teatro
“Camille Claudel, la escultora hembra”, que se ve en Liberarte, y “Hombre con sol”, en El Excéntrico de la 18, forman parte de esos espectáculos que sorprenden en la cartelera porteña y que por lo general carecen de la difusión adecuada.
Lejos del teatro comercial con nombres atractivos, títulos prestigiosos y abultadas recaudaciones, se trata de proyectos hechos a pulmón, representados a veces ante plateas mínimas pero con un fervor que revive una o dos veces por semana la magia de la escena.
Por fortuna, ambos emprendimientos vienen logrando concurrencias respetables, convocadas por el boca a boca de aquellos que suelen buscar agujas en los pajares y se congratulan por sus hallazgos ante la variada oferta.
“Camille Claudel” se ubica en Francia, a fines del siglo XIX y tiene como protagonista a la amante del escultor Auguste Rodin, hombre casado y pusilánime, esplendorosa escultora cuyo arte fue minimizado en su tiempo por el solo hecho de ser mujer.
La sociedad de entonces era reacia a las mujeres que eludían los carriles del “segundo sexo” y Camille tuvo que someter a los caprichos del formalísimo (aunque genial) Rodin la sexualidad que sólo podía explayar en sus obras, y fue condenada a pasar sus últimos 30 años en un instituto psiquiátrico, en la más absoluta soledad.
Con un hermano castrador, católico ferviente y de sexualidad dudosa y reprimida -Paul Claudel, diplomático y autor de “El diario de Cristóbal Colón”, entre otras piezas-, la desgraciada artista sufrió ante todo la indiferencia y la descalificación.
El asunto había sido tratado en una película francesa de 1988, con Isabelle Adjani como protagonista, pero la poética del autor y director Carlos Rapolla tiene una autonomía notable que le hace construir un relato atractivo con no poca poesía.
Con la ventaja del ajustado vestuario a cargo de Celina Arteaga, el espectáculo ubica al espectador en su época y está desarrollado mayormente en largos monólogos y diálogos que no reúnen a más de dos participantes, aunque algún arcaísmo (“mirad”, “observad”) aporte cierta inverosimilitud.
Con una protagonista (Bárbara Strauss) de poderosa presencia escénica y voz muy grata, tiene también actuaciones por momentos destacables de Julio Chiorazo como Rodin, Rolo Sosiuk como Claudel y Mónica Fuino como la esposa del escultor.
“Hombre con sol”, de Luis Sarlinga, con dirección de Celina González del Solar, sorprende por su impronta inusual, una suerte de performance donde la palabra está acompañada por un uso del movimiento francamente coreográfico, y la luz y las proyecciones, que se complementan con una escenografía muy funcional, tienen un papel esencial.
Todo es una larga elucubración sobre la existencia en la que el protagonista (Guillermo Tassara) se siente perseguido por la presencia de Dios y supone que más que divinidad es un vampiro, tal como lo ha sufrido desde la infancia, junto a otras inquietudes.
A su lado, la sensual Carla Pollacchi es el complemento adecuado en esa pieza donde lo físico tiene gran importancia -hay aromas de clown y de teatros orientales- y la metamorfosis de las ropas aparece en toda su expresividad, con un lirismo que conmueve.”Camille Claudel, la escultora hembra” se ofrece en Liberarte, Corrientes 1555, los jueves a las 21.30, y “Hombre sin sol” en El Excéntrico de la 18, Lerma 420, los sábados a las 21.



