Número de edición : 9035

La Matanza

La reserva de Laferrere y la disputa por el territorio ancestral

La reserva de Laferrere y la disputa por el territorio ancestral.
La reserva de Laferrere y la disputa por el territorio ancestral.

La reserva de Laferrere. La comunidad de Tres Ombúes sostiene desde hace más de una década una lucha por la preservación ambiental y el reconocimiento histórico en Gregorio de Laferrere, en medio de conflictos por el avance inmobiliario y los intentos de desalojo.

Por Florencia Belén Mogno.

En distintos puntos del conurbano bonaerense, la expansión urbana avanzó sobre espacios verdes que durante años funcionaron como pulmones ambientales y reservorios de biodiversidad. La presión inmobiliaria, el loteo irregular y la ausencia de políticas sostenidas de protección generaron tensiones crecientes entre comunidades organizadas y sectores que buscaron capitalizar económicamente la tierra disponible.

En ese escenario, la disputa no solo se centró en la propiedad formal del suelo, sino también en el sentido cultural e histórico que determinados territorios tuvieron para quienes los habitaron ancestralmente.

En el partido de La Matanza, uno de los distritos más extensos y poblados de la provincia, la problemática adquirió una dimensión particular. La reducción progresiva de hectáreas protegidas implicó la pérdida de ecosistemas, humedales y especies autóctonas, en un contexto donde el crecimiento demográfico y la demanda habitacional tensionaron aún más el uso del suelo.

Dentro de ese panorama se ubica la reserva natural de Tres Ombúes, situada en Gregorio de Laferrere, un espacio que la comunidad indígena local defendió como parte de su historia y de su cosmovisión. Allí, la preservación de la biodiversidad se entrelazó con la reivindicación de la Pachamama y con un reclamo sostenido de reparación histórica frente a lo que consideraron siglos de despojo e invisibilización.

En ese contexto, Diario NCO dialogó con Delia Claros, integrante de la comunidad de Tres Ombúes, quien detalló las situaciones vividas en el marco de la disputa territorial, las agresiones denunciadas y la falta de respuestas institucionales. Además, se refirió a las maniobras de venta y loteo como parte de una acción ambiciosa que, según sostuvo, prioriza el negocio por encima del ambiente y de los derechos de los pueblos originarios.

La lucha por la historia

A lo largo de estos más de diez años de conflicto en torno a la reserva, ¿podría describir en profundidad cuáles fueron las principales situaciones que atravesaron frente al avance de quienes intentaron lotear y ocupar ilegalmente sectores del territorio, y cómo impactó esto en la reducción de las hectáreas originalmente preservadas?

D.C: Las personas que se encuentran en los límites de Tres Ombúes, y que han comprado y loteado ilegalmente, quieren seguir avanzando y destruir parte del territorio. De 110 hectáreas, solo queda el 25 por ciento. A pesar de que ya tienen sus casas, quieren seguir tomando. Y hoy en día, se puede considerar una toma porque saben perfectamente de qué se trata el lugar. No se trata de un problema habitacional, estas personas tienen sus casas, han construido, algunos tienen 17 o 10 terrenos, y lo han hecho de una manera impune y a pesar de esto, quieren seguir teniendo más.

En el marco de las recorridas y acciones que realizaron, ¿en algún momento ustedes fueron víctimas de episodios de violencia física o agresiones directas por parte de quienes buscan avanzar sobre las tierras? ¿Cómo se desarrollaron esos hechos?

D.C: Nosotros hacemos recorridos por todos los límites, poniendo cartelería donde dice perfectamente que es el lugar, impidiendo que ellos avancen. En algunas de las caminatas, nos ha pasado que las personas empezaron a tirar piedras a quienes estaban en las caminatas, e incluso había personas mayores. Esa es la violencia y agresión con la que se manejan.

Ellos no nos acusan de nada, la situación es no dejarlos seguir con sus negocios, que son de beneficio propio de ellos. Hoy en día, lamentablemente son personas muy ambiciosas que no les interesa ni la naturaleza, ni la biodiversidad, ni la pachamama.

Más allá de los hechos físicos, ¿han sufrido también situaciones de violencia verbal, hostigamiento o descalificaciones durante esta disputa territorial? ¿De qué manera se manifestaron esas agresiones?

D.C: Sí, sufrimos permanentemente agresiones verbales, nos filman, nos dicen ladrones, al sacar los postes con los que quieren lotear, nos insultan, nos dicen “choriplaneros”. De todas las agresiones y de estos avances sobre la biodiversidad, hacemos denuncias a la fiscalía y al juzgado que intervienen y se hicieron denuncias penales.

Frente a las denuncias y reclamos que impulsaron para frenar el deterioro ambiental y el avance inmobiliario, ¿qué tipo de respuestas obtuvieron por parte del municipio y de las autoridades locales de La Matanza en relación con el reconocimiento histórico y la protección del espacio?

D.C: Siempre es un reclamo constante para que no se niegue la historia del territorio, su identidad originaria, el querer reconocer que este espacio forma parte de su historia como municipio.

Desde la mirada de la comunidad, ¿qué representa simbólica, cultural y espiritualmente el territorio de Tres Ombúes, tanto en términos ambientales como en relación con la identidad de los pueblos originarios?

D.C: No solo es un espacio verde, para los pueblos originarios es importante, es la vida misma, tanto las plantas como todos los seres que la habitan tienen derechos como nosotros. Más allá de ser un humedal, es un lugar histórico, y por lo tanto debe ser resguardado y respetado.

Finalmente, cuando hablan de “reparación histórica”, ¿a qué procesos concretos hacen referencia y qué implicaría, en términos institucionales y sociales, que ese reconocimiento finalmente se materializara?

D.C: La reparación historica tiene que ver con la memoria de los pueblos originarios, van más de 500 años de usurpación de terrenos, violación de derechos, donde fuimos invisibilizados. Esto es en pequeña dimensión una reparación histórica, la cual no se da por la ineficiencia y el genocidio que continua por parte del estado en todos sus ámbitos.

Fuente fotografías: redes sociales.

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