
Especialistas advirtieron que, pese a sus beneficios comprobados, estos programas siguen siendo poco utilizados. La falta de acceso, información y adherencia limita su impacto en la prevención y recuperación de enfermedades cardíacas.
Por Florencia Belén Mogno
El abordaje integral de las enfermedades cardiovasculares se había consolidado como una prioridad en los sistemas de salud a nivel global. En ese marco, las estrategias no solo apuntaron a la atención de eventos agudos, sino también a la prevención y al seguimiento a largo plazo de los factores de riesgo que afectan al corazón.
A lo largo de los últimos años, distintos estudios científicos evidenciaron que la combinación de hábitos saludables, controles médicos y actividad física resultaba fundamental para reducir la incidencia de patologías cardiovasculares. Sin embargo, uno de los principales desafíos continuó siendo la adherencia de los pacientes a programas estructurados que promueven estos cambios sostenidos en el tiempo.
En ese contexto y de acuerdo con el material al que accedió Diario NCO, el Hospital Italiano de La Matanza presentó un informe junto a otras instituciones médicas acerca de cómo la rehabilitación cardiovascular se posicionó como una herramienta central, aunque su implementación efectiva se vio limitada por diversos factores. A pesar de las recomendaciones de organismos internacionales, su alcance todavía resultó insuficiente frente a la cantidad de personas que podrían beneficiarse.
Una estrategia integral con múltiples beneficios
La rehabilitación cardiovascular se desarrolla como un programa multidisciplinario orientado tanto a la recuperación de pacientes que atraviesann eventos cardíacos como a la prevención en personas con factores de riesgo. Su enfoque combina ejercicio físico supervisado, controles médicos y acompañamiento psicosocial.
Este tipo de programas está recomendado para una amplia variedad de pacientes, incluyendo aquellos con enfermedades coronarias, insuficiencia cardíaca, patologías valvulares o factores de riesgo como hipertensión, diabetes u obesidad. A su vez, también se plantea como una herramienta eficaz en la prevención primaria, incluso antes de que se produzcan episodios críticos.
En términos generales, los tratamientos incluyen una evaluación inicial personalizada, rutinas de ejercicio adaptadas a cada caso, seguimiento de factores de riesgo y espacios de educación y contención emocional. Su duración promedio se extiende durante varias semanas, con una frecuencia regular de sesiones presenciales o combinadas con modalidades virtuales.
Los beneficios asociados abarcan mejoras en la capacidad física, el control de la presión arterial, el metabolismo y el peso corporal. Además, se registraron reducciones en las tasas de hospitalización y una mejora significativa en la calidad de vida de los pacientes que lograron sostener estos programas.
Barreras de acceso y desafíos en la adherencia
A pesar de la evidencia científica que respalda su efectividad, la rehabilitación cardiovascular continúa siendo una práctica subutilizada. Entre las principales causas se identifican barreras económicas, dificultades de acceso, responsabilidades familiares y limitaciones en la cobertura de los sistemas de salud.
A estos factores se suman aspectos vinculados a la percepción individual del riesgo. Muchas personas con condiciones que podrían derivar en enfermedades cardiovasculares no se identifican como pacientes en riesgo, lo que redujo su predisposición a iniciar o sostener este tipo de tratamientos.
Asimismo, la falta de información sobre los beneficios de la rehabilitación y el escaso apoyo social influyeron en la baja participación. En muchos casos, incluso quienes comenzaban los programas tendieron a abandonarlos antes de completarlos, lo que limitó su efectividad a largo plazo.
Frente a este escenario, especialistas remarcaron la necesidad de fortalecer la difusión de estas prácticas y garantizar su accesibilidad. La promoción de hábitos saludables, el acompañamiento profesional y la concientización sobre los riesgos cardiovasculares se presentaron como ejes fundamentales para mejorar la calidad de vida de la población y prevenir eventos de mayor gravedad.
Fuente fotografías: redes sociales.
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