
El 1% de los más ricos de los estadunidenses tienen más de la mitad de las acciones en las empresas del total las familias que invierten en ellas.
No están contemplados, por supuesto, los 40 millones de pobres, el 13% de la población de ese país.

Ganadores y perdedores
Según el diario Financial Times (Febrero 2020), para setiembre de 2019, el porcentaje había llegado al 56% del total de las acciones, en manos de esta ínfima minoría, es decir el equivalente a 21,4 billones de dólares. Por otro lado, la población de menor ingreso, vendió papeles por 1 billón de dólares, en el mismo periodo.

Al mismo tiempo el valor de las acciones de las empresas se multiplicó por diez desde 1990, lo que ha sido aprovechado por esta minoría de millonarios que ha concentrado la riqueza en sus manos, profundizando la inequidad social en la sociedad yanqui.
Ilusión de un capitalismo “democrático”
Estos datos hacen ilusorio, la propaganda de los popes del capitalismo yanqui de un capitalismo “democrático”, en el cual un ciudadano puede enriquecerse y transformarse en un pequeño capitalista por invertir en acciones de las empresas, por lo contrario la inversión en ellas sirve para succionar el ahorro de una parte de la población a manos de un grupo de millonarios capitalistas, profundizando la inequidad social y fortaleciendo el poder de esos ricachones en el manejo de las empresas y de toda la sociedad de la principal potencia capitalista del mundo.
Naturaleza real de la economía yanqui
Esto nos habla de la naturaleza real de la economía yanqui, como se concentra la riqueza en un grupo minoritario, que maneja empresas o bancos, desnudando la mentira de un capitalismo “democrático”.

Estos grupos de millonarios representan a los grandes monopolios de la industria, bancos, grupos financieros y empresa de comunicación u otros como es el caso de las llamadas punto.com que cada vez tienen más importancia en la economía capitalista- imperialista de la principal potencia del mundo.
Potencia que vive también de succionar las riquezas de los países dependientes como la Argentina, entre otras cosas con el tributo que recibe a través de la usurera deuda externa.



