
El gobierno celebra el nuevo giro del FMI como un respaldo a su política económica, pero en su columna semanal de economía, Darío Banga advirtió que el nuevo préstamo es una jugada electoral y un retroceso hacia la lógica de los años 90.
Por Soledad Martínez
martinezgsoledad@gmail.com
El reciente desembolso del Fondo Monetario Internacional (FMI) fue presentado como un triunfo por parte del Gobierno nacional. Sin embargo, en su columna de economía del programa No Te Duermas, Dario Banga cuestionó con dureza el significado de este nuevo giro de fondos, al que definió como un agravante de la crisis estructural que atraviesa el país.
“Este desembolso no hace más que agudizar la crisis que está teniendo la Argentina”, afirmó Banga, quien consideró contradictorio endeudarse mientras se declara equilibrio fiscal. “Todos sabemos que un crédito, sea internacional o en pesos, no es bueno. Si tenés superávit en la balanza comercial y superávit fiscal, ¿por qué pedís un crédito? Porque no tenés superávit”, sentenció.
Desde su perspectiva, el apoyo del FMI responde a una estrategia geopolítica. Según Banga, el organismo busca asegurar un triunfo legislativo del oficialismo, representado por La Libertad Avanza, en los comicios del 7 de septiembre. “Quieren que gane las elecciones. Eso es sencillo y está claro”.
En esa línea, Banga vinculó el accionar del FMI con el posicionamiento geopolítico de Estados Unidos, y en particular, con las recientes declaraciones del candidato a embajador norteamericano en Argentina, Peter Lamelas. Durante su audiencia en el Senado de su país, Lamelas expresó su intención de reunirse personalmente con los gobernadores argentinos para monitorear de cerca la influencia de China, a la que calificó como una amenaza en términos de “corrupción estructural”.
También señaló, de forma llamativa, que trabajará para que Cristina Fernández de Kirchner “reciba la justicia que bien merece”, en referencia a las causas judiciales que enfrenta la expresidenta, lo que fue interpretado como una injerencia directa en la política interna argentina.
Lamelas afirmó además que su rol como embajador no será simplemente diplomático, sino político, y que apoyará el rumbo económico actual al considerarlo “alineado con los intereses estratégicos de Estados Unidos en la región”.
Para Banga, “nada es gratis” y este tipo de alineamientos implican el regreso a un FMI con peso político. “Volvimos al FMI de los 90”, dijo el economista, y recordó cómo en aquella etapa el organismo condicionaba la política nacional, promoviendo medidas como la privatización del sistema previsional y la venta de empresas públicas.
En su análisis, Banga también puso en duda la consistencia del “superávit fiscal” difundido por el Ejecutivo. Según explicó, se trata de un superávit artificial sostenido a través del “pateo de pagos”, en un contexto de déficit en la balanza comercial, baja de retenciones al agro, un tipo de cambio desalineado, y la pérdida de empleo genuino.
En este escenario, el acuerdo con el FMI parece ser, más que un alivio estructural, una herramienta de corto plazo para sostener políticamente al oficialismo hasta las elecciones. “El gobierno necesita una vez más del FMI para llegar a las elecciones”, concluyó Banga.
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