
Los nacimientos antes de término representaron uno de cada diez partos en el país. La detección temprana de factores de riesgo, el acompañamiento familiar y la calidad de la atención obstétrica y neonatal definieron mejores resultados en los primeros días de vida, según el documento al que accedió Diario NCO.
Por Florencia Belén Mogno
Un embarazo genera planes y expectativas que se ven interrumpidas cuando la gestación concluye de forma prematura. Ese nacimiento anticipado produce un impacto emocional profundo en las familias y obliga a reorganizar la atención clínica y el acompañamiento psicológico.
En términos epidemiológicos, la prematurez constituye un problema de magnitud nacional. Las cifras oficiales de 2023 indicaron 460.902 nacimientos y, de ese total, 43.321 corresponden a nacimientos antes de las 37 semanas, lo que representa un 9,3% del conjunto. Esa proporción coloca a los prematuros como un grupo numeroso que requiere respuesta sostenida del sistema sanitario.
El documento al que accedió Diario NCO consignó además que 5.470 recién nacidos pesaron menos de 1.500 gramos y 35.696 presentaron un peso inferior a 2.500 gramos. Esos indicadores subrayaron la necesidad de contar con centros equipados y profesionales formados para atender cuadros de alta complejidad desde las primeras horas de vida.
Prevención y controles antes y durante la gestación
El control preconcepcional adquirió un papel central al permitir la identificación de factores que podían aumentar el riesgo de parto prematuro. El documento al que accedió Diario NCO precisó que, si bien algunos partos ocurrieron de forma inesperada, otros se relacionaron con condiciones detectables y tratables antes de planificar la gestación. Por ello, la consulta previa se presentó como una medida preventiva clave.
Durante la gestación, el seguimiento médico constituyó otro pilar esencial. El informe consignó que fueron recomendadas al menos ocho visitas médicas iniciadas antes de las 12 semanas, a fin de detectar problemas de presión arterial, infecciones, alteraciones del crecimiento fetal u otras señales de riesgo que exigieron intervenciones oportunas.
El documento subrayó que la calidad de la atención prenatal y la articulación entre obstetras, neonatólogos y otros especialistas contribuyeron a disminuir complicaciones y a optimizar la preparación para nacimientos de riesgo. Esa coordinación permitió planear traslados y garantizar el acceso a unidades con recursos adecuados cuando resultó necesario.
Prácticas que mejoraron la adaptación inmediata del recién nacido
En los protocolos aplicados en maternidades y UCIN se evidenciaron prácticas destinadas a favorecer la estabilidad del prematuro en sus primeras horas. El informe indicó que la ligadura oportuna del cordón umbilical aportó beneficios hemodinámicos: incrementó la transferencia sanguínea desde la placenta, mejoró la circulación del recién nacido y redujo la necesidad de transfusiones, especialmente en los casos de muy bajo peso.
El contacto piel a piel adquirió peso dentro de las rutinas de atención siempre que las condiciones clínicas lo permitieron. El documento describió que esa práctica favoreció la regulación de la temperatura, la frecuencia cardíaca y la respiración del bebé, al tiempo que disminuyó niveles de estrés. Asimismo, se consignó que el vínculo temprano se asoció a mejores resultados en el desarrollo neurológico.
En ese sentido, la alimentación recibió una atención prioritaria: el informe señaló que la lactancia materna se consolidó como el principal pilar nutricional y de protección inmunológica para los prematuros.
La incorporación de programas de apoyo y la existencia de servicios de puericultura en algunas instituciones facilitaron la extracción, la conservación y el suministro de leche materna durante la internación y en el seguimiento post alta.
Nacimiento en centros adecuados y conclusión
Por otra parte, la investigación consignó que la regionalización de la atención perinatal y el nacimiento en centros de mayor complejidad fueron estrategias que mejoraron la supervivencia y redujeron complicaciones, sobre todo en bebés con menos de 1.500 gramos o con edad gestacional inferior a 32 semanas.
En sintonía con lo planteado, la evidencia que presentó el informe vinculó esos resultados con la disponibilidad de recursos, la experiencia del personal y el volumen de atención especializado.
En definitiva, el análisis mostró que la prevención, la calidad de la atención obstétrica y neonatal, la participación familiar y la coordinación multidisciplinaria determinaron mejoras sustantivas en la evolución de los recién nacidos prematuros.
El documento concluyó que los mejores resultados se alcanzaron cuando se garantizó un enfoque integral, el nacimiento en centros con las condiciones técnicas adecuadas y el acompañamiento informado de las familias.
Fuente fotografías: Conicet.
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