
Libros que cuentan historias hay muy pocos, y mucho menos de momentos tan delicados como la vida de esta escritora. Su infancia y adolescencia estuvo marcada por el abandono, primero de sus padres, y luego de los institutos de menores en los que estuvo que la enviaron a la casa que terminó siendo un calvario. Salir del sótano cuenta la vida de Nadia, una niña que comenzó sola y de a poco fue construyéndose hasta la actualidad.
Por Giuliana Salmonte Siciliano
“El título es una metáfora. Yo siempre me vi desde mi niñez muy metida en un sótano, algo que me costó mucho y desde chica, ya sabía que cuando sea adulta, si seguía con vida, iba a escribir esta historia”, relató cuando le preguntaron sobre el origen del título del libro. Rápidamente, contó que ella es nacida en la Capital Federal y desde muy temprana edad fue a parar a distintos institutos de menores porque su mamá la abandonó a ella y a sus cuatro hermanos, dos varones más grandes y dos niñas más chicas.
Sin embargo, al principio su mamá iba paulatinamente, es decir, iba al hotel en Congreso algunos días y se iba, hasta que los dejó encerrados solos y un día los vecinos dieron aviso a la policía, eso es lo poco que recuerda Nadia ya que solo tenía cuatro años. Su padre los había abandonado porque se fue con otra mujer, por lo tanto, siempre estuvieron en situaciones vulnerables.
Al hablar de su infancia tan precaria, la escritora tiene solo algunos recuerdos muy marcados que es que lloraba mucho, que orinaba en un tachito y que su hermano mayor iba a pedir a las panaderías si le daban algo para comer. Cuando fueron rescatados, los dos varones pasaron a vivir con sus tías, pero a las tres niñas las ubicaron en institutos de menores porque nadie de su familia se quiso hacer cargo de ellas, según cree, por la imagen de la mujer en ese entonces.
Al hablar de su paso por estos lugares, manifestó: “Yo me acuerdo que en el primero que caímos eran todas mujeres grandes y muchas tenían bebés. Después me llevaron a otro que era tipo evangelista y por algún motivo, a mi hermana más chica se la llevaron y yo me quede sola, hasta que les pedí que me traigan a mi hermana porque era chiquita y me necesitaba, osea yo era chica, pero hacía papel de mamá”.
Con tan solo 7 años, ya cumplía el papel de madre para sus hermanas y notaba su ausencia. El abandono, el desamparo y las carencias con las que siempre vivieron, para muchos de su familia se mantiene hasta hoy en día. En su libro, explica que uno de sus hermanos terminó la primaria de adulto, al contrario de Nadia que siempre tuvo ese instinto de estudiar, leer y hoy en día, tiene títulos universitarios que la ayudan a seguir adelante. “Yo siempre digo, en parte, de mi familia tampoco había ese amor, esa cosa, pero siempre decía, si mi mamá hizo lo que hizo, qué podía esperar de que algún familiar sea diferente”, lamentó.
La escritora le agradece mucho a los institutos en donde estuvo ya que no pasó ninguna situación fuera de lugar y aprendió a cumplir con las cuatro comidas básicas que también las tenía todos los días. En el Carlos Arenaza, que fue en el último que estuvo, guarda muchos momentos en su corazón ya que sentía que la mimaban, conoció la playa, se iban de vacaciones, tenían actividades, colonias, de todo, pero en un momento se enojó mucho ya que fueron quienes la enviaron con una familia sustituta.
“Hace poco hable con la asistente social que estaba ahí, el lugar ya cerró, ahora es un parque para chicos, y le comentaba que estuve muy enojada porque sentí que ellos también me abandonaron, nos dejaron a la deriva”, expresó sobre sus sentimientos de niña. Y agregó: “Recuerdo que cuando caí en esa familia de la mano de mi hermanita mas chiquita les dije si me podían llevar de nuevo al Arenaza y ellos me respondieron ‘Quedate tranquila que voy a hablar con la directora’, en ese momento yo me lo creí”.
Las horas, los días, los meses y los años posteriores fueron un calvario para las niñas. Esa gente de clase media, de San Miguel, con el hombre que pertenecía a la policía federal y trabajaba en la garita del instituto. Tenían cinco hijos y llegaron Nadia y su hermanita, luego llegó su otra hermana y después tres hermanitos más del Arenaza.
La ausencia de las instituciones y de la justicia la enojó por mucho tiempo a la escritora ya que nunca pudo entender como a nadie le llamaba la atención los cambios de psicóloga que tuvieron, por ejemplo, y las señas que hacían para expresarse. “Me acuerdo que una vez nos llevaron al instituto para darnos una charla sobre los abusos y yo me fui de la charla ¿A nadie le llamó la atención que una nena de 9 años se vaya?”, remarcó.
La historia de abuso en carne propia de Nadia Cornalino
En su paso por No te Duermas, la entrevistada no pudo evitar contar su realidad desde chica. Su relato fue estremecedor, con lágrimas en los ojos y respiraciones pausadas con las palabras justas como si lo estuviese viviendo mientras lo narra.
“Este hombre, el de la garita del instituto, era el que me abusaba, en mis sabanitas, en todo. Yo pude hablar con las otras chicas y una me confesó que él la llegó a violar”, lamentó. Su esposa, según la entrevistada, era cómplice porque cuando la asistente social iba a ir, avisaba con antelación y rápidamente, mandaba a bañar a todas y les ponía ropa limpia para disimular el mal estado.
Mientras se secaba las lágrimas y estas volvían a caer, recordó sus peores pensamientos: “La estadía ahí fue eterna, yo me quería morir, anhelaba la muerte, me costaba entender cómo una persona podía llegar a tanto y bueno todos los días, yo lo que hacía era ponerme en una ventana, miraba la luna y le preguntaba si alguien iba a venir por nosotras porque alguien se iba a dar cuenta”.
No obstante, un día, entre todas, decidieron contarle a la psicóloga, pero creen que ella le contó al hombre porque se terminó enterando, y las fue a buscar una por una. “Me llevó al baño y me empezó a pegar. Me puso la cabeza contra la pared y abusó de mí, nos preguntaba por qué le dijimos la verdad a la psicóloga”, detalló Nadia.
De ahí en más, la especialista pasó a ser enemiga y de a poco se fueron dando cuenta que eran cómplices. Él le entregaba sobres de plata y la manipulaba todo el tiempo como lo hacía con las niñas.
El después del calvario
Hoy en día, aquella chica se transformó en una mujer, estudiosa y con muchos objetivos por delante. Se volvió escritora y constantemente se está formando con oficios como la confección, modista, el diseño, que es la carrera que estudia actualmente, y también emprende con la realización de cosas para el hogar.
No obstante, decidió ser mamá joven y soltera. A los 20 años, tuvo una hija que actualmente tiene 22 años y de a poco, se va animando a soltarla luego de todo lo que vivió ella en su vida.
Y con respecto al libro, se puede adquirir por la plataforma autoreseditores.com y a veces en la feria cuando ella sale a venderlos los sábados, y el objetivo que quiere cumplir con él es poder llegar a esos lugares muy vulnerables donde el Estado está ausente. “Mi mensaje es que no están solos, hay personas que, como en mi caso, viene de muy abajo, y podes llegar a cumplir sueños que en realidad, nadie cree que vas a lograr”, concluyó Nadia Cornalino.
Te Puede Interesar:
https://www.instagram.com/diarioncomatanza
https://facebook.com/diarionco



