
Un estudio del CONICET y una universidad francesa reveló mecanismos celulares desconocidos asociados al uso prolongado de L-Dopa, el tratamiento estándar de la enfermedad, y abrió la posibilidad de desarrollar estrategias terapéuticas más integrales.
Por Florencia Belén Mogno.
El Parkinson fue identificado como una de las enfermedades neurodegenerativas más frecuentes a nivel mundial y afectó principalmente a personas mayores de 60 años. Se caracterizó por la pérdida progresiva de neuronas productoras de dopamina, un neurotransmisor clave para el control del movimiento y otras funciones cognitivas esenciales.
Los síntomas motores, como temblores, rigidez muscular y lentitud de movimientos, constituyeron el rasgo más visible de la patología, aunque con el avance de la enfermedad también aparecieron alteraciones cognitivas, emocionales y del equilibrio. Estas manifestaciones impactaron de manera significativa en la calidad de vida de quienes la padecieron.
Desde fines de la década del sesenta, la levodopa —conocida como L-Dopa— fue considerada el tratamiento más efectivo para aliviar los síntomas del Parkinson. Su capacidad para convertirse en dopamina dentro del cerebro marcó un hito en la historia de la medicina neurológica y transformó el abordaje terapéutico de la enfermedad.
Un tratamiento efectivo con efectos secundarios persistentes
A pesar de su eficacia, el uso prolongado de L-Dopa estuvo asociado a la aparición de efectos adversos, como disquinesias, fluctuaciones en la respuesta al fármaco y algunos síntomas cognitivos. Estos fenómenos despertaron interrogantes sobre los mecanismos subyacentes que los provocaron.
En ese contexto, un estudio realizado por investigadores del CONICET y de la Universidad Grenoble Alpes, publicado en la revista científica npj Parkinson’s Disease del grupo Nature, aportó nuevas evidencias sobre la acción del fármaco a nivel celular, según el artículo al que accedió Diario NCO.
El trabajo fue desarrollado por equipos del Centro de Investigaciones en Química Biológica de Córdoba (CIQUIBIC, CONICET-UNC) y de un laboratorio francés, y permitió identificar interacciones hasta ahora desconocidas entre la L-Dopa y la estructura interna de las neuronas.
Microtúbulos, sinapsis y un mecanismo inesperado
Los científicos demostraron que la L-Dopa pudo incorporarse a los microtúbulos neuronales, componentes esenciales del citoesqueleto celular que funcionaron como “rieles” para el transporte interno de sustancias y el mantenimiento de las sinapsis.
Según el estudio publicado, esta incorporación alteró la dinámica normal de los microtúbulos, reduciendo su capacidad de ingresar a las espinas dendríticas, estructuras fundamentales para la comunicación entre neuronas. Como consecuencia, se observó una pérdida progresiva de espinas sinápticas.
El investigador del CONICET Gastón Bisig explicó en el trabajo que esta inestabilidad sináptica podría estar vinculada con los efectos secundarios que aparecieron tras años de tratamiento continuo con L-Dopa, una hipótesis que permitió repensar el impacto a largo plazo del fármaco.
Ensayos experimentales y validación del hallazgo
Para comprobar estos mecanismos, los equipos científicos trabajaron con cultivos primarios de neuronas obtenidas de modelos murinos, que fueron tratadas con L-Dopa bajo condiciones controladas. Mediante microscopía de alta resolución, se analizaron cambios en la forma y cantidad de espinas dendríticas.
Además, se utilizaron neuronas modificadas genéticamente que no podían incorporar L-Dopa en los microtúbulos, lo que permitió confirmar que los efectos negativos sólo se produjeron cuando esa integración ocurrió efectivamente.
De acuerdo con el estudio al que accedió NCO, también se realizaron ensayos bioquímicos en sistemas purificados, donde se observó que, una vez incorporada, la L-Dopa no pudo ser removida fácilmente por las enzimas celulares, lo que sugirió que el cambio estructural persistió en el tiempo.
Hacia terapias más integrales para el Parkinson
Los autores del trabajo señalaron que la L-Dopa continuó siendo una herramienta indispensable para el tratamiento de los síntomas motores del Parkinson. Sin embargo, los resultados obtenidos abrieron la posibilidad de pensar estrategias terapéuticas complementarias.
Entre las líneas futuras se destacó la posibilidad de diseñar tratamientos que protegieran los microtúbulos o impidieran la incorporación de L-Dopa en estas estructuras, con el objetivo de preservar la plasticidad sináptica y reducir el deterioro neuronal.
El estudio también puso en valor la cooperación internacional entre equipos argentinos y franceses, que integraron enfoques experimentales complementarios y fortalecieron el desarrollo de conocimiento aplicado a una de las enfermedades neurodegenerativas más estudiadas a nivel global.
Fuente fotografías: Conicet.
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