
Un estudio de la Defensoría del Pueblo bonaerense reveló que la mayoría de la población recibió o presenció comentarios discriminatorios sobre su apariencia. Los impactos en la autoestima y la presión social son significativos, especialmente entre mujeres cis y otras identidades de género.
Por Florencia Belén Mogno
La sociedad impone constantemente modelos de cuerpo “ideal” que generan presiones sobre la población. Desde temprana edad, niñas, niños y adolescentes internalizan mensajes sobre cómo deberían lucir, afectando la percepción de sí mismos y su seguridad en distintos espacios sociales.
Estos mandatos no solo se traducen en comentarios directos o burlas, sino que también moldean la autoestima y la relación con la salud y la alimentación. La presión social puede conducir a conductas de riesgo, como dietas restrictivas o comparación constante con otros cuerpos.
El impacto psicológico es profundo: quienes no se ajustan a estos estándares suelen experimentar ansiedad, baja autoestima y sentimientos de exclusión. Esta situación afecta de manera diferenciada según género, edad y características físicas, profundizando desigualdades existentes.
En ese sentido y de acuerdo con la información a la que pudo acceder Diario NCO, la Defensoría del Pueblo de la provincia de Buenos Aires, bajo la dirección de Guido Lorenzino, publicó el informe “Hablemos de diversidad corporal”, basado en una encuesta realizada a casi 1.500 personas de 103 localidades bonaerenses.
Presión social y salud
El estudio demostró que nueve de cada diez participantes habían recibido o presenciado comentarios despectivos sobre su cuerpo, y que en ocho de cada diez casos estos señalamientos fueron directos.
Los principales espacios donde se reproducen estas prácticas fueron las redes sociales, la escuela y los entornos familiares. Si bien los cuerpos con “exceso de peso” fueron los más señalados, también se registraron comentarios por color de piel, acné, estatura o vello corporal.
El impacto de estas burlas no es menor: seis de cada diez personas afirmaron que su autoestima se vio afectada. El efecto fue especialmente notable en mujeres cis y otras identidades de género, reflejando cómo los estándares corporales impuestos socialmente inciden de manera diferenciada según el género y la conformación del cuerpo.
Ampliación de la investigación
Por otra parte, el relevamiento también señaló que la mitad de las personas encuestadas cree que debería bajar de peso, aunque apenas un 36 por ciento recibió indicación médica para hacerlo. Esta discrepancia evidencia la fuerza de los mandatos sociales en la percepción del cuerpo, que muchas veces exceden las recomendaciones de profesionales de la salud.
“Hablar de diversidad corporal no sólo es necesario, sino también urgente para construir una sociedad libre de violencias y discriminación”, afirmaron desde la Dirección de Políticas de Igualdad, responsables del informe.
Además, el documento enfatizó que la discriminación corporal no solo afecta la autoestima sino también la inclusión social y la percepción de derechos, mostrando cómo los comentarios sobre la apariencia se traducen en barreras culturales y estructurales en distintos ámbitos de la vida cotidiana.
La urgencia de políticas y cambios culturales
Los responsables del estudio destacaron la necesidad de impulsar un cambio cultural que promueva el respeto por la diversidad corporal. Entre las estrategias recomendadas se encuentran la implementación de políticas activas en los ámbitos de la salud y la educación, la representación inclusiva en medios de comunicación y la aplicación efectiva de normativas como la Ley de Talles y la Ley de Prevención de Trastornos Alimentarios.
El estudio advirtió que estas medidas son esenciales para disminuir la exposición a comentarios discriminatorios y garantizar entornos más seguros y respetuosos. También subraya que la educación y la sensibilización temprana son herramientas clave para transformar los patrones de comportamiento que reproducen la discriminación.
La Defensoría concluyó que solo a través de la articulación entre políticas públicas, educación, medios de comunicación y sensibilización social será posible avanzar hacia una sociedad donde la diversidad corporal sea reconocida y respetada, y donde las personas puedan desarrollarse libres de violencia y estigmas asociados a su apariencia.
Hacia una sociedad que respete la diversidad
La exposición constante a comentarios discriminatorios sobre los cuerpos refleja cómo los estándares sociales imponen presiones que atraviesan todos los ámbitos de la vida cotidiana, desde la escuela hasta los hogares y las redes sociales.
Promover la diversidad corporal implica reconocer que todos los cuerpos tienen valor y que las diferencias no deben ser motivo de burla ni de exclusión. Este enfoque puede contribuir a mejorar la salud mental y la autoestima de las personas afectadas.
Para lograr cambios sostenibles, es necesario combinar políticas públicas, educación, campañas de concientización y la representación inclusiva en los medios, de manera que se construyan entornos más respetuosos y libres de discriminación por apariencia física.
Fuente fotografías: redes sociales.
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