Número de edición : 9032

La Bata

“Tal Vez”: Alex Tremo convirtió la saturación digital en una canción sobre identidad

“Tal Vez”: Alex Tremo convirtió la saturación digital en canción.
“Tal Vez”: Alex Tremo convirtió la saturación digital en canción.

El cantante argentino de pop electrónico presentó su nuevo single, atravesado por la hiperexposición en redes, la vulnerabilidad y la reconstrucción personal.

Por Florencia Belén Mogno

En los últimos años, la cultura digital modificó la relación entre artistas y público. Las redes sociales dejaron de ser solo un canal de difusión para transformarse en un territorio de producción constante, donde la presencia se volvió casi obligatoria y el silencio comenzó a percibirse como ausencia. En ese contexto, la exposición permanente generó nuevas tensiones creativas: la necesidad de mostrarse convive con el deseo de preservar la intimidad.

A la par de este fenómeno, la música emergió como un espacio de resistencia subjetiva. Muchos proyectos contemporáneos encontraron en la canción una forma de procesar la saturación informativa, canalizar emociones contradictorias y reflexionar sobre la identidad en tiempos de hiperconectividad. La obra artística pasó a dialogar no solo con lo sonoro, sino también con la propia construcción del yo frente a la mirada ajena.

Así, la figura del artista dejó de limitarse a la producción estética para incorporar una dimensión casi autobiográfica. La vulnerabilidad, la exposición emocional y la reconstrucción personal se convirtieron en parte del discurso creativo. La canción ya no solo narró experiencias: también funcionó como un gesto de pausa frente a la lógica del rendimiento permanente.

En ese marco se inscribe el lanzamiento de “Tal Vez”, el nuevo single stand alone del cantante de pop electrónico matancero Alex Tremo, quien profundizó sobre su trabajo y estas ideas en diálogo con Diario NCO.

Música para reflexionar

En cuanto a tu sencillo, “Tal Vez” gira alrededor de la duda entre quedarse o desaparecer: ¿de dónde nació esta canción y el vínculo con este interrogante?

A.T: “Tal Vez” nace de una grieta muy concreta: la que se abre entre la hipervisibilidad de las redes sociales y la soledad real. Especialmente en TikTok, donde la presión por producir contenido constante es brutal. Llegó un punto en que publicaba por inercia, solo para cumplir con el algoritmo, y en ese acto automático me desaparecí yo mismo. La canción es ese instante de lucidez en medio del ruido digital, donde la pregunta deja de ser ‘¿qué subo hoy?’ y se convierte en ‘¿qué pasa si, en vez de subir algo, me borro?’. Es la duda entre seguir interpretando un personaje para un feed insaciable o dar un paso al costado para recuperar la propia voz. No habla solo de irse de las redes; habla de elegir entre existir para otros o volver a existir para uno.

¿Cómo fue el proceso de composición de “Tal Vez”: primero apareció la idea conceptual de la duda o nació desde una melodía, una frase o una emoción puntual?

A.T: El proceso fue visceral. Un día después de un cumpleaños que la pasé bastante mal, llegué a casa, agarré el celular y abrí BandLab (una herramienta musical digital) y tenía el sonido en la cabeza. No podía ir a un estudio, así que armé toda la maqueta ahí. La melodía y la atmósfera salieron de una, casi como un exorcismo.

La canción puede leerse tanto desde lo artístico como desde lo afectivo: ¿qué tipo de mensaje o mensajes buscas transmitir a través de tu música?

A.T: Con “Tal Vez” quise mostrar lo que hay detrás de la máscara. Era necesario profundizar, sacar a la luz la vulnerabilidad que se esconde bajo la actitud. Mi música siempre busca esa dualidad: la arrogancia que te protege y la fragilidad que sentís.

En cuanto a tu lírica, ¿qué tan autobiográficas son tus letras y dónde empieza la inspiración?

A.T: Todas mis letras son autobiográficas en el origen, pero nunca literales. Escribo desde personajes: máscaras que me permiten decir verdades que, de otra forma, quedarían enterradas. La inspiración empieza en algo real, pero la canción nace cuando le pongo un disfraz.

Tu obra mezcla escritura, actuación y música: ¿de qué manera considerás que se fusionan esas disciplinas?

A.T: Para mí, escribir, actuar y hacer música son lo mismo: contar una historia. La escritura da el guión, la actuación me da el cuerpo y la confianza para subir al escenario, y la música le da el latido. Son tres herramientas para un mismo fin.

“Oscuridad” tu single está muy vinculado con un episodio muy violento que sufriste y de alguna forma marca eso: la muerte y el renacer, ¿de qué manera considerás que la música te ayudó a renacer en esa instancia?

A.T: Antes de ese evento violento, solo era un pibe que escribía letras en las notas del celular. No planeaba hacer música. Ese momento fue un punto de quiebre absoluto, un catalizador. Me convirtió en otra persona. Sin eso, “Oscuridad” no existiría, y sin “Oscuridad”, mi carrera tampoco.

Tu estética combina glam rock noventoso, androginia y K-Pop Rock: ¿cómo trabajas el equilibrio entre el sonido de tu música y lo visual de tu arte?

A.T: Al principio, me obsesioné con encontrar una ‘fórmula’ que unificara esos mundos. Sonaba a una ecuación imposible: los riffs sucios del glam, la actitud andrógina y la precisión visual del K-Pop. Intenté incluso suavizar los bordes, hacer algo más ‘mainstream’, pero sonaba falso. El equilibrio llegó cuando dejé de buscar coherencia externa y entendí que el hilo conductor era mi propia biografía fragmentada. Mi sonido es eso: la guitarra distorsionada que escuchaba de adolescente, mezclada con la producción electrónica que descubrí después, y vestida con una estética que desafía el género porque yo también vivo en ese límite. No es un collage aleatorio; es un autorretrato en capas. Lo visual no ilustra la música: es la misma herida expresada en otro código.

Tus canciones dialogan con el público LGTBIQ+ pero también conectan fuerte con audiencias femeninas y kpopers: ¿qué creés que encuentran en tu propuesta?

A.T: Creo que encuentran un espacio donde la rareza no es un defecto, sino el código de acceso. Creo que, más allá de las etiquetas, lo que une a esas comunidades es la experiencia de navegar el mundo desde los márgenes, con un ojo puesto en la supervivencia y el otro en la fantasía. En mi música, esa dualidad no se esconde: se celebra. El chico queer que necesita un himno para sanar, la chica que quiere sentirse poderosa en la pista, el fan de K-Pop que entiende el espectáculo como un lenguaje de pertenencia… todos reconocen en mi propuesta a alguien que, desde el escenario, legitima esa búsqueda. No doy lecciones de empoderamiento; ofrezco un espejo donde verse sin disculpas. Y en ese reflejo, hay lugar para todos.

Por último, anunciaste el EP Bad Boy, ¿qué historia o universo querés que el público entienda cuando escuche todo tu material en conjunto?

A.T: Con Bad Boy no espero que el público entienda todo mi universo aún, pero quiero que sea la puerta. El EP gira alrededor de ser puesto en el lugar del villano, incluso cuando no te sentís uno. Y de decir: “Bueno, si ese es mi papel, lo voy a interpretar a fondo”. Pero también quiero profundizar en eso: el villano también llora.

Fuente fotografías: prensa Alex Tremo.

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