
En el marco de la organización del Festival de cine Fecorin, Enrique Fraquelli charló con No te Duermas para difundir y convocar a todo el que quiera formar parte del proyecto en busca de sumar más aficionados al arte.
Por Giuliana Salmonte Siciliano
Gmail: giulianasalmontesiciliano@gmail.com
En primer lugar, el organizador aseguró que la experiencia que se desarrollará en González Catán marca un hito en la zona. “Es el primero que se hace seriamente porque nosotros hemos armado toda una estrategia de trabajo con profesionales que van a venir a dar charlas. No es solamente un proyector y pasar algunos cortometrajes”, explicó, en referencia a la propuesta que busca darle un marco profesional a las producciones locales.
Enrique Fraquelli es parte del taller audiovisual que funciona desde 2018 en el barrio Las Nieves, dentro de la Asociación Civil Mujeres de Barro. Allí, junto a vecinos y vecinas de distintas edades, han logrado realizar más de 25 cortometrajes, varios de ellos reconocidos internacionalmente, como El último hombre sobre la tierra, distinguido incluso en Hong Kong.
La iniciativa nació porque había muchas personas relacionadas al cine que realizan cortos que quizás no tienen el gran desempeño tecnológico por una cuestión económica, o no tienen el mejor sonido. Todo esto hace que no sean elegibles para una competencia, pero, aún así, tienen mucho valor y esfuerzo detrás. Ahí es cuando decidieron generar el espacio, porque nadie lo iba a generar.
De allí surgió Fecorin, lanzado a principios de este año con tres secciones: una competencia de videoclips, otra de competencia internacional de cortometrajes y una muestra no competitiva llamada Cortos de acá, dedicada exclusivamente a producciones matanceras. En este último caso, aunque no habrá premios tradicionales, sí se otorgarán menciones de honor para alentar a los realizadores.
El taller en el que se formó el proyecto funciona cada martes en la casa de Alicia Aguiar, referente barrial y abuela de la actual presidenta de Mujeres de Barro, Andrea Podestá. “Ese espacio ya venía trabajando socialmente. Alicia era manzanera y dejó su casa para que se utilice con fines sociales. Con el tiempo se convirtió en un lugar sociocultural donde hoy, además de contención social, hay contención cultural y artística. Creemos que el arte es un agente transformador y que muchas cuestiones vinculadas a la seguridad o la educación tienen su génesis en el arte”, destacó.
Para el organizador, la clave es aprovechar el vínculo con las nuevas generaciones ya que lo audiovisual es todo hoy en día, y los más jóvenes están todo el tiempo en las redes sociales. Por eso, la idea de Fecorin es mostrar que eso se puede utilizar para algo positivo, no solamente para hacerse famoso haciendo cualquier cosa.
El festival cuenta con el apoyo del Centro Universitario de Innovación (CUDI) de González Catán, que cedió su auditorio con capacidad para 300 personas, además de equipos de proyección y sonido. También acompañan el municipio, la Asociación Civil Mujeres de Barro y la Unión de Comunicadores Audiovisuales y Afines (UCAYA).
En la previa de los que serán dos días muy intensos y cargados, ya cuentan con más de 100 reservas previas de realizadores y allegados, por lo que calculan que las dos jornadas estarán repletas. El cronograma arranca este miércoles a las 14 con la apertura de puertas. A las 15 se dictará la primera charla magistral a cargo de Salvador Batalla, psicólogo y fotógrafo oficial de la Bersuit.
Luego se presentará la sección competitiva de videoclips y, más tarde, Lauro Rakocki, licenciado en comunicación y guión cinematográfico, brindará una masterclass sobre escritura de guiones. Más allá de esto, Enrique subrayó que Fecorin es el resultado de un trabajo colectivo y sostenido desde el barrio.
Una historia de vida convertida en cine
Uno de los proyectos más significativos que impulsa el taller audiovisual es un largometraje basado en la experiencia de una de sus alumnas de mayor edad. “Con ella estamos realizando una docuficción que teatraliza parte de su historia. Ella sufrió violencia de género durante 48 años y lo está contando en una obra que se llamará 48 años y un día dije basta”, adelantó.
El organizador resaltó que la protagonista decidió compartir su historia para ayudar a otras mujeres a salir antes de situaciones similares y que puedan contarlo antes y no tener que esperar 48 años. Según indicó, este proyecto muestra cómo el cine puede transformarse en una herramienta de acompañamiento y concientización social.
De esta manera, el taller combina la formación audiovisual con el compromiso social, y genera producciones que no solo entretienen sino que también visibilizan problemáticas urgentes. “Creemos que el arte es un agente transformador”, insistió.
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