
El comercio minorista de la Ciudad de Buenos Aires profundizó durante el último período un proceso de deterioro sostenido, con niveles de ocupación que marcaron el punto más bajo desde 2022.
Por Florencia Belén Mogno
A lo largo de los últimos años, el entramado comercial minorista se vio atravesado por transformaciones profundas vinculadas al contexto económico, los cambios en los hábitos de consumo y las dificultades para sostener la actividad en locales a la calle. Esta combinación de factores configuró un escenario complejo para comerciantes y pequeños negocios.
En ese marco, la presencia de persianas bajas y vidrieras vacías se consolidó como una imagen recurrente del paisaje urbano. La persistencia de estos espacios desocupados no sólo reflejó la caída del consumo y el aumento de costos, sino también una reconfiguración del uso del espacio comercial que aún no encontró un nuevo equilibrio.
En ese aspecto y según el último informe del Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires (IPEC), al que accedió Diario NCO, la tasa de ocupación de locales comerciales se ubicó en el 90,1 por ciento en la Ciudad de Buenos Aires. Este registro implicó que casi uno de cada diez locales relevados permaneció desocupado durante el período analizado.
Una ocupación en descenso sostenido
El documento indicó que esta cifra representó la quinta caída consecutiva en la comparación interanual y un retroceso de 0,7 puntos porcentuales respecto del cuatrimestre anterior. En términos absolutos, el relevamiento detectó 1.553 locales sin actividad sobre un total de 15.636 unidades observadas.
En relación con lo expuesto anteriormente, el reporte facilitado a este medio señaló que la información relevada dio cuenta de una tendencia sostenida a la baja que afectó de manera transversal al comercio minorista.
Lejos de tratarse de un fenómeno aislado, la disminución de la ocupación se inscribió en un proceso prolongado que comenzó tras la pandemia y que continuó profundizándose en un contexto macroeconómico adverso.
Desigualdades territoriales y zonas críticas
Asinisno, el estudio también subrayó las marcadas diferencias entre las distintas áreas de la Ciudad. La situación más crítica se concentró en el Microcentro, que volvió a consolidarse como el principal foco de vacancia comercial. En esa zona, la tasa de desocupación alcanzó el 36,8 por ciento, lo que significó que más de un tercio de los locales se encontró vacío o sin uso.
Este fenómeno se repitió por undécimo cuatrimestre consecutivo y reflejó el impacto persistente de los cambios en los hábitos laborales y de consumo, especialmente la reducción de la presencialidad en oficinas y el traslado de actividades hacia otros barrios. El corazón histórico y financiero de la Ciudad continuó sin lograr una recuperación sostenida.
En términos generales, la desocupación promedio se ubicó en el 9,9 por ciento, aunque con fuertes contrastes internos. La Zona Sur presentó el escenario más delicado, con una tasa del 12,2 por ciento, mientras que el Oeste registró el nivel más bajo de locales vacíos, con un 8,6 por ciento, lo que evidenció realidades comerciales muy dispares dentro del mismo distrito.
Más cierres que aperturas
A su vez, la dinámica de apertura y cierre de locales reforzó el diagnóstico de contracción. El informe del IPEC señaló que la tasa de cierre superó ampliamente a la de apertura en casi todas las zonas de la Ciudad, lo que dio cuenta de la dificultad para sostener la actividad comercial.
En promedio, se registraron 14,2 cierres por cada mil locales, frente a apenas 4,9 aperturas por cada mil. Esta brecha dejó en evidencia un saldo negativo persistente que afectó la renovación del tejido comercial urbano.
En tanto las zonas Norte y Centro mostraron la diferencia más pronunciada, con nueve cierres netos por cada mil locales. Este indicador reflejó de manera directa las tensiones que enfrentaron los comerciantes para mantener sus negocios abiertos en un contexto de caída del consumo, aumento de costos y menor circulación de público.
Corredores que resistieron la crisis
A contraposición de la tendencia general, algunos puntos comerciales lograron sostener niveles elevados de ocupación. El eje Avellaneda se mantuvo como el polo más activo de la Ciudad, con una tasa de ocupación del 96,6 por ciento y una densidad de 46,4 locales por cuadra, casi el doble del promedio general.
Otros corredores que exhibieron buenos niveles de ocupación fueron Nazca y Caballito, ambos en torno al 96 por ciento. Estos espacios concentraron una fuerte actividad comercial, impulsada por un alto flujo de consumidores y una oferta orientada a rubros de consumo masivo.
Estos casos evidenciaron que, aun en un contexto adverso, ciertos territorios lograron adaptarse mejor a las nuevas condiciones del mercado. La especialización comercial, la concentración de oferta y la accesibilidad aparecieron como factores clave para sostener la actividad.
Rubros predominantes en el comercio porteño
En cuanto a la composición de los locales ocupados, el informe indicó que el rubro Indumentaria, textiles y calzado continuó siendo el más representativo, al concentrar el 24,3 por ciento del total. Su presencia resultó particularmente fuerte en la Zona Oeste, donde alcanzó el 32,3 por ciento, impulsada por ejes como Avellaneda.
En segundo lugar se ubicó el rubro Alimentos y bebidas, con el 15,4 por ciento de los locales, especialmente concentrados en los corredores del Sur y del Norte de la Ciudad. El tercer puesto correspondió a Alojamiento y comida, con un 11,3 por ciento, lo que reflejó el peso de la gastronomía en determinadas zonas.
El relevamiento del IPEC se basó en una observación visual de 53 ejes comerciales y excluyó galerías, shoppings y puestos callejeros. Esta metodología permitió ofrecer una fotografía precisa de la salud del comercio minorista a nivel de calle en la Ciudad de Buenos Aires, en un contexto marcado por la persistencia de locales vacíos y la reconfiguración del mapa comercial urbano.
Fuente fotografías: IPEC.
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