
Entre la herencia familiar, la infancia y las primeras canciones, el artista reconstruyó el punto de partida de un camino creativo que aún sigue en expansión.
Por Belén Belén Mogno
La música suele ingresar en la vida de las personas antes de cualquier decisión consciente. Aparece como un sonido cotidiano, como una presencia constante que acompaña la infancia y se vuelve parte del paisaje emocional. En esos primeros años, las canciones no se analizan ni se eligen: simplemente se absorben y dejan una huella profunda.
Con el paso del tiempo, ese contacto inicial puede transformarse en una pregunta más compleja. Lo que antes era costumbre se convierte en curiosidad, y luego en búsqueda. Aparece entonces la necesidad de comprender qué produce ese lenguaje invisible que conmueve, ordena la experiencia y despierta el deseo de crear.
En ese recorrido, la música también funciona como refugio. No solo como expresión artística, sino como espacio de pertenencia y memoria afectiva. Las canciones se vuelven puentes entre lo vivido y lo imaginado, entre lo heredado y lo propio.
En ese marco se desarrolla el recorrido de Nicola, músico y compositor, quien habló con Diario NCO sobre su primer contacto con la música, la impronta familiar y la forma en que ese vínculo temprano marcó su manera de crear.
Una vida con la música
¿Cómo y en qué contexto apareció tu primer vínculo con la música, y qué lugar ocupa hoy ese recuerdo en tu identidad artística?
Nicola: El contacto con la música viene desde muy pequeño en casa de mis abuelos maternos, donde se escuchaba tango desde la mañana hasta la noche. Luego fui descubriendo otras influencias pero el contacto fue a temprana edad y agradezco a los dioses que me haya tocado nacer en esa casa tanguera.
¿En qué momento sentiste que el deseo de hacer canciones dejaba de ser una idea lejana para convertirse en un sueño concreto?
Nicola: Cuando fui capaz de escribir una letra para un primer demo. Ahí me dije para mí mismo: «Qué buen misterio éste de hacer canciones». Me da mucha satisfacción.
Y en esa línea, cuando mirás hacia atrás, ¿qué aprendiste de aquellas primeras experiencias de composición y qué sensaciones todavía te acompañan?
Nicola: Conservo el recuerdo de cada canción, de cómo surgió la idea y hasta donde llegó. Es como un niño que empieza a caminar, luego a leer y a escribir. Así me sucede cuando siento que una canción avanza, es una sensación hermosa.
Por otra parte, ¿cuándo percibiste que la música dejó de ser solo una pasión para transformarse en un pilar fundamental de tu vida?
Nicola: Una vida sin música sería un error dijo Niezstche, y cuánta razón lleva esa frase. Es un pilar muy importante en mi familia con lo cual es una especie de salvación para mi. Tengo la suerte de tener el tiempo y la dedicación de hacer canciones y eso es una suerte de salvación.
¿Qué canciones funcionan como hitos emocionales en tu recorrido personal y artístico, y por qué esas en particular?
Nicola: Ya que estamos en época mundial «Notte Magiche» de Gianna Nannini. Ese himno que escribió para el mundial 90 es impactante. Un tango de Floreal Ruiz llamado «Un infierno» que cantábamos siempre con mi madre y «Había una vez» del Indio. Creo que también me pasó lo que yo interpreto en esa poesía.
A modo de conclusión y pensando en el presente, ¿dónde sentís que están hoy tus sueños y cómo vivís esta etapa del camino creativo?
Nicola: Mis sueños son un montón, me los voy a guardar para mí, lo que te puedo contar es que disfruto mucho de esta etapa de mi vida a la cual le estoy dedicando tiempo y esfuerzo. El tiempo dirá si mi sueño secreto se cumple.
En el recorrido de Nicola, la música apareció menos como una meta y más como un modo de estar en el mundo. Lejos del gesto grandilocuente, su vínculo con las canciones se sostuvo en la constancia, en la memoria afectiva y en una relación honesta con el proceso creativo.
A lo largo del tiempo, su trayectoria se fue construyendo desde la experiencia, el aprendizaje y la escucha, entendiendo a la creación como un espacio de crecimiento personal antes que como un resultado inmediato. Esa mirada le permitió habitar cada etapa con atención y compromiso.
Hoy, Nicola transita un presente marcado por el disfrute y la dedicación, donde los sueños no se enunciaron como certezas sino como horizontes abiertos. En esa calma activa, la música continuó siendo refugio, motor y una forma íntima de proyectarse hacia lo que vendrá.
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