Número de edición : 9011

La Matanza

Historia Popular: Radical y revolucionario

Por Carlos Matías Sánchez
mati_13_01@hotmail.com

Este primero de julio se conmemora el fallecimiento de Leandro Alem, aquel histórico dirigente político argentino que, basándose en el principio de intransigencia ante el fraudulento régimen conservador, fundara la UCR a fines del siglo XIX.

En la Argentina “Granero del Mundo” los únicos privilegiados eran los capitales extranjeros que compraban nuestra independencia, ahogaban nuestro progreso y nos condenaban a la exportación de carnes y granos sin valor agregado.

A los sectores populares, por el contrario, se los relegaba a la misión de producir la riqueza que (en abundancia) era aprovechada en las mesas de la oligarquía local y engordaba las remesas de utilidades enviadas a Inglaterra. Ni siquiera a esos inmigrantes a los que la Constitución liberal de 1853 convocaba a nuestras tierras se les aseguraba condiciones dignas de vida.

Mucho menos se les permitía participar en política; éste era un ámbito exclusivo de los más excelsos representantes de las familias que conformaban la reducida elite. Los mismos apellidos rotaban en los diferentes cargos; todo estaba digitado, las sucesiones estaban decididas de antemano, y las elecciones con voto cantado y fraude sistemático eran apenas una puesta en escena con la que periódicamente los gobernantes legitimaban su poder.
Ésa era la Argentina de fines del siglo XIX, una Argentina colonial, desigual y gobernada por una democracia fingida. La Argentina añorada, por motivos obvios, por algunos dirigentes de la derecha actual. A esa Argentina para pocos se enfrentó Leandro Alem.

Hijo de Leandro Alen, debió cambiar su apellido para evitar la carga que implicaba ser el hijo de un mazorquero rosista ahorcado públicamente tras la victoria de la “organización nacional” de Caseros en 1852. Con antecedentes militares y recibido de abogado, se integró en 1862 al Partido Autonomista de Adolfo Alsina, enfrentado a Bartolomé Mitre. Su primera gran muestra de coherencia ideológica la dio al abandonar este partido cuando se unificó con el mitrista Partido Nacional, formando el P.A.N., el partido de la oligarquía que controlaría la política argentina durante el régimen conservador iniciado en 1880.

Ya en la fundación de su corriente política opositora al pacto entre Alsina y el mitrismo, se diferenció por lo democrático de sus prácticas políticas internas y por una reivindicación central en las luchas de aquel fin de siglo: el sufragio popular y la supresión del fraude.

Durante estos años había llegado a ocupar una banca en la legislatura provincial y en dos oportunidades en el Congreso Nacional, hasta fines de 1880, cuando renunció y abandonó provisoriamente la actividad política.
Sin embargo, una situación poco favorable lo haría retomar la actividad. A fines de la década de 1880, la crisis económica internacional golpeaba fuertemente al país. Numerosos sectores, desde los banqueros hasta los obreros, desde los industriales hasta los jóvenes universitarios, eran afectados por aquella situación, consecuencia de la dependencia a la que los sucesivos gobiernos instalados en el poder desde 1852 habían sumido al país.

En este contexto crítico, una heterogénea alianza de sectores se manifestó en contra del presidente Juárez Celman, en ese entonces también líder del PAN y principal acusado de la situación del país. Así se constituyó la Unión Cívica de la Juventud, el 1 de septiembre de 1889. Uno de sus miembros era Alem, junto a dirigentes como Lisandro de la Torre y Juan B. Justo, y con el apoyo de otros férreos opositores al gobierno, entre ellos, nada menos que Bartolomé Mitre.

De aquella juventud surgió la Unión Cívica que en 1891 organizó un levantamiento armado apoyado por sectores de las fuerzas armadas y conocido como Revolución del Parque. Su objetivo, que era derrocar a Juárez Celman e imponer a Alem no se logró; sin embargo, aquel renunció a la presidencia.

Para 1892, Mitre llegó a un acuerdo electoral con Roca, dejando de lado las reivindicaciones y la lucha llevada a cabo por Alem y demás revolucionarios. Mitre y sus partidarios formaron la Unión Cívica Nacional.

Pero Alem se negaba a llegar a un acuerdo con el mismo régimen al que había combatido incluso con las armas. Así nació la Unión Cívica Radical: de la intransigencia de Alem y sus seguidores, entre ellos, su sobrino, un tal Hipólito Yrigoyen.

Esta actitud se vería reforzada luego de las ridículamente fraudulentas elecciones de 1892, ganadas por Luis Sáenz Peña. Una insurrección con focos provinciales fue organizada por Yrigoyen el año siguiente, y las diferentes vicisitudes de la lucha hicieron que Alem llegara a ser nombrado “presidente” de algunas de las provincias sublevadas por varios días. Roca, sin embargo, sofocó esa segunda revolución radical.

Posteriormente a ella, empezaron a agudizarse las diferencias entre Alem, partidario de un golpe de Estado, e Yrigoyen, que apuntaba a las insurrecciones provinciales, la intervención federal y el consiguiente llamado a elecciones. Entre esas disputas pasaría Alem los últimos años de su vida.

Se suicidó de un tiro en la sien el 1 de julio de 1896. “Que se rompa, pero que no se doble” exclamó en su carta de despedida. Había dado la vida por un ideal, se iba de este mundo sin haberlo traicionado jamás.
“Yo mismo he dado el primer impulso y sin embargo, no puedo continuar. Mis dolencias son gravísimas, necesariamente mortales. ¡Adelante los que quedan!”. Su lucha tendría sus frutos en 1912, con la aprobación de la Ley Sáenz Peña, y en 1916, con la llegada al poder del primer presidente de la nación elegido por el pueblo, precisamente don Hipólito Yrigoyen.

El siglo XXI encuentra al radicalismo debatiéndose entre la moderación y los pactos electoralistas con el más acérrimo neoliberalismo. En las antípodas del origen de la UCR como partido nacional y popular, que bajo el brillante liderazgo de Alem apeló a métodos revolucionarios cuando fue necesario, y construyó su identidad sin “acuerdos” con los artífices de un país para pocos, con los de siempre.

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Un Comentario.

  1. interesante mirada sobre el radicalismo y llama la natencion que la persona que escribio la nota parece ser un joven ahora me recuerda cuando yo con pasion relataba las anedoctas de emilio salgari en su saga de sandokan o me apasionaba con alejandro dumas ,la pregunta es nos quedamos en el recuerdo o construimos un radicalismo con aquello de romantico pero con vocacion de poder y por ahora lo que se ve es un radicalismo que vive en conturbenio con el peronismo y lo unico que hacen hedonismo puro un abrazo sigan con estas notas

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