“Juan y Eva”
La intensa historia de amor entre la actriz Eva Duarte y el por entonces secretario de Trabajo y Bienestar Social Juan Domingo Perón es evocada por Paula de Luque en su filme “Juan y Eva”, donde además de abordar esa relación en su sentido más humano, revisa los factores sociopolíticos que hicieron posible el origen del peronismo.
El experimentado Osmar Nuñez encarna con solidez a un Perón en pleno ascenso político, que en 1944 queda deslumbrado por una joven e impetuosa actriz de radioteatros (Julieta Díaz a cara lavada, sin maquillaje) mientras organiza la campaña de colectas y ayuda a las víctimas del terremoto que acababa de destruir la provincia de San Juan.
La película muestra que la llegada de Eva produce un verdadero temblor en la vida íntima de Perón, pero también en la realidad sociopolítica de la Argentina de esa época, moviendo los cimientos morales de la alta sociedad, arengando a los trabajadores y a las mujeres a hacerse escuchar para defender sus derechos.
“Quise transitar un camino que no había visto transitado anteriormente. A Perón y Eva siempre se los aborda desde el mito, pero a mi me interesaba más de dónde venían, cómo se construyeron como personas. Me interesaba ese período, porque construyeron algo tan fuerte que trascendió sus propias vidas”, afirmó De Luque, cuyo
tercer largometraje llegará a las salas este jueves.
En una entrevista con Télam, la autora de “El vestido” y codirectora de “Cielo azul cielo negro” señaló que buscaba “transmitir el universo público y privado de Eva y Perón, y mostrar cómo sus vidas privadas se veían privadas de privacidad por la sencilla razón de que eran personajes públicos”.
“Traté de olvidarme que estaba hablando de Perón y Eva, pero a la vez lo tenía muy presente”, recordó la directora, y añadió: “El peronismo está tan anclado en la cultura argentina que me resultaba muy difícil abordar la película desde la historia de amor, sobre todo porque no se trata de una imitación de la historia oficial, sino que todo sucede dentro de las reglas de la ficción”.
Para De Luque, “las historias de amor dan una idea de la dimensión poética de la condición humana. Como realizadora me fui dando cuenta una de las razones de por qué hago cine: entendí que las subjetividades se condensan en la relación amorosa. Es ahí donde una persona expresa su sentido más humano, porque el amor incluye nobleza y mezquindad, generosidad y miseria”, añadió.
La directora se centró en “el entorno emocional” de Perón y Eva: “Elegí no ceñirme a las reglas de la exactitud documental. No
quería que ese fuera el eje. Quise poner la cámara en la intimidad
y mostrar cómo esa intimidad repercutía en los destinos del país.
En ese período se definió lo que vino después en el país, y la
permanente disputa peronismo-anti peronismo”.
“El peronismo nace el 17 de octubre de 1945 y la película termina justo ese día. Me interesaba saber cómo en un año y medio se produjo toda esta historia tan vertiginosamente, cómo fue que Perón construyó su poder, cómo se enamoraron. Eva llegó como un cataclismo, irrumpió en su vida y generó un terremoto en la escena política de aquel momento”.
La película se divide en tres segmentos: “El amor”, “El odio” y “La revolución”, y en ellos De Luque recrea cómo Eva y Perón se conocieron y enamoraron y cómo debieron soportar la presión de un sector militar que se oponía a esa relación y el odio creciente de un grupo variopinto de opositores agitados y conducidos por el embajador estadounidense Spruille Braden.
En una escena Eva sufre una pesadilla, pero más que un sueño parece un hecho tomado de la realidad: Banderas estadounidenses y argentinas, carteles de la Sociedad Rural y del Partido Radical, gente de la alta sociedad, sectores de la iglesia y el embajador estadounidense, todos juntos en una de las marchas de la denominada Unión Democrática que se oponía al gobierno de Perón.
“No creo que sea una película peronista ni antiperonista, no soy maniquea, pero tengo obviamente mi propia mirada política. Lo cierto es que esa marcha existió y fue dirigida y encabezada por Braden”, señaló la directora, que si bien tomó elementos de la realidad, también se dejó llevar por la ficción.
La cineasta se encargó de marcar sus propias contradicciones y mostrar que Eva aún no era la “Evita” que conocería luego la historia, sino una jovencísima actriz, apasionada pero inexperta, que no comprende del todo la política ni el universo militar, pero que está dispuesta a hacerse un lugar en la vida de un hombre que le lleva 26 años.
“Lo que me gusta es que todo el mundo sabe cómo terminó: ella
murió y se transformó en un mito nacional e internacional”, dijo De
Luque, y destacó: “Los derechos que ella ejerció como mujer son los
que también generaron odio y prejuicio hacia ella. El voto femenino
nació del desprecio que ella recibía. Ella superó el resentimiento
y lo transformó en derechos fundamentales para la mujer”.
“En ese sentido –agregó la directora- yo creo que su historia se liga con la de la presidenta Cristina Fernández, por una cuestión de género. El tema de la igualdad de los derechos es un tema todavía pendiente en la sociedad, y Cristina tuvo que sobreponerse a las críticas porque justamente ejercía su lugar de poder como mujer y explotando su lugar femenino”.
De Luque le dedicó su película a Leonardo Favio “por su militancia y porque logró hacer un cine tremendamente ideológico y popular. Le pedí que la viera y sus opiniones me reforzaron tanto mi propia mirada sobre la historia que se lo quise agradecer”.