
Desde los primeros conciertos hasta la composición de sus primeras canciones, el legendario artista construyó un camino musical que combina pasión, compromiso y homenaje a sus referentes más cercanos.
Por Florencia Belén Mogno
La música no solo acompaña la vida de quienes la practican, sino que también puede actuar como espejo y guía durante la infancia y la adolescencia. Los primeros contactos con sonidos, instrumentos y géneros específicos producen recuerdos imborrables que configuran la sensibilidad artística y definen gustos y estilos personales.
En ese sentido y a través de estas experiencias tempranas, es que finalmente resulta posible construir un vínculo con la creatividad y con el arte como espacio de exploración como así también de expresión.
El contacto con la música en vivo y la observación de artistas en escenarios pequeños o grandes contribuye al aprendizaje y a la formación de identidad musical. La participación en conciertos, aunque sea como espectador, permite percibir la energía de la interpretación, la interacción con el público y el poder transformador de las canciones. Estos momentos suelen despertar la curiosidad y motivar a la práctica de un instrumento o la experimentación compositiva.
La consolidación de un camino artístico requiere tiempo, constancia y apoyo de referentes significativos. Los encuentros con músicos, el aprendizaje de técnicas y estilos, y la exposición a distintas formas de expresión son parte de un proceso que combina disciplina, inspiración y oportunidad. Transformar la pasión por la música en una trayectoria concreta implica comprender la importancia de cada paso y de cada experiencia vivida.
En este conxto una figura clave es la del consagrado artista Javier Calamaro, músico con una carrera consolidada y heredero de una historia familiar vinculada al arte, quien dialogó con Diario NCO sobre sus primeros recuerdos musicales, los conciertos que marcaron su infancia y la manera en que sus sueños se fueron concretando a lo largo de los años.
Una leyenda musical
En cuanto a los inicios, ¿cuándo y cómo fue tu primer contacto con la música o el arte? ¿Qué sensaciones guardás de aquél momento?
J.C: Mis primeros contactos con la música vinieron de la mano de mi hermana Eve, 22 años mayor que yo. Ella también es música y musicoterapeuta. En ese momento estaba en pareja con Carlos Núñez Cortés, pianista de Les Luthiers, entonces yo vi la gestación de ese grupo hermoso de artistas enormes cuando todavía se llamaban I Musicisti; o sea, incluso antes de llamarse Les Luthiers.Tengo unos recuerdos vagos de ellos ensayando en la casa de mi familia. Yo dormía en el living y ellos ensayaban ahí. Después de eso tengo imágenes más concretas de cuando mi papá me llevó al Luna Park a ver a Carlos Santana en su primera visita al país y eso fue más fuerte y me llevó a que empiece a juguetear con la música; pero que yo recuerde, las primeras canciones con letra y música las hice recién a los 11 años. Recuerdo claramente todos los primeros conciertos que vi. Mi memoria de esa época, hasta el año 75, sólo se remite a eso. Los conciertos de mi hermana también eran muy fuertes porque ellos hacían folklore pero estaban proscritos por el gobierno de López Rega. Recuerdo puntualmente un concierto en San Telmo, en un lugar que era una especie de sótano, donde paró un Falcon de esa época y tiraron bombas de gas lacrimógeno mientras estábamos todos adentro. Yo era muy chiquito y fue un contacto con la música muy fuerte, me ayudó a tener a la música como un referente de algo revolucionario y contestatario.
Por otro lado, ¿cuándo y de qué manera viste reflejado en concreto tu primer sueño con la música?
J.C: En la escuela primaria tenía un mejor amigo llamado Julián Benjamín y recuerdo un concierto que hicimos para amenizar el cumpleaños de su hermanita menor. Yo tenía 11 años en ese momento. Ya teníamos canciones propias, incluso había una que era una especie de oda al punk. Era el año 77, yo ya escuchaba a los Sex Pistols. En el cumple eran todos nenes de 8/9 años y por supuesto los chiquitos casi se mueren de un infarto, por suerte tenían corazones fuertes. Una de nuestras canciones era una versión de De Nada Sirve, donde cantaba todo el tiempo la misma estrofa y el resto eran todas un homenaje a los Pistols y al punk en general. Así empezó mi carrera musical.
Y en ese aspecto, ¿qué conservas de aquella experiencia?
J.C: De esa experiencia conservo un recuerdo muy chistoso. También me quedo con que esas cosas atrevidas que uno hace, sabiendo que no le está faltando el respeto a nadie, van a ser lindos recuerdos para acompañarlo a uno toda la vida.
En sintonía, ¿en qué momento sentiste que la música marcó tu vida o la transformó?
J.C: Yo estoy casado con la música, desde siempre y de por vida. No siento que me haya salvado, sino que siempre fui esto. Puedo hacer un montón de cosas más y de hecho hago cosas tratando de convencerme de que lo necesito, pero la verdad es que la música por sí sola me completa. Siempre me acompañó, siempre me salvó la cabeza ante cada golpe de la vida. Siempre tuve la música ahí para reflejarme. Nunca caí tan bajo con drogas, ni con depresiones, o con violencia de ninguna clase. Si tuviese que enumerar las pequeñas cosas por las cuales la música le dio sentido a mi vida no podría hacerlo, serían infinitas. Casi todos los días agradezco por esta vida que tengo como músico, como artista.
Fuente fotografías: redes sociales
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