
Un informe expuso el aumento de casos de violencia contra niñas y niños y volvió a poner en agenda la necesidad de abordajes integrales desde el sistema de salud, la familia y el Estado
Por Florencia Belén Mogno
La violencia contra niñas, niños y adolescentes constituyó una de las problemáticas sociales más complejas y extendidas a nivel mundial a lo largo de la historia. Organismos internacionales advirtieron desde hace décadas que el maltrato infantil no solo vulneró derechos fundamentales, sino que también dejó secuelas profundas que impactaron en el desarrollo emocional, psicológico y social de quienes lo padecieron.
Lejos de tratarse de hechos aislados, el maltrato infantil adoptó múltiples formas y se manifestó tanto en el ámbito familiar como en otros espacios de socialización. Castigos físicos, violencia psicológica, negligencia, humillaciones y abusos conformaron un entramado de prácticas que, en muchos casos, permanecieron invisibilizadas o naturalizadas, dificultando su detección temprana y abordaje.
Las consecuencias de estas situaciones se proyectaron a lo largo del tiempo. Estudios internacionales señalaron que la exposición reiterada a la violencia durante la infancia incrementó el riesgo de desarrollar trastornos conductuales, dificultades en los vínculos afectivos, problemas de salud mental y obstáculos en los procesos educativos, profundizando escenarios de desigualdad y exclusión social.
En ese contexto, un informe al que accedió Diario NCO dio cuenta de la preocupación existente en el Hospital Simplemente Evita, ubicado en la localidad de González Catán, ante el incremento de casos de maltrato infantil detectados en el ámbito sanitario. Los datos relevados evidenciaron la magnitud de una problemática que atravesó de manera transversal a distintos sectores sociales del partido de La Matanza.
Un estudio que puso el foco en la realidad local
El documento señaló que el sistema de salud suele convertirse en una de las primeras puertas de entrada para la detección de situaciones de violencia, especialmente en los casos más graves.
Allí, profesionales advirtieron lesiones físicas, indicadores de negligencia y signos de abuso psicológico que requirieron intervenciones interdisciplinarias y la activación de los mecanismos de protección correspondientes.
Según el informe, la complejidad del maltrato infantil exige una mirada integral que contemple no solo la atención médica inmediata, sino también el acompañamiento psicológico y social de las víctimas y sus entornos familiares, con el objetivo de interrumpir los ciclos de violencia.
Las múltiples secuelas del maltrato en la infancia
Por otra parte, el relevamiento indicó que el impacto del maltrato infantil varió según la edad, la frecuencia de los episodios y el vínculo con la persona agresora. En niñas y niños de corta edad, las agresiones se tradujeron en dificultades para establecer vínculos de apego, baja autoestima, alteraciones en el sueño y en la alimentación, así como retrasos en el desarrollo psicomotor y manifestaciones psicosomáticas.
En preadolescentes y adolescentes, las consecuencias adoptaron otras formas. El informe mencionó conductas de aislamiento, bajo rendimiento escolar, hiperactividad, miedo generalizado, rechazo del propio cuerpo, agresividad e incluso síntomas de depresión. En algunos casos, estas situaciones derivaron en la fuga del hogar o en la exposición a otros contextos de vulnerabilidad.
Especialistas coincidieron en que la posibilidad de acceso a asistencia psicológica y redes de contención resultó determinante para mitigar estas secuelas. Sin embargo, remarcaron que la intervención tardía redujo significativamente las posibilidades de reparación del daño.
Protección integral y rol de las familias
Por otro lado y en cuanto al abordaje del maltrato infantil, el reporte expuso que requirió el , del compromiso activo de las familias y de los adultos responsables. Generar espacios de escucha, interesarse por la vida cotidiana de niñas y niños y resguardarlos de los conflictos propios del mundo adulto aparecieron como factores clave para la prevención.
En ese sentido, organismos internacionales destacaron la importancia de promover estrategias de crianza positivas, basadas en el cuidado, el respeto y la contención emocional. La creación de entornos seguros y protectores fue señalada como una condición indispensable para garantizar un desarrollo integral.
Asimismo, el rol de los equipos profesionales resultó central. Psicólogos, trabajadores sociales y agentes de salud contaron con herramientas específicas para diseñar programas de prevención, detección temprana y acompañamiento, tanto para las víctimas como para sus familias.
Políticas públicas y marco normativo
En el plano local, La Matanza cuenta con un Sistema Integral de Promoción y Protección de Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes, orientado a la inclusión social de jóvenes en situación de vulnerabilidad. Este dispositivo articula sedes territoriales, subsedes y espacios comunitarios con el objetivo de garantizar el acceso a derechos y acompañar trayectorias de vida.
A nivel nacional, la Ley incorporó la Convención sobre los Derechos del Niño, estableciendo el interés superior de niñas y niños como principio rector. La normativa obliga al Estado a adoptar medidas legislativas, administrativas, sociales y educativas para protegerlos frente a toda forma de violencia y maltrato.
No obstante, el informe advirtió que la erradicación del maltrato infantil continúa siendo un desafío de largo plazo. La necesidad de fortalecer los registros, visibilizar las denuncias y garantizar el cumplimiento efectivo de las políticas públicas aparece como un paso indispensable para avanzar en la protección real de la infancia.
Fuente fotografías: redes sociales.
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