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Importaciones textiles y ropa usada: la apertura que profundiza la crisis industrial

Textiles. Importaciones textiles y ropa usada
Textiles. Importaciones textiles y ropa usada

La llegada de bolsones de ropa de segunda mano al mercado local encendió nuevas alarmas en un sector ya golpeado por la caída del consumo, el cierre de empresas y la pérdida sostenida de puestos de trabajo.

Por Florencia Belén Mogno

La industria textil atravesó uno de los períodos más críticos de las últimas décadas, en un contexto marcado por la contracción del consumo interno y una política de apertura comercial que expuso a la producción nacional a una competencia desigual.

A su vez, la situación se inscribe en un escenario económico donde distintos sectores industriales denunciaron un deterioro acelerado de su capacidad productiva y del empleo formal.

En ese marco y según el informe consultado por Diario NCO, la habilitación de importaciones de productos textiles incluyó en los últimos meses el ingreso de grandes volúmenes de ropa usada, una novedad que profundizó la preocupación dentro del sector.

La medida se sumó a un proceso previo de liberalización que, según los actores industriales, no contempló las asimetrías estructurales entre la producción local y los bienes importados, ni el impacto social de ese desbalance.

Números rojos y pérdida de empleo en el sector privado

Los datos laborales confirmaron la magnitud del deterioro. Entre noviembre de 2023 y agosto de 2025 se perdieron 138.573 puestos de trabajo en el sector privado. De ese total, 42.406 correspondieron al sector manufacturero, lo que se tradujo en el cierre de 1.964 empresas industriales. Estas cifras reflejaron un proceso de desindustrialización acelerada que impactó de forma directa en la estructura productiva nacional.

La crisis no se expresó únicamente en despidos, sino también en la subutilización de la capacidad instalada, la suspensión de personal y el adelanto de vacaciones como mecanismos de supervivencia empresarial.

Asimismo, la caída del poder adquisitivo de la población reforzó este cuadro, al reducir la demanda de productos textiles nacionales y favorecer la expansión de bienes importados de bajo costo.

En este contexto, los gremios industriales comenzaron a articular espacios de diagnóstico conjunto. Las organizaciones nucleadas en la Confederación de Sindicatos Industriales (CSIRA) se reunieron para que cada sector expusiera su cuadro de situación, en una dinámica similar a la que ya había ocurrido en otros ámbitos sindicales, donde se buscó dimensionar el impacto real de la política económica sobre el trabajo y la producción.

El impacto específico en la industria textil

Dentro de este escenario general, la industria textil apareció como uno de los sectores más golpeados. Según el informe al que accedió Diario NCO, el secretario general del Sindicato de Empleados Textiles de la Industria y Afines (SETIA), José Minaberrigaray, sintetizó la situación al afirmar: “Siempre hemos competido contra los productos de afuera, pero esto es una falsa competencia contra un ganador ya definido”.

El dirigente señaló que la caída de la producción fue “tremendamente significativa” y detalló que “la mayoría de las empresas está trabajando en promedio con el 40% de su capacidad instalada; hay algunas que no llegan al 30%. El parate es atroz”.

En sintonía con lo expuesto anteriormente, el informe advirtió que esta retracción productiva se combinó con el ingreso de indumentaria importada a precios muy bajos, en sintonía con la pérdida de poder adquisitivo de la población.

Ropa usada, y riesgo empresario

Uno de los puntos más sensibles del informe fue el ingreso de bolsones de ropa usada al país. Al respecto, el dirigente gremial recordó que en otros momentos ese tipo de material se utilizó con fines industriales específicos, pero advirtió sobre el volumen actual.

“Alguna vez se utilizaba para reconvertirla y usarla, por ejemplo, para los filtros de autos. Pero por las cantidades que sabemos que se van a importar podríamos hacer todos los filtros del mundo. En esta oportunidad no sabemos qué destino tendrá, pero como viene la mano es probable que sea uso de la gente”, afirmó Minaberrigaray en el reporte.

La consecuencia directa de este proceso se reflejó en la situación de las empresas. “Hoy todo el sector está en riesgo. Aquella empresa, sea grande, mediana o chica, si no es que ya cerró, están con despidos, con adelanto de vacaciones o suspensiones. Y lo peor de todo esto es que estas empresas han invertido millones de dólares en maquinarias”, sostuvo Minaberrigaray.

Industria nacional y falsa competencia

El informe concluyó que la convivencia entre producción nacional e importaciones fue posible cuando el mercado interno funcionó y traccionó la demanda. Sin embargo, el escenario actual se caracterizó por una “falsa competencia”, donde, según Minaberrigaray, “hay un elegido para que gane”. En ese marco, advirtió: “Estamos destruyendo a la industria nacional como motor de crecimiento”.

La apertura del comercio, sin políticas de resguardo ni estrategias de desarrollo productivo, dejó expuesta a la industria textil a una dinámica que profundizó la desigualdad entre actores económicos. El ingreso de ropa usada se convirtió así en un símbolo de un modelo que priorizó el abaratamiento inmediato por sobre la sostenibilidad del empleo y la producción local.

De este modo, la crisis del sector textil volvió a poner en discusión el rol del Estado, la protección del trabajo industrial y los límites de un esquema de apertura que, lejos de generar bienestar generalizado, consolidó un proceso de deterioro estructural cuya dimensión social aún continuó abierta.

Fuente fotografías: SETIA.

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