Número de edición : 9010

La Matanza

San Justo: Yamila necesita una mano solidaria

El pedido desesperado de la familia de Yamila Andrea Gauna sigue sin dar resultado. Los viajes a La Plata, los llamados, la presentación de papeles, aún no fueron suficientes para que esta joven de 25 años tenga una mejor calidad de vida.

La chica, que vive con su familia en San Justo, sufre epilepsia refractaria y hace cinco años convive con un estimulador vagal, un aparato cuya función es absorber la electricidad que producen los ataques propios de esta enfermedad (se coloca de una forma similar al marcapasos).

A pesar de haber perdido el habla tras la intervención quirúrgica que demandó la instalación, las convulsiones disminuyeron y la vida de Yamila cambió para mejor. Sin embargo, la autonomía de este estimulador comenzó a fallar y la joven aún no ha recibido el aparato necesario para reemplazarlo, a pesar de los incesantes pedidos de su madre, que desde hace ocho meses está luchando con la obra social Incluir Salud.

El estimulador vagal tiene un costo “de 400.000 pesos”, según confirmó la madre de la damnificada, una cifra inalcanzable para esta familia de La Matanza. “Yo tengo miedo de que deje de funcionar porque va a empezar a convulsionar de nuevo. Las pastillas no le hacen efecto y por las noches se le hace muy difícil poder dormir”, detalló Rosa con cierto tonó de desesperación.

Yamila está tratando esta enfermedad con visitas mensuales al Hospital Ramos Mejía, donde advirtieron la falla en el estimulador. Según su progenitoria, “el aparato es todo para ella. Le ha hecho muy bien”. Sin embargo, sostuvo Rosa, “hace ocho meses que pedí el cambio y no tengo noticias. Me salen con cualquier cuento. Me cansé de llamar y de viajar a La Plata”.

Hace cinco años, agregó la mamá, “tuvo que intervenir una abogada para conseguirlo pero ya perdí el contacto”. En medio de esa impotencia que genera la situación, Rosa confesó que “siento que se me están cerrado los caminos”.

Yamila está en silla de ruedas, atada para que no se caiga, y constantemente tiene que estar bajo el cuidado de alguien, sea su hermana o su madre. Su familia se hizo cargo de los pañales en el último tiempo, aunque, agregó Rosa, “en 2016 me repusieron después de un año y tres meses de reclamos”.

No es un lapso de tiempo al que pueda arriesgarse esta joven, que hoy necesita con urgencia un estimulador vagal para llevar esta enfermedad de la mejor manera.

Artículos Relacionados

Volver al botón superior