
La cantautora presentó el adelanto de su próximo disco acompañado de un videoclip dirigido. La canción mezcla dream pop y rock para plantear una reflexión sobre la libertad y la búsqueda identitaria.
Por Florencia Belén Mogno
En los últimos años, distintas expresiones artísticas abordaron con fuerza la idea de la libertad como un territorio en permanente construcción. Esta perspectiva enriqueció el entramado cultural latinoamericano, que se nutrió de obras capaces de interpelar al público desde lo sensorial y lo introspectivo.
En particular, la escena musical sumó producciones donde la poética y la experimentación se fusionaron para dar lugar a nuevos lenguajes. Este cruce abrió caminos estéticos que permitieron explorar emociones profundas sin perder accesibilidad.
Asimismo, el desarrollo tecnológico y la consolidación de plataformas audiovisuales potenciaron la presencia de lanzamientos que integraron sonido e imagen para articular relatos más complejos.
En este marco, la cantautora chilena Kella Stambuk presentó su nuevo single “Aves Errantes”, un lanzamiento que combina sensibilidad, potencia estética y una construcción sonora minuciosa. La artista habló con Diario NCO y profundizó en las claves de esta propuesta que anticipa su próximo disco.
Creatividad musical constante
“Aves Errantes” se presenta como una oda a la libertad y la búsqueda de la identidad. ¿Qué emociones o experiencias personales inspiraron la composición de esta canción?
K.S: “Aves Errantes” nació de un momento de tránsito, de esos en que el alma siente la necesidad de soltar y volver a empezar. Es una canción que habla del vuelo interior, de aprender a moverse sin certezas, pero con fe en la intuición. Surgió después de un tiempo de cambios muy profundos, donde tuve que reconocer mis propias sombras para poder transformarlas. Es, de alguna forma, una carta de reconciliación conmigo misma y con la libertad de ser.
En este nuevo single lográs un equilibrio entre lo cinematográfico, el dream pop y el pop alternativo. ¿Cómo fue el proceso creativo para encontrar esa mezcla de sonidos y atmósferas tan particular?
K.S: Siempre me atrae crear paisajes sonoros que despierten imágenes, casi como si la canción fuera una película que se escucha. En este caso, el proceso fue muy intuitivo: quería que el sonido reflejara esa sensación de vuelo y melancolía que habita en el tema. Experimentamos con texturas etéreas, sintetizadores envolventes y capas vocales que se entrelazan, buscando ese punto donde lo emocional se vuelve atmósfera. Fue un trabajo de alquimia entre lo sensorial y lo espiritual.
El videoclip propone una metáfora visual muy poderosa sobre el alma que busca elevarse. ¿Cómo surgió la idea de este concepto y qué querías transmitir con las imágenes?
K.S: El video nació como una extensión natural de la canción. Quería representar ese impulso de elevarse, incluso cuando todo pesa. Trabajamos la idea de una figura que atraviesa distintas etapas del desapego, como si cada escena simbolizara una capa que se desprende. Hay una búsqueda de lo esencial, de lo que queda cuando el ruido se disuelve. Las imágenes fueron pensadas como un viaje visual hacia la ligereza, hacia el encuentro con la propia esencia.
En tus trabajos anteriores ya se percibía una fuerte conexión entre lo emocional y lo poético. ¿Sentís que “Aves Errantes” representa una evolución en tu manera de escribir y de interpretar tus canciones?
K.S: Sí, totalmente. Creo que con “Aves Errantes” logré una honestidad distinta, más despojada. Antes solía escribir desde la metáfora, desde una cierta distancia poética. Esta vez me animé a mostrar más vulnerabilidad, a cantar desde un lugar más transparente. Siento que es un paso hacia una madurez emocional y artística, donde lo poético no es un refugio sino una manera de abrazar la verdad.
Con una trayectoria que incluye giras por Chile y México, ¿cómo sentís que el contacto con distintos públicos ha influido en tu crecimiento artístico y en la forma en que concebís tu música hoy?
K.S: Viajar y compartir la música en distintos lugares me mostró que las emociones no tienen fronteras. En cada escenario y en cada público encontré una vibración diferente, pero el mismo anhelo de conexión. Eso me hizo entender que la música es un lenguaje espiritual, un puente. Hoy compongo pensando menos en los géneros y más en la energía que quiero transmitir. Me interesa que cada canción sea un espacio de encuentro, un pequeño refugio para quienes también buscan volar.
Por último, este single es, además, un adelanto de tu próximo disco. ¿Podés contarnos qué se puede anticipar de ese nuevo material y qué caminos sonoros o temáticos estás explorando?
K.S: El disco que viene es un viaje interno. Habla del movimiento, del renacer, de la conexión con lo invisible. Cada canción tiene su propio universo, pero todas se entrelazan en una búsqueda de identidad y de trascendencia. Sonoramente explora más la fusión entre lo electrónico y lo orgánico, con una mirada cinematográfica y emocional. Es un trabajo que siento como un ritual, una forma de sanar a través del sonido.
Fuente fotografías: prensa Kella Stambuk.
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