
Vacunas. Las coberturas del calendario nacional se mantienen por debajo de los niveles óptimos, con caídas sostenidas en refuerzos y en la población adolescente que generan preocupación en el sistema de salud.
Por Florencia Belén Mogno
En los últimos años, la vacunación infantil en Argentina mostró un retroceso sostenido que encendió señales de alerta dentro del sistema sanitario. Los niveles de cobertura, fundamentales para sostener la inmunidad colectiva, se ubicaron por debajo de los valores recomendados, lo que abrió la puerta a posibles rebrotes de enfermedades que ya se encontraban controladas.
El esquema nacional de vacunación, reconocido por su amplitud y carácter gratuito, dependió no solo de su disponibilidad, sino también del cumplimiento efectivo de cada una de las dosis y en ese marco, se observó que una gran cantidad de niños y niñas iniciaron sus esquemas, pero no lograron completarlos, lo que debilitó la protección individual y colectiva frente a diversas enfermedades infecciosas.
Esta tendencia no resultó reciente, sino que se consolidó a lo largo de más de una década. Tal es así que, de acuerdo con la información a la que accedió Diario NCO, la disminución progresiva de las coberturas impactó especialmente en las dosis de refuerzo, consideradas claves para sostener la inmunidad en el tiempo. En consecuencia, especialistas advirtieron que la caída en la vacunación podría favorecer la reaparición de patologías prevenibles mediante inmunización.
Caídas en el calendario y brechas en la cobertura
Al analizar en detalle el comportamiento del calendario, se evidenciaron diferencias marcadas entre las primeras aplicaciones y las dosis subsiguientes. De esta manera, las vacunas correspondientes a los primeros meses de vida, como las destinadas a prevenir rotavirus, poliomielitis o enfermedades bacterianas combinadas, registraron descensos notorios a medida que avanzó el esquema.
Esta situación se profundizó en los refuerzos, donde los porcentajes descendieron de manera significativa. En varios casos, las coberturas se ubicaron por debajo de los niveles esperados, lo que dejó a una parte importante de la población infantil con esquemas incompletos.
El escenario se volvió aún más preocupante en la segunda infancia. En torno a los cinco años, las coberturas de vacunas como la triple viral y la de varicela se ubicaron por debajo de la mitad de la población objetivo, lo que implicó que muchos niños no contarán con la protección necesaria frente a enfermedades que aún pueden circular.
Adolescencia y prevención: el desafío pendiente
A su vez, el descenso en las tasas de vacunación también se reflejó durante la adolescencia. En esta etapa, la menor frecuencia de controles médicos y la pérdida de seguimiento del calendario contribuyeron a que muchas dosis quedaran pendientes.
Entre los casos más representativos se encontró la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), cuya cobertura mostró una caída significativa en los últimos años tanto en mujeres como en varones. Esta situación generó preocupación debido a la importancia de su aplicación en edades tempranas para garantizar su eficacia preventiva.
El VPH constituyó una de las infecciones de transmisión sexual más extendidas a nivel mundial. Se estimó que una gran proporción de la población sexualmente activa entraría en contacto con el virus en algún momento de su vida, muchas veces sin presentar síntomas.
Prevención y políticas públicas en foco
Entre sus consecuencias más relevantes, se destacó su vinculación con distintos tipos de cáncer. En particular, el cáncer cervicouterino se encontró estrechamente asociado a este virus y representó una de las principales causas de mortalidad oncológica en mujeres jóvenes en Argentina.
Si bien no existió un tratamiento específico para eliminar el virus, sí se dispuso de estrategias eficaces para su prevención. La vacunación en edades tempranas, junto con la educación sexual integral, el uso de métodos de protección y los controles médicos periódicos, conformaron un conjunto de herramientas fundamentales.
En este contexto, el fortalecimiento de las políticas públicas orientadas a recuperar los niveles de cobertura se presentó como un desafío central. La revisión de carnets, la accesibilidad a los centros de salud y la concientización de la población resultaron aspectos clave para revertir la tendencia descendente y evitar el regreso de enfermedades prevenibles.
Fuente fotografías: redes sociales.
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