

Diario NCO: ¿Cómo fueron tus primeros pasos?

G.S: “Recuerdo que estaba trabajando en carburadores de motos. Comencé a trabajar desde los 14 años, cuando un amigo de mi viejo, Miguel Ángel Macaluso, un artista plástico, escultor,  de Villa Insuperable, al ver mis dibujos y saber que me gustaba las artes sociales me dijo: ‘Disculpame, ¿te gustaría aprender a tallar madera?’. -’Me encantaría’, le respondí.

Siempre fue mi sueño, me gusta la escultura, pero todos mis intentos eran malos. Le aclaré que no tenía un mango y él me respondió: ‘No no, no me tenés que pagar nada, tenés dote. El que nace para ser futbolista tiene que ser futbolista, el que nace para ser artista, tiene que ser artista. Así es, cada uno nace con un don y con un oficio incorporado’.

Macaluso fue uno de mis primeros maestros que me enseñó a tallar la madera; es más me había regalado en su momento para que pudiera arrancar, las herramientas, la masa de escultura y las primeras maderas para practicar.

Recuerdo que en aquel momento, año 200-2001, gobierno de De La Rúa, había quedado sin trabajo, así que empecé a poner carteles sobre que tallaba madera para sustentarme.

Por aquellas época hubo un festival en Ranchos y allí viaje con las madera, pero me mató y tuve que buscar otra manera de solventarme, así conocí gente y empecé a trabajar en la calle. Conocí artesanos que me enseñaron a trabajar el metal, el hilo y el macramé, esto me llevó a estar viajando un año por Argentina.

Pero debía trabajar igual, así que una vez que terminé la secundaria me anoté en una escuela de joyas y Beato Angélico donde hice la carrera aprendiendo cincelado, engarce, etcétera, durante cuatro años.

Luego aprendí los oficios de pintura grabado y dibujo, además de lo relativo a la pedagogía que me llevó a ser docente, es como que la vida me fue llevando al arte”.

Diario NCO: ¿Quiénes fueron tus referentes, en quienes te inspiraste?

G.S: “Primeramente, mis padres. Ellos siempre laburaron y el ejemplo de vida que ellos me dieron fue lo que marcó toda mi vida. Luego Miguel Ángel Macaluso fue mi primer maestro, fue el que vio en mí la dote.

A otro gran artista que agradezco y que también fue mi mentor, muy conocido por sus esculturas acá en Argentina y en Italia, que falleció el año pasado es Antonio Pujia.

Después estudié con grandes docentes como Alberto López Castell, Guillermo Paolino, Carlos Felds, Javier Insúas, Eduardo Araujo, Gustavo Veraza, Alfredo Garavaglia, Beatriz Parodi, Julio Pita…todos ellos fueron docentes que me enseñaron en las artes de pintura, escultura etcétera. Fue un camino duro, pero se pudo hacer.

En la escuela de modelado y escultura me basé en Bourdelle y Rodin. Rodin tenía un detalle en la exquisitez de la escultura y Bourdelle tenía una parte expresiva en la figura abierta de la escultura impresionista”.

Diario NCO: ¿Qué otras tareas realizabas mientras te perfeccionabas en esta profesión?

G.S: “Mientras trabajaba en la joyería también iba a las ferias de Mataderos y Parque Centenario incluso trabajé en las calles de Lavalle y Florida con todo lo que conlleva tema policía.

También trabajé en la calle Libertad, haciendo originales y terminaciones de piezas, hacia antiguas y achura que es el trabajo manual en joyería. En el 2007       me preguntaron si estaba interesado en participar en un intercambio cultural  en Perú, estaba en 1° año de Bellas Artes. Dije que sí.

Ya había quedado seleccionado como representante de todo Villa Madero, así que me empezaron a preparar en todo lo que es historia y geografía argentina y peruana para defenderla en el tribunal de Rotary Internacional.

Presenté el coloquio, estuve  hablado más de una hora y media, pensé que había salido mal hasta que a la semana me llaman diciéndome que quedé 5° para representar a la Argentina.

En Perú hice todo el sur, pinté murales, también di charlas en escuelas secundarias, en el Instituto artístico de Cuzco y en el Instituto de Bellas Artes de Ica. Fue un mes alucinante”.

Diario NCO: ¿Cómo fuiste manejando el tema económico por aquel entonces?

G.S: “Al volver de Perú, seguí estudiando y laburando en la calle, tuve que hacerme mis propias herramientas de escultura y grabado, ya que no podía costeármelas.

Fue entonces que los docentes con quienes estudiaba, les decía a sus alumnos que me compraran a mí las herramientas porque eran mejores que las artísticas. Y era verdad, no tan solo eran mejores, sino que más  baratas.

De esta manera pude comprarme materiales como el óleo, pinceles, etcétera, pero también tuve la ayuda de los docentes Beatriz Parodi y su esposo Julio Pita, quienes me ayudaron con óleos, pinceles, carbonillas y lápices, ya que sabían que  por la situación que estaba pasando me costaba mucho hacerme de los materiales.

En el camino desde que empecé hasta que me recibí, tengo que agradecer a mi madre que me apoyó siempre y a los docentes que me ayudaron a continuar, ellos que me ayudaban con materiales, incluso recomendándome en los trabajos.

Fue duro el camino, mientras que mis compañeros realizaban los trabajos en computadoras yo los hacía en una máquina de escribir, leía, resumía y  tipeaba todos mis trabajos, por eso cuando el gobierno habla de ‘meritocracia’, me da mucha bronca, porque decir ‘meritocracia’ y no ‘igualdad’”.

 

 

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