
La artista argentina Maru Gandolfo se destaca como pionera en estas microficciones digitales que transformaron los modos de narrar, actuar y consumir historias.
Por Florencia Belén Mogno
Durante los últimos años, las plataformas digitales redefinieron profundamente las formas de producción y circulación de contenidos audiovisuales. En ese escenario, las narrativas breves encontraron un terreno fértil para desarrollarse, especialmente a través de formatos pensados para el consumo inmediato, fragmentado y masivo que propusieron las redes sociales. Este cambio de paradigma impactó directamente en la actuación, la dirección y la manera de construir personajes.
Las denominadas diginovelas surgieron como una respuesta creativa a esa nueva lógica de consumo. A través de microficciones seriadas, estas producciones adaptaron los códigos clásicos del melodrama a la velocidad de las pantallas, generando una fuerte identificación con el público y alcanzando niveles de viralización inéditos. El fenómeno trascendió fronteras y logró millones de visualizaciones en distintos países.
En ese contexto, el rol del intérprete se transformó: ya no se trató únicamente de actuar, sino también de comprender el funcionamiento del algoritmo, la interacción con la audiencia y la construcción de una identidad artística integral. La figura del artista comenzó a expandirse hacia otros territorios, como la comunicación, la producción y la gestión de su propia imagen pública.
Dentro de ese nuevo escenario digital se inscribió el recorrido de la actriz argentina Maru Gandolfo, quien desarrolló una activa participación en el universo de las diginovelas y amplió su presencia mediática a través de la televisión y las plataformas. En diálogo con Diario NCO, la artista reflexionó sobre su camino profesional, su vínculo con estos nuevos formatos y el impacto que tuvieron en su carrera.
Hacedora de horizontes artísticos
En principio las Diginovelas, especialmente Rosa Marchita, te posicionaron a nivel internacional. ¿De qué manera se dio este vínculo entre vos y este tipo de contenidos?
M.G: La verdad que fue un apostar continuo a las Diginovelas. Otras actrices del medio, y más quizás de plataformas como Netflix, o de la televisión o del cine, me decían que no lo haga. Es un código diferente, y eso me atraía. Siempre me gustó en la vida romper paradigmas, y creo que las Diginovelas vinieron a eso y, aparte, a abastecer una necesidad, que era este tema de la gente tiene a la mano una pantalla, que es el celular, y está consumiendo también a través de ahí entretenimiento. Ya no había casi telenovelas en la televisión argentina. Aparte, hay toda una porción de la sociedad que se crió no con televisor sino con el celular como pantalla y como medio de comunicación. Así que creo que todo eso me gustó y después dio sus frutos con este posicionamiento a nivel internacional, tomarme a mí como referente, por lo menos de las Diginovelas en Latinoamérica y en Argentina.
Y en ese sentido, ¿qué creés que encontró el público en este formato y en tu trabajo para que explotara de esa manera?
M.G: Creo que al público le gustó que yo me juegue, lo hice con mucha responsabilidad. Creo que se hacía de una manera más light, no había tanta producción, y yo autogestioné, me autoproduje desde los vestuarios, desde ponerle toda mi experiencia de actuación de años en diferentes escuelas y utilizando también el método, que es una de las formas que yo estudié, el método de Stanislavski ponerlo al servicio de estas Diginovelas sin juzgarlas y hacerlo de la manera más profesional posible, valorándolos como arte, como otra forma de arte donde se expresa la emoción humana.
Sos una de las pioneras en Argentina en trabajar y consolidar el formato de Diginovelas. ¿Qué desafíos encontraste en este tipo de producción?
M.G: El desafío fue la constante duda, porque es como un código muy diferente entre, por lo menos, los ambientes de actuación donde yo me movía. Las redes todavía estaban mal vistas o eran más para instagramers. Los desafíos que encontré fueron encontrar qué tipo de comunicación era, qué tipo de actuación era, porque no hay una escuela. En Estados Unidos ahora sí está empezando a haber, pero no había una escuela que te enseñe puntualmente cómo actuar para este formato. Primero, es un formato vertical, no horizontal. Segundo, tiene un montón de códigos, como por ejemplo utilizar ropa muy llamativa. Las escenas son muy concretas y los gestos tienen que ser muy marcados, porque la gente está consumiendo esto quizás caminando o en la parada del colectivo, y aparte es como muy intenso todo en un minuto. Entonces ese fue uno de los desafíos mayores.
En esa línea y como cierrede esta primera parte de la nota, ¿qué aprendizaje o qué rescatas de haberte embarcado en este tipo de proyectos?
M.G: Obviamente que siempre para mí todo desafío es una oportunidad de aprender y mí me encanta aprender cosas nuevas. Así que esto era ideal para mí y desde ahí creo que me enganché. Y también los actores con los que trabajé, que ya venían haciendo eso hace bastante, y la gente de la producción. Les planteé esta forma de trabajar diferente. Había un marcado perfil machista en los guiones y yo también lo cambié, dándolo vuelta a una mujer más empoderada, a una mujer grande. Siempre había como gente más joven por las redes mismas, como que convocaban gente más joven. Así que le puse profesionalismo y, por suerte, el equipo de trabajo se enganchó también.
Fuente fotografías: SG prensa y difusión.
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