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Biofertilizantes editados: una solución sustentable para la productividad agrícola

Químico. Biofertilizantes editados.
Químico. Biofertilizantes editados.

Una investigación impulsada por el CONICET logró editar genéticamente una cepa bacteriana utilizada en la soja, con el potencial de incrementar los rendimientos sin contaminar el ambiente ni depender de transgénicos.

Por Florencia Belén Mogno

En un escenario donde la sustentabilidad y la eficiencia productiva se volvieron claves para el agro, los avances en biotecnología abren nuevas posibilidades para responder a desafíos históricos del sector.

La búsqueda de alternativas a los fertilizantes químicos, tanto por su impacto ambiental como por sus costos crecientes, llevó a la ciencia a focalizarse en los bioinsumos como herramientas de innovación.

Dentro de ese contexto, la edición genética se posicionó como una estrategia clave para mejorar microorganismos ya conocidos por su rol en el suelo. A diferencia de los transgénicos tradicionales, esta técnica no introduce genes foráneos sino que optimiza la información existente.

En ese marco y en relaciónal informe brindado a Diario NCO, un equipo científico internacional liderado por el investigador del CONICET Nicolás Ayub logró editar genéticamente un biofertilizante de uso habitual en la Argentina, con resultados promisorios.

Un avance científico

La modificación de la cepa podría incrementar el rendimiento de la soja en hasta un 6 por ciento, sin incorporar ADN de otros organismos ni caer bajo la categoría de organismo genéticamente modificado (GMO).

Ayub, desarrolla sus investigaciones en el Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular (IABIMO, CONICET-INTA) y según las precisiones de la investigación que encabezó, “las bacterias editadas no serían consideradas transgénicas bajo la legislación vigente en países productores como Brasil, Estados Unidos, China, India, Indonesia, Bangladesh o Australia, lo cual facilitaría su pronta comercialización”.

El desarrollo forma parte de una plataforma internacional para mejorar biofertilizantes, bioinsecticidas y biofungicidas, con participación de institutos de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, España y Uruguay, y el financiamiento de FONTAGRO, un mecanismo regional de apoyo a la innovación tecnológica en el agro.

Implicancias del estudio

Además del aumento en la productividad, los bioinoculantes editados se presentan como una opción más accesible y ecológica que los fertilizantes químicos. Ayub explicó en el reporte que, a diferencia del nitrógeno sintético los biofertilizantes “no generan contaminación y son más económicos”.

En ese sentido, el estudio señaló que “frente al estancamiento en el hallazgo de nuevas cepas naturales que superen a las actuales, la edición genética se muestra como una vía superadora. La cepa E109, utilizada desde los años 90 para biofertilizar soja, sigue siendo líder”.

“Sin embargo, con técnicas como CRISPR/Cas9 —que permiten reemplazar nucleótidos sin agregar material extraño—, se abre la posibilidad de optimizar su desempeño con mayor precisión. “Es como cambiar una letra en un libro, pero sin escribir una historia nueva”, graficó Ayub en la investigación consultada por este medio.

Conclusiones y desarrollo

De acuerdo al escrito facilitado a este medio, los resultados obtenidos hasta ahora también prometen beneficios adicionales: “mayor degradación del glifosato, menor emisión de óxido nitroso y mejor aporte de nitrógeno al suelo, lo que puede reducir costos en los sistemas de rotación con cereales”.

En ese aspecto, los investigadores esperan que la primera generación de biofertilizantes editados para soja y alfalfa esté disponible comercialmente dentro de un año, ya que su registro es similar al de cualquier biofertilizante tradicional.

Paralelamente, ya se trabaja en una segunda generación de productos editados, pensados para reemplazar el nitrógeno sintético en cultivos como trigo, maíz y arroz. También se investigan probióticos diseñados para disminuir las emisiones de metano en el ganado, lo que demuestra el alcance que estas tecnologías pueden tener en el conjunto del sistema agroalimentario.

Este tipo de desarrollos reafirman la capacidad de la ciencia argentina para aportar soluciones concretas, integrando conocimiento, sustentabilidad y productividad. En un escenario global donde la seguridad alimentaria y el cambio climático son preocupaciones urgentes, la articulación entre investigación pública, financiamiento regional e impacto territorial vuelve a mostrar su potencial transformador.

Fuente fotografías: CONICET

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