
Un espacio atravesado por la historia nacional y las transformaciones del territorio.
Por Florencia Belén Mogno
La historia de las estancias bonaerenses se encuentra ligada a la conformación económica, política y social del país. Estos espacios productivos representaron unidades económicas fundamentales durante los siglos XVIII y XIX, y funcionaron como escenarios de acontecimientos clave en la historia argentina. Su evolución permite reconstruir procesos vinculados a la propiedad de la tierra, las relaciones de poder y la organización del territorio.
En el caso del conurbano bonaerense, muchas de estas estancias quedaron progresivamente integradas al tejido urbano a medida que avanzó el proceso de urbanización. Lo que en un momento fueron extensas propiedades rurales, con el paso del tiempo se transformaron en fragmentos de memoria dentro de ciudades en expansión, atravesadas por nuevas dinámicas sociales y económicas.
En este sentido, reconstruir la historia de estos espacios implica no solo analizar su función productiva original, sino también comprender cómo fueron resignificados a lo largo del tiempo. La permanencia de algunos de estos edificios permite establecer un puente entre distintas etapas históricas, desde la época colonial hasta la actualidad.
En este contexto, un documento al que accedió Diario NCO recordó la historia de la Estancia El Pino, también conocida como San Martín, uno de los establecimientos rurales más importantes del partido de La Matanza.
Origen y primeros propietarios
Según el trabajo, los orígenes de la estancia se remontaron a los primeros repartos de tierras en la región, vinculados a antiguas familias terratenientes. La propiedad estuvo asociada inicialmente a linajes como el de los Arguibel y posteriormente a la familia del Pino, de donde provino su denominación .
En 1821, la estancia fue vendida por José María del Pino a la sociedad conformada por Juan Manuel de Rosas, Juan Nepomuceno Terrero y Luis Dorrego, lo que marcó el inicio de una nueva etapa en su historia.
En relación con lo planteado anteriormente, el reporte señaló que a partir de ese momento, el establecimiento adquirió una relevancia central dentro del sistema productivo de la campaña bonaerense.
La estancia durante el período de Rosas
Durante la primera mitad del siglo XIX, la estancia alcanzó uno de sus momentos más significativos bajo la propiedad de Juan Manuel de Rosas. En ese período, el establecimiento fue rebautizado como “San Martín”, en homenaje al Libertador, y se integró a un amplio complejo productivo que incluía otras propiedades rurales .
El predio no solo cumplió funciones económicas, sino que también fue escenario de acontecimientos políticos relevantes. Entre ellos, se destacó la reunión entre Rosas y Juan Lavalle en 1829, en el marco de las negociaciones que derivaron en el Pacto de Cañuelas .
Asimismo, en 1836 se firmó en la estancia un acuerdo entre el gobierno de Rosas y el cacique Calfucurá, lo que evidenció su rol dentro de las relaciones políticas y territoriales de la época . En paralelo, el casco del establecimiento fue ampliado y modificado, incorporando nuevas construcciones y mejorando su infraestructura.
Cambios de propiedad y continuidad productiva
Tras la caída de Rosas en 1852 y la confiscación de sus bienes, la estancia fue vendida a José María Ezcurra, quien ya poseía tierras lindantes. Esta operación permitió la consolidación de un extenso dominio territorial en manos de esta familia, que mantuvo la propiedad durante varias décadas .
A lo largo de la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del XX, la estancia continuó funcionando como establecimiento productivo. Su actividad se extendió hasta las primeras décadas del siglo pasado, en un contexto en el que las transformaciones económicas comenzaron a modificar las dinámicas rurales tradicionales.
El material indicó que la vida productiva de la estancia se prolongó hasta la crisis de 1929, cuando se inició un proceso de cambios en la propiedad y en el uso del suelo. Este punto marcó el comienzo de una nueva etapa en la historia del predio.
Del espacio rural al patrimonio histórico
Durante el siglo XX, la estancia atravesó una serie de transformaciones que reflejaron el avance de la urbanización en el partido de La Matanza. Tras permanecer en manos de la familia Ezcurra hasta la década de 1930, el casco fue vendido posteriormente a distintos propietarios, entre ellos Domingo Kairuz .
En 1946, una parte significativa del predio fue adquirida por la firma Justo Hermanos y Cía., que impulsó el fraccionamiento y loteo de las tierras, contribuyendo al crecimiento urbano de la zona . Este proceso evidenció el cambio de lógica en el uso del territorio, pasando de una estructura rural a una urbana.
A pesar de haber sido declarado Monumento Histórico Nacional en 1942, el edificio no contó en un primer momento con medidas efectivas de preservación, lo que derivó en un progresivo deterioro . Recién hacia fines de la década de 1960 y comienzos de la de 1970 comenzaron a impulsarse acciones concretas para su recuperación.
Finalmente, en 1970 el casco de la estancia fue adquirido por la Municipalidad de La Matanza, lo que marcó un punto de inflexión en su historia . Este hecho permitió iniciar un proceso de preservación que consolidó al lugar como un espacio de referencia para la memoria histórica del distrito.
De este modo, la historia de la Estancia El Pino reflejó un recorrido que atravesó distintas etapas, desde su origen como establecimiento rural en la época colonial, su protagonismo durante el período rosista, su continuidad productiva en manos privadas y su posterior transformación en patrimonio histórico.
Fuente fotografías: redes sociales.
Te Puede Interesar:
https://www.instagram.com/diarioncomatanza
https://facebook.com/diarionco



