
Un informe elaborado por el CONICET e investigadoras del Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores de la Universidad Nacional de La Plata abordó los aspectos claves de esta problemática.
Por Florencia Belén Mogno
Los parásitos intestinales se consolidan como un problema de salud pública directamente asociado a las condiciones socioambientales. La falta de acceso a agua potable, el escaso desarrollo de redes cloacales y el hacinamiento en los hogares crean un terreno fértil para que estas infecciones se multipliquen.
En ese sentido, cabe mencionar y remarcar que aunque suelen considerarse afecciones menores, los especialistas advierten que su impacto puede ser profundo, sobre todo en comunidades vulnerables.
El aumento de estas parasitosis también revela un costado de la desigualdad estructural en Argentina: los sectores con mayores carencias son quienes enfrentan los riesgos más altos. Allí donde no hay políticas sanitarias sostenidas ni infraestructura básica, la población queda expuesta a enfermedades que podrían prevenirse con medidas relativamente simples, como el acceso universal a agua segura.
En ese sentido y de acuerdo con la información a la que tuvo la oportunidad de acceder Diario NCO, un informe reciente elaborado por investigadoras del Centro de Estudios Parasitológicos y de Vectores (Cepave), dependiente de la Universidad Nacional de La Plata y el Conicet, se analizó la relación entre factores sociales y ambientales y la presencia de parásitos intestinales.
El trabajo se llevó adelante en provincias como Buenos Aires, Chubut, Corrientes, Entre Ríos, Formosa, La Pampa, Mendoza, Misiones y Salta, con un foco especial en el Conurbano bonaerense.
Resultados del estudio y hallazgos principales
Los resultados del estudio mostraron la presencia de parásitos patógenos o potencialmente patógenos, como Giardia lamblia y Blastocystis sp.. También se identificaron especies que no requieren tratamiento pero cuya detección indica contaminación fecal en el ambiente, como Entamoeba coli y Endolimax nana.
En localidades de la zona sur del Gran Buenos Aires, como Villa Itatí y Santa Lucía (Quilmes), se elaboró un primer diagnóstico para determinar cómo influyen las condiciones socioambientales en la transmisión de estas infecciones. Entre los factores más preocupantes se encuentran la falta de conexión a agua de red, el acceso limitado a cloacas y la concentración de familias en viviendas reducidas.
La investigadora Lorena Zonta explicó en el estudio que “las condiciones biogeográficas juegan un rol importante en la distribución de las parasitosis intestinales. En Argentina esta distribución es heterogénea: hay mayor prevalencia en el norte que en el sur, y lo mismo se observa de este a oeste”.
De esta manera, resulta fundamental señalar que este panorama pone de manifiesto que no se trata de una problemática aislada, sino de un fenómeno con patrones claros vinculados al entorno.
Riesgos para la salud y poblaciones más afectadas
La situación resulta crítica porque estas infecciones pueden derivar en enfermedades gastrointestinales, pérdida de peso, retraso en el crecimiento infantil y otros problemas de salud que afectan la calidad de vida de las personas. Pese a ello, la Organización Mundial de la Salud considera a las enteroparasitosis como una de las enfermedades infecciosas “desatendidas”.
Zonta subrayó que, desde hace más de dos décadas, se estudia la complejidad de este fenómeno. “La mayoría de estas poblaciones no tiene conexión al servicio de agua y se ven obligadas a almacenarla o a conectarse informalmente a la red, lo cual representa un riesgo importante porque el agua es la principal vía de transmisión de las especies parásitas diagnosticadas”, advirtió.
Para prevenir estas infecciones, los especialistas recomiendan reforzar hábitos de higiene personal y del hogar, consumir alimentos frescos y bien cocidos, controlar la humedad en las viviendas y reducir la presencia de insectos como moscas o cucarachas. También es clave la desparasitación periódica de los animales domésticos y el lavado frecuente y correcto de manos.
El informe concluyó que, aunque la parasitosis intestinal suele pasar desapercibida en el diagnóstico clínico, sus síntomas (dolor abdominal, diarrea, flatulencia, heces malolientes) deben ser atendidos con seriedad. Sin mejoras estructurales en el acceso al agua segura y en las condiciones de saneamiento, este problema continuará, afectando a las comunidades más vulnerables.
Fuente fotografías: Conicet.
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