
Marcelo Fernández, presidente de SEGERA, analizó el nuevo escenario abierto por la conducción renovada de la CGT y remarcó la necesidad de que el sector empresarial participe activamente en debates laborales y productivos.
Por Giuliana Salmonte Siciliano
Gmail: giulianasalmontesiciliano@gmail.com
Un nuevo vínculo con la CGT y un diagnóstico sobre la representación empresarial
Marcelo destacó que la presencia de ellos en la primera convocatoria del nuevo triunvirato de la CGT no fue simbólica, sino el inicio de un proceso de trabajo sostenido. Para él, la discusión no puede quedar restringida a gestos políticos: “No fue una foto. La sociedad que representamos necesita respuestas ya”, afirmó, recordando que muchos de los conflictos que afectan al sector privado se deciden sin consulta previa y con escaso conocimiento técnico.
En ese sentido remarcó que existe una responsabilidad compartida entre dirigencia laboral y empresarial, algo que formó parte de la tradición argentina. Para explicar esto, citó el antecedente histórico del pacto social de 1973, no desde una reivindicación partidaria sino como un ejemplo de planificación tripartita que buscaba previsibilidad. Para él, ese espíritu de articulación debe recuperarse para enfrentar la fragmentación actual.
En dicha reunión con la nueva junta, uno de los temas que se charlaron fue la reforma laboral. Fernández señaló que tanto empresarios como gremios observan con preocupación propuestas que puedan eliminar derechos o, por el contrario, ignorar los problemas que enfrentan las pymes. La discusión, insistió, debe involucrar a todos los actores: desde las ART que encarecen costos sin dar respuestas suficientes hasta los convenios colectivos que necesitan actualización.
Según explicó, SEGERA interviene en más de 40 convenios y conoce las dificultades que atraviesan tanto empleadores como trabajadores. Para Marcelo, modernizar la estructura laboral no significa flexibilizar sin límites, sino construir reglas claras que permitan generar empleo sin que las relaciones laborales se vuelvan un riesgo permanente para ninguna de las partes.
Por otro lado, insistió en que el actual panorama económico obliga al sector privado a poner en la mesa propuestas, por lo que señaló que, aun cuando el gobierno no adopte sus proyectos, es indispensable que existan alternativas elaboradas desde la experiencia productiva. Al mismo tiempo, puso en valor que la CGT haya mostrado apertura para iniciar una agenda conjunta de trabajo y anticipó que en las próximas semanas se formalizarán mesas técnicas específicas.
La presión impositiva del 48 por ciento y el impacto del trabajo informal
El presidente afirmó que “de todos los impuestos se calcula un 48 por ciento de la facturación”, una carga que considera insostenible para quienes trabajan formalmente. También, explicó que el esquema vigente no solo se sostiene sobre tributos altos sino también sobre una dualidad estructural: la existencia de un 40 por ciento de economía informal que compite deslealmente con las empresas registradas.
Según su planteo, este sector no solo evade obligaciones laborales sino que además contribuye a desfinanciar al sistema previsional, lo que termina perjudicando también a los jubilados. Para Marcelo Fernández, el problema no se resuelve con estadísticas sino con fiscalización efectiva y una reforma tributaria que reduzca la presión sobre quienes cumplen la ley. Por eso, propuso que la discusión sobre el financiamiento del sistema de seguridad social incluya la necesidad de formalizar actividades y perseguir la evasión estructural.
Comercio exterior, importaciones y la necesidad de un monitoreo conjunto
En el último tramo de su declaración, recordó una ley enviada al Congreso en 1973 por José Ber Gelbard que proponía un esquema de comercio exterior administrado con participación de trabajadores y empresarios. Aquella norma, cuyos artículos fueron casi todos derogados por la dictadura, planteaba un mecanismo de control que evitaba que ingresaran productos sin ningún tipo de regulación.
Desde SEGERA consideran que un sistema similar permitiría evitar la saturación del mercado interno con bienes importados que compiten de manera desleal con la producción local. Marcelo Fernández graficó la situación con un ejemplo cotidiano: si tres personas importan el mismo producto sin coordinar y sin medir la demanda real, terminan perdiendo todos. Para él, sin monitoreo, la economía queda expuesta a una avalancha que perjudica el empleo, industria y la estabilidad de las pymes.
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