
En Argentina, las personas intersex continúan enfrentando prácticas médicas invasivas y discriminación social. Reafirmar el derecho a la autodeterminación corporal y a una vida libre de violencias sigue siendo un desafío urgente
Por Florencia Belén Mogno
La comprensión social sobre el cuerpo, el género y la identidad todavía arrastra siglos de mirada binaria. Durante mucho tiempo, la humanidad aprendió a clasificar los cuerpos en dos únicas categorías posibles: masculino o femenino.
Esa idea —convertida en norma— se filtró en la medicina, el derecho, la educación y la cultura, condicionando la forma en que se define lo humano. Sin embargo, la realidad biológica, genética y social desmiente esa simplificación. Existen cuerpos que no encajan en los moldes establecidos y que, por esa sola razón, fueron históricamente invisibilizados, corregidos o violentados.
En ese contexto, la existencia intersex expuso las grietas de un sistema que busca homogeneizar lo diverso. Las personas intersex nacen con características sexuales —genéticas, hormonales, cromosómicas o anatómicas— que no responden estrictamente a las definiciones tradicionales de “masculino” o “femenino”.
En ese sentido y de acuerdo con la información a la que pudo acceder Diario NCO, desde la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, reafirmaron su compromiso con la defensa de los derechos humanos, la autodeterminación corporal y la erradicación de toda forma de violencia o discriminación hacia las personas intersex.
De esta manera y a través de una campaña de sensibilización, el organismo busca visibilizar una problemática que, más allá de los avances normativos, todavía exige una transformación cultural profunda.
Acciones de concientización
En la institución explicaron que las personas intersex fueron históricamente tratadas como “anomalías que debían ser corregidas”. Recordaron que “aún hoy, muchos hospitales y servicios médicos siguen proponiendo intervenciones quirúrgicas en la infancia, sin información adecuada ni consentimiento”. Desde la Defensoría señalaron que este tipo de prácticas vulneraron el derecho básico de toda persona: decidir sobre su propio cuerpo.
El organismo subrayó que “la visibilidad no es solo un gesto simbólico, sino una herramienta concreta de transformación social”. En ese sentido, destacaron la importancia de incorporar la perspectiva intersex en la formación de los equipos de salud, en las políticas de infancia y en la educación sexual integral.
“Solo así será posible prevenir la violencia institucional que se ejerce cuando se fuerza a un cuerpo a encajar en un modelo binario que no lo representa”, indicaron desde el organismo en el documento difundido.
Los propósitos de una iniciativa de inclusión
La campaña apuntó a cuestionar los estereotipos que sostienen la idea de que solo existen dos cuerpos posibles o dos formas legítimas de ser. Desde la Defensoría remarcaron que “la existencia intersex amplía la comprensión de la diversidad corporal como un valor que enriquece a toda la sociedad”.
La visibilidad, insistieron, debe ir acompañada de políticas concretas que garanticen acceso a la salud sin patologización, reconocimiento legal y espacios de contención libres de discriminación.
El reconocimiento de la diversidad corporal no solo interpela a las instituciones médicas. También exige una revisión de los marcos legales que todavía omiten la realidad intersex. En Argentina, si bien existen políticas públicas de derechos humanos que promueven la inclusión, las personas intersex continúan reclamando normativas específicas que prohíban las cirugías no consentidas y que reconozcan la identidad autopercibida sin patologización.
En ese sentido, desde la Defensoría consideraron que “la deuda democrática es garantizar el respeto, la información y la libertad de decidir sobre el propio cuerpo”. La erradicación de la violencia hacia las personas intersex implica, además, reconocer el derecho a existir sin ocultamiento ni corrección. “La visibilidad —afirmaron— es una forma de reparación y una condición de igualdad real”.
El cambio cultural necesario no será inmediato, pero empieza por el lenguaje, la educación y la representación. Cuestionar las categorías cerradas, hablar de diversidad corporal sin eufemismos y escuchar las voces intersex son pasos esenciales para una sociedad que aspire a ser verdaderamente inclusiva. Porque reconocer esa diversidad no amenaza ningún orden: lo amplía, lo humaniza y lo vuelve más justo.
Fuente fotografías: Defensoría del Pueblo bonaerense.
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