
La economía. En la columna semana de No te Duermas, el economista Darío Banga advirtió un nuevo salto en los precios de la canasta básica y anticipó que noviembre ya se encamina a superar el índice de octubre. También, describió cómo el deterioro salarial, el avance del pluriempleo y la presión de la importación configuran un escenario de crisis que recuerda a los peores momentos de los años noventa.
Por Giuliana Salmonte Siciliano
Gmail: giulianasalmontesiciliano@gmail.com
Para Darío Banga, el crecimiento inflacionario en alimentos vuelve a tensionar el presente económico. Según mediciones privadas, noviembre ya perfila un aumento superior al 2,3 por ciento registrado en octubre, impulsado por subas semanales que muestran una tendencia firme. Algunas consultoras detectaron incrementos del 1 por ciento por semana en alimentos y bebidas, algo que, trasladado al mes, se convierte en una presión directa sobre el bolsillo. “El problema no es solo el aumento, sino que los salarios no acompañan”, remarcó.
El economista detalló que las primeras dos semanas del mes incluso mostraron picos más altos en rubros puntuales: las verduras registraron aumentos de hasta 5,6 por ciento, y la carne avanzó un 2 por ciento por semana. Esa dinámica, según advirtió, se vuelve insostenible en un mercado laboral donde “cada vez más personas recurren a un segundo o tercer empleo para subsistir”. Para Banga, el crecimiento del trabajo por plataformas y la informalidad es la consecuencia directa de ingresos que se achican mientras la inflación se acelera.
En paralelo, señaló que la crisis no se reduce al consumo cotidiano: también golpea a la industria nacional. Aquí introduce una crítica al doble estándar que suele aparecer en el debate económico argentino: “Cuando las papas queman para un sector, se pide al Estado. Cuando queman para otro, piden libre mercado”. Según Dario, la desregulación laboral que se impulsa desde el Gobierno se presenta como modernización, pero en los hechos termina recortando derechos, especialmente en un contexto donde el empleo formal ya se encuentra bajo presión.
El deterioro productivo aparece como uno de los ejes más preocupantes, por eso, consideró que la experiencia histórica demuestra que cada oleada de apertura importadora reduce puestos de trabajo y deteriora el entramado pyme. Otros condicionantes son la caída del consumo, la competencia desigual con productos del exterior y la imposibilidad de sostener costos internos ante un mercado interno retraído.
Además, advirtió sobre el clima social que se genera en este contexto. Una parte de la sociedad todavía mantiene la expectativa de que el ajuste de resultados en el mediano plazo, mientras otro sector ya siente el impacto directo y anticipa que el modelo no es sostenible. “Puede durar un año, dos o cinco, pero en algún momento estalla”, afirmó.
En este marco, enfatizó que la respuesta no puede basarse únicamente en defender la desregulación ni en repetir recetas de ajuste: “La economía necesita equilibrio, necesita regulación en ciertos aspectos y protección en otros”, por lo que sin una estrategia que recupere el poder adquisitivo, incentive la producción nacional y genere empleo de calidad, la crisis de hoy anticipa un deterioro mayor.
Oleada de importaciones y comparación con EE.UU
El fenómeno de la importación masiva se volvió uno de los ejes del debate económico actual. Aunque desde algunos sectores se plantea como una estrategia para abaratar costos y fomentar la competencia, Banga sostuvo que este esquema tiene efectos directos sobre el empleo y la capacidad productiva local.
La eliminación de controles aduaneros y la flexibilización para ingresar mercadería generan un desequilibrio que impacta de manera desigual: mientras algunos consumidores acceden a productos más baratos, miles de trabajadores quedan expuestos a la pérdida de fuente laboral por el cierre de industrias nacionales.
En Estados Unidos, la prioridad es evitar que los productos extranjeros desplacen a la producción propia, y las medidas arancelarias se aplican para preservar empleo y competitividad. En cambio, en Argentina, la apertura indiscriminada se presenta como modernización, aunque sus consecuencias terminen debilitando el entramado pyme.
Este enfoque, según Dario, puede generar un espejismo de corto plazo: mayor variedad de artículos y precios atractivos, pero profundizando el desempleo, la caída del consumo y la pérdida de capacidad industrial.
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