
El delito digital se desplaza hacia plataformas de mensajería instantánea, lo que representa un nuevo desafío para la ciberseguridad global y expone a los usuarios a mayores riesgos.
Por Florencia Belén Mogno
En los últimos años, el universo del cibercrimen se transformó profundamente. Lo que antes estaba confinado a los rincones más oscuros de la red, como la Deep Web y la Dark Web, hoy encuentra en las aplicaciones de mensajería instantánea un terreno fértil para expandirse.
En ese aspecto, cabe mencionar que esta situación se corresponde con la búsqueda de anonimato, rapidez y alcance global que ofrecen estas plataformas, utilizadas por millones de personas día a día.
De esta manera y de acuerdo con la información a la que accedió Diario NCO, el crecimiento de las actividades delictivas en entornos digitales obligó a que se redoblen esfuerzos en ciberseguridad para contener amenazas que se reinventan con el tiempo.
Para los usuarios, esta realidad significa que las conductas de riesgo y el desconocimiento de medidas básicas de protección pueden dejarlos expuestos a fraudes, robo de datos e incluso estafas de gran escala. El problema ya no se limita a quienes buscan contenidos ilegales: cualquiera que use un servicio de mensajería puede ser un blanco potencial si no cuenta con las precauciones adecuadas.
Deep Web y Dark Web
El concepto de Deep Web refiere a la porción de internet que no está indexada en los motores de búsqueda tradicionales. Si bien no todo su contenido es ilegal —muchas bases de datos académicas, archivos internos de empresas y plataformas de pago también forman parte de ella—, existe un sector más reducido y peligroso: la Dark Web.
En ese sentido, en el estudio consultado por este medio, el ingeniero de la compañía F5, Daniel Ionadi, explicó que la Dark Web representa apenas el 0,01 por ciento de la Deep Web, pero concentra los mercados más activos y anónimos de bienes y servicios ilícitos. Allí es posible encontrar desde bases de datos robadas hasta drogas, armas y software malicioso.
El acceso a estos espacios requiere tecnologías específicas, como el navegador Tor, que permite enmascarar la dirección IP y establecer una conexión cifrada. Los mercados ilegales que operan allí funcionan de manera similar a las tiendas online convencionales, con sistemas de reputación basados en calificaciones y comentarios de los propios compradores.
Criptomonedas y transacciones imposibles de rastrear
Por otra parte, la investigación también expuso que una de las razones por las que la Dark Web logró sostenerse como espacio de comercio clandestino es el uso de criptomonedas. Bitcoin cobstituye el medio de pago preferido, pese a que existen monedas privadas como Monero que ofrecen mayor anonimato.
Además, el reporte agregó que la utilización de blockchain, “si bien ofrece cierta trazabilidad, complica el trabajo de las fuerzas de seguridad, que deben rastrear miles de operaciones para identificar patrones de actividad sospechosa. Esta característica convierte a las criptomonedas en una herramienta perfecta para el anonimato financiero”.
No obstante, los gobiernos comenzaron a implementar tecnologías más avanzadas para seguir el rastro de transacciones ilícitas y cerrar los espacios donde se produce el comercio ilegal. La colaboración internacional es un factor clave para que estas operaciones tengan éxito y puedan desmantelar redes de alcance global.
La migración a la mensajería instantánea
Una de las tendencias más recientes en el mundo del cibercrimen es el uso de aplicaciones de mensajería instantánea como nuevo canal de operación. Plataformas como WhatsApp, Telegram y Signal ofrecen no solo inmediatez en la comunicación, sino también cifrado de extremo a extremo, lo que dificulta el monitoreo por parte de las autoridades.
Estas herramientas permiten que los delincuentes organicen ventas, compartan información y coordinen ataques sin necesidad de recurrir a la infraestructura más compleja de la Dark Web. Además, el uso cotidiano de estas aplicaciones les brinda una cobertura perfecta para pasar desapercibidos entre millones de conversaciones legítimas.
El riesgo aumenta porque los mensajes suelen ser efímeros y, en algunos casos, se autodestruyen luego de un tiempo determinado, borrando las pruebas que podrían ser útiles en una investigación judicial. Esta dinámica coloca a la ciberseguridad frente a un nuevo desafío, ya que los protocolos tradicionales de vigilancia no siempre resultan efectivos en este entorno.
Medidas de protección para usuarios
Frente a este panorama, los especialistas recomiendan adoptar hábitos de navegación y comunicación más seguros. Entre las principales recomendaciones se encuentran evitar abrir enlaces sospechosos, descargar aplicaciones únicamente desde fuentes oficiales y actualizar regularmente las contraseñas, procurando no repetirlas en distintas plataformas.
El uso de antivirus actualizados, junto con la realización de copias de seguridad de la información sensible, también resulta crucial para prevenir la pérdida de datos en caso de un ciberataque. Del mismo modo, es importante educar a toda la familia sobre los riesgos de compartir información personal en entornos digitales no seguros.
Si bien la responsabilidad de garantizar un entorno seguro recae en gran medida sobre las plataformas y las autoridades, la conducta de cada usuario puede marcar la diferencia para evitar convertirse en víctima. La ciberseguridad, al igual que la salud pública, requiere un compromiso colectivo para reducir el impacto de las amenazas.
Fuente fotografías: redes sociales.
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