Número de edición : 8974

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El cierre de empresas profundizó la crisis del empleo y debilitó el entramado productivo

Deterioro. La crisis del empleo.
Deterioro. La crisis del empleo.

Datos oficiales advirtieron que en menos de dos años cerraron casi 20 mil empresas en todo el país, con más de 260 mil trabajadores despedidos.

Por Florencia Belén Mogno

El deterioro de la actividad económica impactó de manera directa sobre el empleo y la estructura productiva de la Argentina. A lo largo de los últimos meses, el cierre de empresas se consolidó como una de las expresiones más visibles de la crisis, con consecuencias que se extendieron más allá de los indicadores macroeconómicos y afectaron la vida cotidiana de miles de hogares.

La combinación de recesión, aumento de costos, caída del consumo interno y restricciones financieras presionó con fuerza sobre las pequeñas y medianas empresas. En ese escenario, múltiples emprendimientos enfrentaron dificultades para sostener su actividad, pagar salarios y cumplir con sus obligaciones.

En ese sentido y de acuerdo con la información a la que accedió Diario NCO, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), el país perdió 19.114 unidades productivas en los últimos 22 meses. Según los registros del sistema de riesgos del trabajo, esa dinámica implicó el cierre de casi 30 empresas por día y dejó sin empleo a 264.101 personas en ese período.

Datos oficiales sobre la pérdida de empresas y empleo

El dato más reciente correspondió al último tramo del año, cuando se registró una reducción neta de 970 empresas. Ese retroceso tuvo un impacto directo sobre al menos 4.360 trabajadores, que quedaron fuera del sistema formal como consecuencia del cierre de sus lugares de trabajo.

Desde la SRT precisaron que el concepto de “unidades productivas” incluye a entidades, empresas u organismos públicos o privados que emplearon a una o más personas y produjeron bienes o servicios.

En sintonía con lo expuesto anteriormente, el relevamiento facilitado a este mefio indicó que la magnitud de la caída reflejó, así, un deterioro extendido en distintos segmentos de la economía.

Una contracción sostenida del tejido productivo

Mientras tanto, en lo que fue del último año, el número de empresas con al menos un trabajador registrado descendió de 499.682 en diciembre de 2024 a 492.223 en septiembre, lo que representó una pérdida de 7.459 unidades productivas. En paralelo, la cantidad de personas empleadas se redujo de 9.647.751 a 9.576.189, con una caída de 71.562 puestos de trabajo.

La comparación con noviembre de 2023 permitió dimensionar con mayor claridad la magnitud del retroceso. En ese momento, el sistema de riesgos del trabajo contabilizaba 511.337 empresas y 9.840.290 trabajadores registrados, cifras que evidenciaron una contracción significativa en el transcurso de la actual gestión nacional.

El cierre de empresas se tradujo, además, en una menor capacidad de absorción de mano de obra y en una creciente fragilidad del empleo formal. La pérdida de puestos de trabajo se concentró en sectores sensibles al ciclo económico y al nivel de inversión.

Los sectores más afectados por la crisis

Por otra parte, entre los rubros más perjudicados se destacaron la construcción, la industria manufacturera, el comercio y el sector público. En particular, la construcción registró un fuerte impacto como consecuencia de la paralización de obras públicas y privadas, lo que afectó tanto a grandes empresas como a contratistas y subcontratistas.

La industria manufacturera y el comercio también enfrentaron un escenario adverso, marcado por la caída de las ventas, el aumento de los costos operativos y la retracción del crédito. En muchos casos, estas condiciones derivaron en despidos, suspensiones o directamente en el cierre definitivo de establecimientos.

En el sector público, las desvinculaciones, retiros voluntarios y cesantías contribuyeron a profundizar la caída del empleo registrado. Estas medidas se inscribieron en una política de reducción del gasto estatal que tuvo efectos directos sobre el mercado laboral.

Una recuperación que se interrumpió

Luego de una fuerte caída inicial a mediados de 2024, asociada a la devaluación y al ajuste del gasto público implementado por el Poder Ejecutivo, se observó un leve proceso de recuperación. Sin embargo, esa mejora se detuvo hacia septiembre del año pasado.

Desde ese momento, tanto el número de empresas como el de trabajadores volvió a mostrar una tendencia descendente, que se aceleró durante 2025. La persistencia de condiciones macroeconómicas restrictivas limitó la posibilidad de una reactivación sostenida.

El freno en la recuperación profundizó la incertidumbre en el sector productivo y consolidó un escenario de cautela entre empresarios y comerciantes, que postergaron inversiones y redujeron planteles ante la falta de perspectivas favorables.

Consumo en retroceso y presión sobre los hogares

Asimismo, la situación se agravó en un contexto donde el consumo no logró repuntar. Las ventas minoristas de las pymes registraron en noviembre una caída interanual del 4,1%, reflejo de un mercado interno debilitado por el aumento del desempleo y la pérdida de poder adquisitivo.

A este panorama se sumó el incremento de los gastos fijos de los hogares. Las subas en tarifas de servicios públicos, prepagas y otros costos esenciales redujeron de manera significativa el ingreso disponible para alimentos, indumentaria y consumo básico.

La combinación de caída del consumo, cierre de empresas y destrucción de empleo configuró un círculo regresivo que impactó de lleno en la economía real. Los datos oficiales expusieron así un escenario de fragilidad productiva y social que planteó desafíos estructurales para el corto y mediano plazo.

Fuente fotografías: SRT

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