
Mercosur. Un informe del Observatorio IPA analizó el impacto del acuerdo entre ambos bloques y advirtió que, sin un plan estratégico para las pymes industriales, la apertura podría profundizar la crisis productiva y acelerar el cierre de fábricas en Argentina.
Por Florencia Belén Mogno
La ratificación legislativa del acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea volvió a instalar en la agenda económica argentina un debate de fondo sobre el modelo de desarrollo productivo y la inserción del país en el comercio internacional.
La iniciativa, que llevaba años de negociaciones, prometió una ampliación significativa del intercambio comercial, pero también expuso tensiones estructurales preexistentes dentro del entramado industrial local.
En un contexto global atravesado por disputas geopolíticas, la conformación de grandes bloques comerciales apareció como una respuesta a la competencia entre potencias económicas. Para economías como la argentina, ese escenario implicó tanto oportunidades de acceso a mercados como riesgos asociados a la asimetría productiva y tecnológica.
En ese sentido y según el material al que accedió Diario NCO, el Observatorio de Industriales Pymes Argentinos (IPA), presentó un informe en el que analizó que el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea.
Un mercado ampliado y una relación comercial desigual
El documento señaló que, en la actualidad, la Unión Europea se posicionó como el tercer socio comercial de la Argentina, detrás de Brasil y China. En ese marco, el intercambio bilateral alcanzó los 17,5 mil millones de dólares, con un déficit para el país de 1,7 mil millones de dicha moneda.
Además, dentro del comercio Mercosur–UE, Argentina explicó apenas el 15% de las operaciones, mientras que Brasil concentró el 75 por ciento lo que evidenció una relación marcadamente asimétrica.
En tanto, la composición del intercambio también mostró un patrón consolidado: Argentina exportó principalmente agroalimentos, proteínas animales y biocombustibles, mientras que importó maquinaria, productos farmacéuticos y tecnología. El tratado contempló la eliminación de aranceles en más del 90 por ciento del comercio total, aunque con plazos diferenciales para productos sensibles.
Estándares, plazos y sectores bajo presión
Por otra parte, el informe del Observatorio IPA destacó que la reducción arancelaria no implicó una flexibilización de los estándares europeos. A su vez, el reporte subrayó la vigencia de las exigencias sanitarias, de trazabilidad y certificaciones técnicas para ingresar al mercado europeo. Para algunos productos agroalimentarios sensibles, se establecieron períodos de desgravación de entre 10 y 15 años, junto con cupos específicos.
En esa línea, en el sector automotriz, el impacto proyectado fue mixto. Por un lado, se anticipó un ingreso más competitivo de vehículos europeos de gama media y alta, lo que generó presión sobre la industria local y su cadena de autopartes. Por otro, el informe identificó oportunidades vinculadas a la electromovilidad, especialmente en relación con el litio, el cobre y el desarrollo de baterías.
Para las pequeñas y medianas empresas industriales, el acuerdo fue descripto como una combinación de amenaza y oportunidad. El documento señaló dificultades asociadas a los “costos de certificación” y a la “escala productiva local limitada”, pero también abrió la posibilidad de una mayor integración con cadenas europeas o el desarrollo de exportaciones de nicho para aquellas firmas con capacidad de adaptación.
Cambios en la matriz productiva y advertencias sobre el empleo
El análisis del Observatorio IPA advirtió que el acuerdo actuó como “un vector para el cambio de la matriz de origen” de los proveedores. En el segmento de manufacturas, la Unión Europea pasó a competir directamente con China, mientras que en bienes intermedios la competencia se dio principalmente con Brasil.
En ese escenario, las empresas locales se vieron obligadas a revisar sus estructuras de costos bajo el enfoque del “TCO (Total Cost of Ownership)”, que consideró el ciclo de vida completo del producto más allá del precio inicial.
El informe también proyectó que las áreas con mayores probabilidades de recibir inversión directa europea, fueron la minería crítica, el procesamiento alimentario, los biocombustibles y el software. Sin embargo, aclaró que esos flujos no se activarían de manera automática ni homogénea en todo el territorio.
El reclamo del sector pyme industrial
En el mismo informe, el presidente de Industriales Pymes Argentinos (IPA), Daniel Rosato, exigió la “inmediata conformación” de una mesa de trabajo para diseñar estrategias de fortalecimiento del entramado pyme industrial argentino. Según advirtió, sin ese espacio de planificación, el acuerdo comercial podría profundizar la crisis productiva local.
“De lo contrario se estaría activando una bomba en la producción nacional, que obligará a cerrar el 20 por ciento de las fábricas y terminará por convertir al suelo argentino en solo un escenario de la disputa comercial mundial entre China y el resto de los países desarrollados”, afirmó Rosato en el documento.
Además, sostuvo que el acuerdo contenía oportunidades, pero recordó que detrás de las empresas europeas existieron Estados que planificaron incentivos para exportar manufacturas e importar materia prima. En ese marco, alertó que, si la Argentina no equilibraba esas condiciones, se produciría una “inundación sostenida de productos importados” con cierres definitivos de fábricas.
Planificación, financiamiento y modelo de desarrollo
Rosato reclamó un plan de incentivos basado en financiamiento adecuado y beneficios productivos para las pymes industriales, con el objetivo de que las fábricas nacionales pudieran competir en el intercambio comercial con Europa. Según expresó, el desafío consistió en evitar que el acuerdo solo profundizara la primarización de las exportaciones y la importación de productos terminados.
En ese sentido, advirtió que la Argentina necesitó diversificar su comercio exterior para sostener el empleo, dado su tamaño territorial y poblacional. También alertó que una estrategia basada exclusivamente en exportaciones primarias generaría un déficit estructural en la balanza comercial, difícil de sostener por la falta de dólares.
Finalmente, el referente de IPA llamó a evitar que el acuerdo con la Unión Europea convirtiera al país en un “campo de batalla comercial” entre las potencias occidentales y China. “Si la integración está planteada en esos términos, no seremos socios de la UE, sino apenas un cliente”, concluyó.
Fuente fotografías: IPA.
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