
La clausura de la estación experimental de Ituzaingó y de sus agencias territoriales impactó en la asistencia a productores frutihortícolas. La medida afectó a una de las principales zonas de abastecimiento del Área Metropolitana.
Por Florencia Belén Mogno
El sistema científico y técnico vinculado a la producción agropecuaria atravesó en los últimos
meses un proceso de reconfiguración que comenzó a reflejarse en distintos organismos
nacionales. En ese marco, la reducción de estructuras y la revisión de programas impactaron
directamente en áreas estratégicas para el desarrollo productivo.
Dentro de este escenario, la agricultura urbana y periurbana ocupó un lugar clave,
especialmente en regiones densamente pobladas donde la producción de alimentos se articula
con los grandes centros de consumo. El acompañamiento técnico en estos territorios resultó
fundamental para sostener la actividad de pequeños y medianos productores.
Sin embargo, las modificaciones impulsadas en el Instituto Nacional de Tecnología
Agropecuaria comenzaron a generar efectos concretos en el conurbano bonaerense, donde la
asistencia técnica y la investigación aplicada cumplían un rol central en el entramado
productivo.
En ese sentido y de acuerdo con la información a la que accedió Diario NCO, según la
resolución oficial, el organismo dispuso: “Suprímase de la estructura organizativa del INTA a la
Estación Experimental Agropecuaria Área Metropolitana de Buenos Aires (EEA AMBA) y a sus
unidades independientes”. La medida implicó el cierre definitivo de la sede ubicada en la
localidad de Ituzaingó, en el oeste bonaerense.
Cierre de la estructura y fin de la extensión rural
La decisión también incluyó la clausura de múltiples agencias de extensión distribuidas en
distritos como Moreno, San Martín, Escobar, Luján y Avellaneda, entre otros. A esto se sumó el
cierre de oficinas de desarrollo local en distintos puntos del conurbano.
En ese contexto, cabe mencionar que el área de influencia del INTA AMBA abarcaba 39
partidos y la Ciudad de Buenos Aires, con una población cercana a los 16 millones de
habitantes.
En sintonía con lo planteado anteriormente, el documento facilitado a este medio señaló que en
ese territorio, el organismo desarrollaba tareas de investigación, asistencia técnica y
acompañamiento a productores.
Impacto en la producción y en los productores locales
El trabajo de la estación experimental estaba orientado a problemáticas vinculadas a la
agricultura urbana y periurbana. Su función principal consistía en fortalecer los sistemas
productivos cercanos a los grandes centros de consumo, con foco en el desarrollo local.
Desde el propio organismo se destacaba que “tanto en materia de Extensión y Desarrollo Rural
como de Investigación y Desarrollo, la EEA AMBA apoya y acompaña procesos de intercambio
de información y conocimientos, brindando respuestas a las demandas de productores y
acompañando todos los procesos productivos del territorio”.
El cierre interrumpió estas líneas de trabajo y dejó sin asistencia técnica a un sector clave para
el abastecimiento de alimentos frescos en el AMBA. En particular, afectó a productores
frutihortícolas que dependían de este acompañamiento para sostener su actividad.
Desmantelamiento progresivo y consecuencias laborales
Sin embargo, el reporte aclaró que el proceso de cierre no fue inmediato, sino que comenzó a
desarrollarse a mediados de 2025. Durante ese período, se avanzó en la finalización de
proyectos de investigación y en la interrupción del vínculo con los productores de la región.
La medida también tuvo impacto en el personal del organismo. Alrededor de 100 trabajadores
fueron alcanzados por la reestructuración, con reubicaciones en otras dependencias en el
marco de un plan de ajuste más amplio.
Desde sectores vinculados al instituto advirtieron sobre las consecuencias de la decisión en el
territorio. En ese sentido, se señaló que “el principal perjuicio es el impacto en la asistencia a
los productores de la región, ya que esta estación experimental era la única unidad del INTA
que hacía extensión en la zona”.
Asimismo, remarcaron que “eso generó un gran hueco en el conurbano, porque hoy por hoy se
hace extensión en todo el país, menos en esta zona, donde está el principal cordón
florifrutihortícola de Argentina”.
Críticas y debate sobre el modelo productivo
La medida generó cuestionamientos desde distintos sectores políticos y productivos.
Referentes del ámbito agropecuario y funcionarios provinciales advirtieron sobre el impacto del
cierre en la producción local y en el acceso a alimentos.
Entre las críticas, se sostuvo que la decisión formó parte de una política más amplia de
reducción del sistema científico y tecnológico. En esa línea, se afirmó que “este es un gobierno
nacional que discrimina y ataca a los pequeños productores”.
Otros cuestionamientos apuntaron al efecto de estas políticas sobre la producción nacional.
Según se indicó, “en el marco de una política de ataque constante a la ciencia y la tecnología y
la producción nacional, el gobierno cerró definitivamente la Estación Experimental AMBA del
INTA”.
En ese sentido, el cierre del INTA AMBA reavivó el debate sobre el rol del Estado en el
acompañamiento productivo. La interrupción de la asistencia técnica en una de las zonas más
relevantes para el abastecimiento de alimentos dejó interrogantes sobre el futuro del sector y
su capacidad de sostener la producción en un contexto adverso.
Fuente fotografías: redes sociales.
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