
Un hallazgo científico del CONICET abrió una nueva perspectiva para comprender los procesos infecciosos y repensar los esquemas de tratamientos antibióticos frente a bacterias multirresistentes.
Por Florencia Belén Mogno
El avance de las bacterias multirresistentes se consolidó como uno de los principales desafíos de la salud pública a nivel global. La dificultad creciente para tratarlas obligó a la comunidad científica a repensar estrategias terapéuticas y a profundizar la investigación sobre los mecanismos biológicos que explicaron su comportamiento frente a los antibióticos.
Durante décadas, el abordaje de las infecciones se centró principalmente en el estudio de la resistencia genética y bioquímica de los patógenos. Sin embargo, en los últimos años comenzaron a explorarse nuevas dimensiones que ampliaron la comprensión del vínculo entre microorganismos y huéspedes, incorporando variables antes consideradas irrelevantes.
En ese contexto y según el material al que accedió Diario NCO, un equipo de investigación del CONICET reveló que la bacteria multirresistente Acinetobacter baumannii, considerada un patógeno crítico para la salud humana, posee un reloj biológico circadiano que se sincroniza con los ciclos diarios de luz.
Un descubrimiento que interpela paradigmas científicos
El estudio indicó que Acinetobacter baumannii fue identificada como una de las principales causantes de infecciones intrahospitalarias y se caracterizó por su extrema resistencia a diversas familias de antibióticos.
Muchas de las cepas que circularon en ámbitos sanitarios resultaron difíciles de tratar y se asociaron a altos niveles de mortalidad en pacientes que ingresaron al sistema de salud por otras patologías.
“Durante muchos años trabajamos en mecanismos de resistencia a antibióticos. Esto nos resultaba un poco decepcionante porque las bacterias siempre terminan ganando la batalla y evolucionando a resistencias que hacen que no haya verdaderas soluciones para combatirlas”, explicó en el estudio María Alejandra Mussi, líder del estudio e investigadora del CONICET en el Centro de Estudios Fotosintéticos y Bioquímicos (CEFOBI, CONICET-UNR).
La luz y el ritmo circadiano en bacterias patógenas
Según detalló la investigación facilitado a este medio, el equipo realizó un hallazgo inesperado al comprobar que estas bacterias quimiótrofas eran capaces de sensar la luz. Hasta entonces, la comunidad microbiológica asumía que este tipo de bacterias eran indiferentes a la luz, a diferencia de las fotótrofas.
En sintonía, el reporte señaló que el grupo del CEFOBI fue uno de los primeros en demostrar que la percepción y respuesta a la luz constituyeron fenómenos fisiológicos generalizados en la bacteria.
Estos procesos influyeron en aspectos centrales de su comportamiento, como la motilidad, el metabolismo, la formación de biofilms, la capacidad de producir enfermedad y la absorción de hierro.
Implicancias para los tratamientos antibióticos
No obstante, cabe destacar que el estudio abrió la posibilidad de que la susceptibilidad antibiótica del patógeno varíe según el momento del día. Esta hipótesis aportó una nueva arista a la comprensión de la interacción huésped-patógeno, hasta ahora poco explorada desde esta perspectiva temporal.
“Es como una persona, tiene un ciclo a lo largo del día en función también de la hora. Se sabe que el sistema inmune humano está regulado por un reloj circadiano”, explicó el equipo. A partir de esa comparación, planteó que los patógenos podrían sincronizar su ritmo con el de los humanos para optimizar la infección.
A su vez, el grupo de investigadores agregó: “Podría ser que los patógenos sincronicen su ritmo circadiano con el ritmo de los humanos. Y bueno, esta es una nueva arista que estaríamos aportando, porque es una nueva mirada al proceso de infección, pero ahora desde el punto de vista del patógeno”.
Ciencia pública y trabajo interdisciplinario
En ese marco, el reporte explicó que esta hipótesis formó parte del trabajo del equipo durante un largo período y subrayó el esfuerzo colectivo que permitió arribar a estos resultados. “Esta hipótesis la teníamos hace mucho tiempo”, señaló, al tiempo que remarcó el valor del trabajo interdisciplinario.
“Llegar a estos resultados reivindica el valor de los jóvenes, el de los equipos bien constituidos, y el de la ciencia también, porque esto realmente es un aporte que no se hizo en otro lugar del mundo”, concluyó la investigación
El estudio contó con la participación de investigadores en biología molecular, microbiología y cronobiología, y posicionó al sistema científico argentino como referente internacional en el análisis de patógenos críticos. El hallazgo abrió nuevas líneas de investigación y dejó planteado un cambio de paradigma para comprender y abordar las infecciones bacterianas en el futuro.
Fuente fotografías: Conicet
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