Número de edición : 9027

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Emergencia alimentaria: los comedores registraron un aumento del 300 por ciento en la demanda

Emergencia Alimentaria. Demanda en comedores.
Emergencia Alimentaria. Demanda en comedores.

Referentes sociales advirtieron que la caída del empleo y la reducción de la asistencia nacional empujaron a cientos de familias a depender de la ayuda comunitaria en barrios de La Matanza

Por Florencia Belén Mogno

La profundización de la crisis económica impactó con especial dureza en los barrios populares del conurbano bonaerense, donde las redes comunitarias funcionan como último sostén frente al deterioro del poder adquisitivo. En distintas localidades de La Matanza, el incremento de la demanda en comedores y merenderos expuso un escenario de creciente vulnerabilidad social.

En Virrey del Pino, uno de los territorios más extensos del distrito, las organizaciones barriales advirtieron que el aumento de personas que acuden en busca de asistencia alimentaria alcanzó niveles inéditos en los últimos dos años. La combinación de desempleo, precarización laboral y suba sostenida de precios consolidó un cuadro de emergencia que tensionó la capacidad de respuesta de los espacios solidarios.

El fenómeno no solo reflejó un deterioro coyuntural, sino también una transformación en el perfil de quienes solicitaron ayuda. A los sectores históricamente excluidos del mercado laboral se sumaron trabajadores formales e informales cuyos ingresos dejaron de cubrir necesidades básicas, ampliando el universo de familias que dependieron de la asistencia alimentaria cotidiana.

Según el documento al que accedió Diario NCO, referentes de una red de comedores integrada por los espacios Piecitos Mojados (kilómetro 36), Alas de Libertad (kilómetro 34), Vecinitos (kilómetro 35) y el Club La Esperanza (kilómetro 38), en la localidad de Virrey del Pino, señalaron que la cantidad de personas asistidas creció un 300 por ciento en el lapso de dos años.

Redes comunitarias desbordadas

En sintonía con lo planteado anteriormente, el relevamiento consultado por este medio indicó que la red brinda asistencia a casi 400 familias, cifra que se incrementó de manera sostenida mes a mes.

En ese sentido, los responsables de los espacios comunitarios describieron un escenario de desborde, con nuevas consultas diarias y una demanda que superó ampliamente las previsiones iniciales.

En muchos casos, la ayuda consistió en la entrega de viandas calientes, refuerzos alimentarios y meriendas para niños y adolescentes. Sin embargo, los recursos disponibles resultaron insuficientes frente a la magnitud de la necesidad, obligando a reorganizar turnos y ampliar jornadas de trabajo voluntario.

El nuevo rostro de la vulnerabilidad

Uno de los cambios más significativos observados por los trabajadores sociales fue la aparición de un nuevo perfil de beneficiarios: personas con empleo, pero con ingresos que no alcanzan a cubrir la canasta básica. Esta situación modificó la composición habitual de quienes asistieron a los comedores, incorporando familias que anteriormente no habían requerido apoyo alimentario.

La precarización laboral y la pérdida de poder adquisitivo transformaron también la calidad de la alimentación disponible en los hogares. Referentes barriales señalaron que productos considerados esenciales para el desarrollo infantil, como yogures y frutas, dejaron de formar parte de la dieta cotidiana debido a su costo.

Este deterioro impactó especialmente en niños y niñas en edad escolar, para quienes la comida ofrecida en los comedores representó en muchos casos la principal ingesta diaria equilibrada. La reducción de variedad y nutrientes encendió alertas sobre posibles consecuencias a mediano plazo en términos de salud y desarrollo.

Asistencia municipal y reclamos al Gobierno nacional

En cuanto a la articulación institucional, los referentes destacaron la colaboración de la Secretaría de Desarrollo Social del municipio de La Matanza, que aportó mercadería y acompañamiento logístico en distintos momentos del año. Esa asistencia resultó clave para sostener la continuidad de los espacios frente al crecimiento de la demanda.

No obstante, señalaron un contraste marcado con la relación mantenida con el Ejecutivo nacional. Según denunciaron, el Ministerio de Capital Humano no brindó respuestas concretas a los pedidos de refuerzo alimentario, lo que interpretaron como un retiro de apoyo en un contexto de emergencia social.

La supervivencia de los comedores dependió así de un delicado equilibrio entre aportes municipales, donaciones privadas y el esfuerzo cotidiano de voluntarios. Las jornadas de trabajo se extendieron de lunes a lunes, incluyendo feriados y celebraciones, ante la imposibilidad de interrumpir la asistencia.

Un escenario de incertidumbre persistente

El deterioro del salario real y la inflación acumulada sostuvieron la presión sobre los hogares más vulnerables. La continuidad de la crisis económica mantuvo la incertidumbre respecto del sostenimiento de los programas sociales y la evolución de la demanda en los barrios.

En Virrey del Pino, la cuadruplicación de personas asistidas en apenas dos años evidenció la profundidad del problema alimentario en el territorio. Las organizaciones comunitarias advirtieron que, sin un refuerzo estructural de políticas públicas y generación de empleo, la red solidaria podría verse desbordada de manera permanente.

El aumento en la demanda no solo reflejó una estadística alarmante, sino que expuso el impacto concreto de la crisis en la vida cotidiana de cientos de familias. En los barrios más postergados de La Matanza, los comedores continuaron funcionando como la última barrera frente al hambre, en un contexto donde la recuperación económica aún no se tradujo en mejoras palpables para los sectores populares.

Fuente fotografías: redes sociales.

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