Por Prof. Joaquín G. Puebla
Hace un par de meses me cruce con un conocido abogado penalista que llevaba una pesada bolsa de compras, al acercarme y hacerle un chiste respecto al trabajo que representa la abogacía, me permitió ver el interior de la bolsa y la misma estaba repleta de fajos de dinero, sin sonrojarse, me dijo “Es para pagar una excarcelación”.
La anécdota quedo como eso, un comentario jocoso y una respuesta en broma, pero hace unos días conocí a Fortunato, un desventurado vecino matancero que perdió la fe en la justicia de la provincia de Buenos Aires.
Fortunato fue visitado por la desgracia hace unos meses; al iniciar del año, su único nieto varón en la madrugada de un domingo sangriento fue abordado por una patota, en la zona de Villa Luzuriaga y con el fin de asaltarlo le propinaron una feroz paliza que lo mando al hospital, dónde después de diez días de dolorosa agonía falleció.
Fortunato lloró desconsoladamente a su único nieto varón, lo enterró y, junto a sus hijos y familiares comenzaron a reclamar justicia. Contrató a un joven y prometedor abogado y colaboró intensamente con la policía hasta dar con los culpables del asesinato de su único nieto varón. Se trataba de una patota integrada por tres mayores (de entre 18 a 20 años) y dos menores de 17 años. Después de hablar con muchos vecinos, encontraron testigos y hasta un video casero donde se ve parte de la golpiza. Parecía que todo se encaminaba bien, los culpables habían sido detenidos y la instrucción judicial andaba sobre ruedas, todo apuntaba que la causa sería elevada a juicio oral en poco tiempo.
Hace un mes, el joven y prometedor abogado lo llamó a Fortunato y le pidió que se reúnan. Sin anestesia le dijo: “El Fiscal quiere 60 mil dólares, porque eso es lo que le ofrecen la familias de los pibes detenidos para que lo suelten”.
Fortunato, rumiando bronca, se juntó con el Fiscal y sin sonrojarse, el funcionario público admitió: “Mire Señor, esto es así. Ellos nos ofrecen 60 mil dólares para cambiar la carátula de homicidio doloso a culposo, con eso zafan y salen de la cana”.
Fortunato junto la plata, pagó lo que le pedían y se sentó a esperar la justicia. Mientras tanto, el padre de su único nieto varón se voló la tapa de los sesos y su esposa está internada en un neuropsiquiátrico.



