Al Concejal Ariel Martínez lo conozco hace más de 16 años, nuestra relación siempre fue del orden profesional, más allá de algún que otro comentario de tipo personal.
Siempre tuve presente que es buena persona, en algún momento, sin necesidad ni compromiso, me dio una mano grande sin esperar nada a cambio.
Hace un par de días me acerque hasta su oficina en la calle Salta para hacerle una nota para NCO y su primer comentario fue de orden personal. Me comenzó a contar que había ido al juzgado y le habían notificado que le otorgaban a él y su esposa, Natalia Sánchez, la tenencia definitiva con derecho de adopción de Nico.
Uno siempre anda a la caza de rumores pero para serles sincero, desconocía que Ariel Martínez había iniciado trámites de adopción. A Nico lo conocía por haberlo visto alguna que otra vez en la oficina ó acompañándolo en algún acto.
Mientras me contaba todo esto, Ariel Martínez se emocionó hasta las lágrimas y, es literal lo que cuento. Mientras me hablaba de Nico comenzó a lagrimear y esto, para un periodista curtido del mundo político, es algo que no se ve todos los días, porque si de algo estaba seguro, que para un político de la trayectoria del Concejal Martínez, participe de miles de batallas de la política, protagonista de varias negociaciones peliagudas, veterano de internas y elecciones, testigo de varias miserias de la política, en fin, un tipo curtido que para arrancarle una lágrima uno debería pegarle con una maza en el dedo gordo del pie.
Esas lágrimas del Concejal Martínez no son una muestra de debilidad, sino más bien (según mi modo particular de ver y vivenciar las cosas), me demuestran algo raro en la política matancera, Ariel Martínez tiene el corazón y los sentimientos en el lugar dónde deben estar.
Desde acá, la familia NCO, nos ponemos contentos por tu felicidad y por descubrir que tu familia sigue siendo lo más importante para vos.
Ariel Martínez me cuenta que “Esto es una gran alegría para toda la familia. Honestamente resolver este tema era la prioridad número uno para nosotros y con esto, nos llego la felicidad plena que a veces cuesta creer que existe. Estamos agradecidos a los amigos y también, a las autoridades judiciales que supieron interpretar que Nicolás era nuestro hijo” y agrega emocionado que “Después de seis años de trámites y de angustias, porque uno teme que en cualquier momento te lo pueden sacar, todo al final llega.
Pero hay que tener en cuenta que al tardar tanto tiempo los trámites de tenencia y adopción, suelen generar problemas en la misma criatura, problemas de identidad, por ejemplo, porque en la escuela lo llaman por un apellido al cuál no responde, porque desde el principio, él fue para nosotros y él se sentía, Martínez Sánchez, porque mi señora es Sánchez de apellido, y Nico, como es de los dos, ahora va a llamarse Nicolás Martínez Sánchez”.




